Diarios Latinoamericanos (I)
Texto dedicado a mi amigo Kiyoshi y su flia. de Houston, que aunque no le escribo casi nunca sí me acuerdo de él:
A veces disparo por miedo a no saber quién soy, creo que capturando instantáneas también guardo recuerdos para otras personas que no están, alguien me dijo una vez en una plaza de Cádiz, entre cervezas y un libro llamado Las Venas Abiertas de América Latina, que al final del camino, en la vida, sólo nos quedan los recuerdos y creo que la fotografía tiene mucho de ésto.
Los amig@s y la familia siempre me piden fotos, y aquí os dejo dos de mis preferidas, aunque soy fotógrafo pienso que el misterio de un lugar, la energía que desprende, la luz que ilumina, el calor de sus gentes, el aire que se respira, y la magnitud de sentirse parte de algo es imposible capturar con imágenes, como ya saben el mundo no es de una perspectiva unidimensional, por eso esta vez he empezado a escribir este texto, en mis ratos libres, con tinta y el recuerdo de unas imágenes que no puedo olvidar.
Ecuador, exactamente la ciudad de Jipijapa, antes de venir no sabía nada sobre éste lugar, lo busqué en google maps pero no salía mucha información al respecto, no había casi fotos, se veía que estaba cerca del pacífico, y su nombre tan peculiar me sonaba a algo hippy o a algo de paja.
Aunque el nombre Jipijapa, yo ya lo había escuchado por sus famosos sombreros, en la biografía de Manuel Benitez el Cordobés, Llevarás luto por mí, dónde éste decía soñar con tener un Mercedes, fumar un puro e ir con un sombrero de Jipijapa. Pero mejor empecemos diciendo de nuevo que no sabía casi nada del país, sólo que su presidente se llama Correa, que eran exportadores de plátano y tienen relaciones estrechas con Cuba, Bolivia, Venezuela y Argentina. Ahora gracias a las conversaciones con jipijapenses y a internet sé muchas más cosas del lugar, una de ellas es que no entraron al pueblo los españoles, porque Parrales Y Guales les pago un dinero para que no lo conquistasen y otra es que Ecuador es exportador de petróleo y tiene en el Oriente una selva de las más maravillosas del mundo.
Pero yo voy a hablar de los olores de Jipjapa, de las sensaciones que me transmite sus buenos ciudadanos, de la energía que me desprende la luz tan fuerte que quema, de los insectos tan grandes como mi mano que me encuentro a cada paso en los pasillos de la universidad y por sus calles, de la forma tan buena que nos ha recibido su entrañable gente, de las comidas con cilantro que saben todas iguales, de sus maravillosa variedad de zumos, de los platanos, de las hamacas de tela, de sus coches de otras épocas, de las lluvias.
En Jipijapa se da el clima tropical y casi todos los días al acabar el sol y empezar la noche, en el atardecer, mientras uno observa sus infinita silueta acabar en el margen de la tierra, se escuchan bravos relámpagos seguidos de una intensa lluvia “monzónica”, creo que aquí he visto uno de los mejores atardeceres de mi vida, las nubes se mezclan y forman espectaculares colores que reflejan más de 7 colores.
El olor de Jipijapa me recuerda a ese charco de ranas desaparecido del pueblo de mi abuela Isi, llamado Maello, ahora ya seco, además también aquí hay ranas pequeñas. Es curioso, en Jipijapa mientras llueve sale el sol y a pesar del agua de la lluvia y la humedad, al acabar de llover continua un calor sofocante y pegajoso, cuando empieza a soplar el aire parece que vuelve el mundo a respirar, no hay día que acabe con el cuello de la camisa negro de roña y un pañuelo en la frente para quitarme el sudor en forma de goteo, ducharse con agua fría es uno de los placeres más grandes que nunca imagine que me ocurriera.
Jipijapa, el lugar donde el verano es la época de frío y el invierno es la época de calor, está en metido en un gran hoyo y alrededor de él hay una cadena montañosa con una naturaleza selvática que recuerda a las mejores películas de aventuras. Yo nunca había visto a tantos campesinos portando machetes en sus espaldas (similares en tamaño a las espadas árabes) caminando o en un burro alrededor de los caminos o carreteras, dicen que para entrar en la montaña es necesario ir cortando vegetación, y allí los mosquitos son grandes, las mariposas como mi mano, pero ellos vuelven de las montañas con racimos de bananas y cocos, cargados hasta los dientes y como si eso fuera cosa de nada.
Al final del chaparrón, la calle está más rota, la luz más transparente y la vida sigue tan tranquila como siempre. Camino en mitad de un bonito atardecer, acaban de encender las farolas de una luz amarilla intensa, pronto se escucha en el camino los grillos, yo vuelvo por una carretera de la Universidad a casa, algunos estudiantes van subidos de pie en las camionetas y me saludan, soy el extranjero, el profesor. Me pregunto cómo pese a llover todos los días, a veces no hay suministro de agua en las tuberías, en España sé que hace años ocurría lo mismo. A un lado de la carretera ando con mi traje y corbata, en esta no dejan de pasar camiones cisternas que pitan al pasar, muchos muy antiguos y algunos nunca vistos en las carreteras europeas (marcas como Mark, Hino, Volkswagen, Hiundai, etc,), también pasan personas en busca de agua, algunos van con bicicletas, motos, furgonetas llenas de jarras y bidones, ya que siguiendo la carretera de la universidad están los pozos de agua. Dicen que ese agua de las montañas es curativa para tema de dolores de estómago. Aquí, un camión de unos 400 litros cuesta unos 20 dólares y nos dura una semana en la residencia.
Ahora están arreglando las carreteras del pueblo, parece que el tema de las comunicaciones terrestres es prioridad nacional, se lo han tomado muy en serio, el país tiene unas autopistas que recuerdan a cualquier país europeo.
La Universidad del Sur de Manabí (UNESUM), carga con casi toda la agenda cultural del pueblo y noto que sin ésta, Jipijapa sería un pueblo diferente, falto de ideas y con una vida quizá más apagada. La mayoría de sus habitantes han estudiado o estudian en la UNESUM, muchos trabajan en ésta y creo que a largo plazo eso dará sus buenos frutos.
Esta noche ha entrado al edificio de la residencia un gato de color negro y patita blanca, nos ha contado el guarda que come pájaros y huevos, parece ser que quiere ser nuestro amigo, cuando nos sentamos en el descansillo a conversar con el fresco de la noche se sienta sigilosamente a nuestro lado (parece que le gustase escucharnos).
Mientras tanto el mundo sigue dando vueltas, España haciendo más recortes a la clase trabajadora, Urdangarín se va a declarar culpable, la corrupción política llenando noticieros y mis amigos más locos que nunca (unos en Costa Rica, otros en Portugal, pocos en Escocia, muchos en Argentina… y otros españoles buscando trabajo y esperando que este ciclo económico cambie, por cierto me alegro por algún mexicano y algunos que van a venir a vernos).







































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