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Archivo para la Categoría "Pequeñas historias de la vida diaria"

Interferencias…

enero 8, 2012 2 comentarios

“!Qué herramienta tan imprecisa es el lenguaje! Lenta, tosca, manipulable…”.
[Me resulta complicado escribir]
Esta mañana sentí fobia hacia la luz. La otrora temida oscuridad, pariente del frío y del misterio, temida siempre de un modo fantástico, visceral, primitivo; más, ahora no. En cierto sentido el ágora en la naturaleza es todo aquel espacio bañado por el sol; el hombre en sus afanes ha violado ese espacio construyendo ciudades y carreteras.
Esta mañana fue un poco como la mañana anterior [Hay dos "conceptos" elementales, diádicos y contrapuestos: frío-oscuridad/luz-calor. El frío siempre se opone al calor, pero no siempre a la oscuridad, y lo mismo ocurre con la luz respectivamente]
Esta mañana, como digo, sentí miedo hacia la luz, una luz que no tenía razón de ser (escribo ahora, a las 8am, y aún es de noche); dos cucarachas diminutas se paseaban por los muebles de la cocina. Tienen forma de bombilla, o de gotas de agua (hoy en día las bombillas tradicionales están cayendo en desuso por eso de que gastan mucho y duran poco), con un par de antenitas desproporcionadamente grandes. Bajo una lupa las patitas muestran desproporción entre sí y la característica similitud con las extremidades de los cangrejos o los langostinos. Las antenas parecen como compuestas por módulos cuasi-triangulares montados en serie. Una sábana tendida se deja ver ondeando a través de la ventana entreabierta, y observo una gota de miel descolgándose del interior de su envase. [ya sé que es una mera proyección] Me rodea un ambiente fantasmal.
Me resulta complicado escribir por escepticismo y descreimiento, por el ‘para qué’ imbuido generacionalmente y por el orgullo de las cosas bien hechas, aunque para esto último sólo disponga -a priori- de mi criterio y mi soledad. No busco la originalidad, entre otras razones porque escribo, sobretodo, para mí; recurro a la escritura para pensar, y cuando pienso recurro, obviamente, al recuerdo y a los enlaces de ideas, si de ahí surge algo nuevo (o eso le parece al lector) puedo asegurar que es pura coincidencia.

Pistola y Cuchillo. Con Montero Glez en Venta de Vargas.

diciembre 11, 2011 11 comentarios

A la entrada de la Venta Vargas, por donde antes aparcaban los coches, un grupo se va formando. Vistos de lejos parecen una comunidad amistosa repartiendo abrazos, regalos y besos, pero bien sé yo que esos tienen mucho peligro, porque están hablando de pistolas y de cuchillos, y también de una bomba Orsini preñada de Pólvora Negra.

Vistos de lejos podría pensarse que han venido a robarle trozos de bronce a la estatua, pero al acercarnos sabremos que en vez de robar, comparten. Le han puesto un cigarro al cantaor y un jersey al niño. Lo del pitillo es un detalle a tener en cuenta, pues dicen los libros que José Monge se agarraba al cigarro como el que se agarra a la vida, así que es posible imaginar su boca riente abrirse de golpe al saber que hay quien le arrima pitis a la estatua, por si acaso tuviera el capricho de darle unas caladas.

Esos del grupo ya han dejado de crecer y de hacerse fotos y de darse abrazos, regalos y besos. Ahora se encaminan a la Venta de Vargas, casa fundada en los tiempos en que La Faraona gateaba, restaurante con eco de soniquete flamenco y regocijo de los buenos paladares que surcaban la carretera de Andalucía a la altura de San Fernando, Cádiz. Si nos perdemos entre ellos fingiendo las artes del despiste y si planchamos bien la oreja quizá podamos discernir a qué han venido, los muy pájaros. Dicen algo de un tal Montero Glez, al parecer escritor bendito. Se oyen menciones al Camarón, pero aun no sabemos si vienen referidas a esa fruta del mar que enjoya las tortillitas o al artista al que acompañaron Paco y Tomate, ese que sale en las fotos de las paredes con su chaquetita colorá y su melena de oro viejo.

Cuando parece que ya vamos entendiendo de qué va esta vaina, se nos vuelven a escapar. Han entrado al cuarto de la derecha, el reservado de Camarón de la Isla, el mismo en que tuvo lugar aquel duelo regicida con Manolo Caracol, si es que es verdad lo que nos ha chivado el Jesús Picardo.  Y ahí les dejamos, pues no somos quien para contar lo que hubo de puertas para dentro. Podemos imaginar que danzarían las palabras y que brillarían las anécdotas, y que un humo espeso y proverbial los envolvería en el recuerdo hasta llevarlos a otro tiempo. Ya sólo queda añadir que hemos visto salir de allí al maestro Rancapino, y que le iba diciendo algo muy raro a su hijo, algo que no podemos entender del todo, algo de un catalán que vino de Holanda para llevarse la Dinamita. Y de una boda. Y de un padrino muy especial que lleva la mirada surcada de ensoñaciones, de gitanos que torean a la luz de la luna, de viajeros y contrabandistas, de fugitivos y de cantaores con poderío de tigre roto novelados en una noche andaluza, a las puertas de la eternidad.

Daniel Carrillo

Montero Glez en la estatua de Camarón

Camarón fumando a la entrada de Venta Vargas

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Patadas al estómago o…

marzo 7, 2011 2 comentarios

…mi vida en un collage (y las mujeres son de Venus)

Mi piso no parecía un basurero desde hacía largo tiempo, pero es lo que conlleva abandonar la rutina un par de días.

Doy pequeños sorbos al café y mis entrañas le indican a las esferas superiores su gratificante respuesta (¿hoy café y ayer vodka con naranja?)… La novedad introduce actividad en el cerebro: cambio de estación (de tren)… nombres nuevos que no mencionaré, nuevos rostros, cambio de vestuario [carnaval], nuevas tomas de contacto. El con-tacto debería ser, quizás, el sentido principal; la vista es un sentido demasiado ajeno, demasiado limpio (“pues también el sol penetra en las letrinas sin mancharse”). Ayer ví la primera hora de Shoah, una película-reportaje de testimonios sobre el exterminio nazi, y el final de Casablanca (-”siempre nos quedará París“). Ahora un diálogo ficticio:

-¿Te vienes, A., a ver una película?

-Tengo novio.

-Dile que se venga él también.

[Después del café me vendrían bien unas patatas fritas]

En realidad no tengo nada en común con Humphrey Bogart; no soy un detective, ni el dueño de un pub en Marruecos; AÚN no soy del todo sincero, las más de las veces por respeto; se me nota cuando estoy borracho y tengo una marcada tendencia a sonreír.

Sabes, A., me encanta ver a la gente feliz hablando de sus cosas y ayer vi esa sonrisa en tu rostro.

La 1.26h del 7 de marzo. Temperatura exterior: 7º C, cielo nublado y mucha humedad.

Ahora un diálogo real:

[-¿Me ha llamado "señor"? -Sí, es Vd. un señor, ¿no?]

 Resumiendo:

Me levanto a las 13.15h, desayuno un gofre con chocolate y miel, me ducho, me visto y observo el estado decadente del piso. Escucho un par de canciones. Pongo a hervir agua para el té y un trozo de plástico pegado en la vitrocerámica deja olor a quemado en toda la casa. Me voy a las 13.50h dejando media taza de té que, por cierto, permanece encima de la mesa de la cocina (1.41h). Me pongo la corbata en el ascensor, hace un día estupendo cuando salgo del portal y me encamino a la estación; saludo a los compañeros de Alcalá y enfilo hacia la vía 2, son las 14.01h y mi tren sale en tres minutos. Llego a Coslada a las 14.20h, saludo y relevo a mi compañero, pongo café y empiezo a elaborar todo esto en mi cabeza. Intento leer Las flores del mal y el periódico con escasos resultados. Utilizo a un amigo para reflexionar sobre las mujeres a través del messenger móvil. A las 19h salgo a comer un bocadillo de bacon y queso con un Nestea después de tres bolsas de patatas fritas, una botella de Nestea y un café con leche. Vuelvo en el tren de las 22h; hablo un rato con el compañero de Alcalá y voy a casa apretando el paso (6º Celsius). Observo el nuevo video de Lady Gaga por cuarta o quinta vez mientras bebo caldo de pollo de brik. Caliento una pizza y me como la mitad viendo trozos de películas y bebiendo zumo de piña y uva.

Vino

enero 20, 2011 8 comentarios
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*Fotografía de derekGavey

Me gusta beber vino, a poder ser en copa alta y abierta, de cristal y sin adornos. No he estudiado ni leído casi nada de vinos, ni acostumbro a compartir mesa con ningún gilipollas de esos que hablan de aromas con reminiscencias a frutas del bosque y color teja.

Lo poco que sé lo he aprendido a partir de la experiencia, con tiempo y un mínimo de atención, pero ni juntando todo podría hablar más de dos minutos. He observado en los riojas vetustos un color casi anaranjado, y en los riberas jóvenes un violeta orgulloso. La uva garnacha consigue un sabor bravucón, y los vinos de Cataluña me saben algo ásperos, enraizados, levemente ariscos de entrada y sin embargo sociables y leales partir de la segunda copa. Aunque, ahora que lo pienso, esto último podría tener connotaciones políticas, quien sabe.

No se diferenciar un rueda de un albariño, ni un albariño de un ribeiro, y apenas he probado los rosados. Bebí vino de la tierra en los diferentes países europeos en los que estuve, pero con cierta profundidad sólo conocí el Lambrusco; ya saben, aquellas cenas con final feliz.

Me gusta beber vino mientras escribo en el ordenador un domingo por la noche, y me gusta hacerlo en los bares del otoño, y en las mesas bien acompañadas y con mi padre y con mi abuelo. Me gusta descorchar personalmente, oler el corcho y luego aspirar de la propia botella para adivinar desde el principio por dónde van a ir los tiros. Aunque, esto también lo he aprendido con tiempo y atención, hay vinos que huelen mejor que saben y vinos que ganan después, cuando abandonan la boca y comienzan a bajar por los adentros, cuando el paladar se da cuenta de que allí ya no hay nada y que sólo queda dar otro trago para intentar atrapar esa sensación que se ha escapado.

A veces he pensado en comprarme un libro, o hacer un curso, o ver videos en el youtube, que los habrá. Pero de momento siempre me he rajado, porque me va bien a mi aire, partiendo de la experiencia, dedicando algo de tiempo y un mínimo de atención.

Princesas

diciembre 26, 2010 3 comentarios

*Me he puesto a releer algunos textos viejos. Este es de una de esas novelas que quizá nunca escribiré. Lo censuro un poco y aquí lo dejo. En fin, qué más da.

Cuando iba al instituto coincidí un par de años en clase con Tamara Ruedas, la reina del instituto, cañón y seda que insuflaba aire a los suspiros de frustración de gran parte de los estudiantes del IES Batalla del Jarama. Tamara, un poco más alta y con más pecho y mucho más guapa que el resto de las muchachas, reinó durante los cuatro años de su paso por la enseñanza secundaria a pesar de la fiera competencia de sus mejores amigas. Las tías buenas se juntaban entre ellas, un punto de pijerío y otro de desprecio. Pero Tamara era la mejor entre aquellas aulas.

En aquella época yo miraba a Tamara Ruedas con cierta indiferencia, como se mira a una cosa bella y lejana, como quien mira a un cuadro colgado en un museo y después de unos segundos da unos pasos y se aleja para mirar el siguiente, igual de bello y lejano. Tamara me sacaba diez centímetros de altura y eso era, desde luego, demasiado para considerarla una chica de modo completo. Para mí era más bien un chico, yo no la deseaba porque no podría alcanzarla nunca, y por ello tampoco me turbaba hablar con ella como sí me sucedía con el resto de las chicas.

Hasta que un día, desayunando en una churrería de vuelta de una noche de bakalao y mala vida, la vi. Tamara Ruedas era la única chica en un grupo de tíos un poco más mayores, guapetes, guays, musculosos y dinámicos. Tamara llevaba un vestido minúsculo y unos zapatos de tacón altísimos y el maquillaje un poco corrido y los ojos un poco tristes. Tan sola en medio de aquellos cabrones, tan carnosa y real, real y carnosa como no la había visto en mi vida, me dio un poco de pena. Había salido esa noche de verano como una diva, seguro, con su vestido de las grandes ocasiones y su inocencia a punto de suicidarse y unas horas después estaba allí, rodeada pero sola, descompuesta, un poco borracha o drogada o quien sabe si sólo somnolienta, y me daba pena. Comprendí, en cierto modo, que Tamara Ruedas era una mujer más. De reina y diosa había pasado a ser una más, una chica más, una adolescente más. Así que yo también me puse un poco triste, admirado tras vislumbrar por primera vez en mi vida la corta distancia que separa a una puta de una princesa.

* el dibujo es de megalune

Aguinaldo

diciembre 22, 2010 3 comentarios
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Ya no éramos tan críos. Nos pasábamos las vacaciones de Navidad pidiendo el aguinaldo por los portales del barrio, cantando carita de rosa de piso en piso, de puerta en puerta, pidiendo dinero a cambio de villancicos, que no tienes cara de ser tan roñosa.

Ya no éramos tan críos y por eso gastábamos las ganas en convencer a Juanjo de que se trajera de aventura a su hermano Felipillo, seis añitos rubios y ojos llenos de azul y de pestañas. Poníamos al niño en primera fila y le dábamos a la pandereta hasta que la señora se ablandaba y decía esperad un momento y desaparecía en lo oscuro del pasillo para volver con cien pesetas. Pidiendo el aguinaldo aprendí cuál es la clase preferente, pues mientras en los portales de pisos proletarios la mayoría de los vecinos abrían y nos limosneaban, en los bloques señoriales se olía el miedo tras la mirilla y no se molestaban ni en abrirnos la puerta.

Gracias a Alba sacábamos buen dinero en los bares. Cantábamos sin mucho énfasis y después nos replegábamos en una esquina con sonrojo, mientras Alba pasaba bocarriba la pandereta por todo el bar, trocando la vergüenza de los parroquianos en monedas de dulce tintineo. Y con ese botín a los recreativos. Eran otros tiempo y es posible que el lector no se ubique; baste decir que Mario conducía un Kart y Ryu combatía con Era Honda en luchas callejeras a cinco duros la partida.

Ya no éramos tan críos y gracias a eso nos vendieron el sabor asqueroso del primer cigarro. Recuerdo ese Camel de los doce años, alquitrán y nicotina que me esforzaba en escupir antes de volver a casa, veneno de los prohibido mucho antes de permitirme esta adicción al tabaco que me está quitando la vida mientras tapa algunos poros en las arcas públicas. Han pasado algunas navidades y ha cambiado la moneda. Veo moquear al hijo que tuvieron Alba y Felipillo mientras doy otra calada a la Fortuna que me golpea los pulmones veinte veces al día. Caigo en la cuenta de que hará cinco o seis años que no sé nada de Juanjo y tiro la apestosa colilla al suelo de mi calle. Quién sabe si para otro año habré escapado de este barrio y de este vicio.

Si…

diciembre 20, 2010 5 comentarios

Si estuvieras conmigo… sería siempre verano; plantaríamos marihuana y te pasearías casi desnuda por todo el piso. Harías algo de arroz blanco y dormiríamos la siesta juntos. Después del atardecer, veríamos alguna peli de esas raras. Al caer la noche te lavaría los pies: siempre andas descalza.

Nos pelearíamos por las sábanas en sueños.

Y algún día iríamos a París a subir la torre Eiffel, o a alguna playa de Almería, a hacernos fotos…

¿Y la rutina? ¿El café de las mañanas, los boquerones fríos, regar las plantas? Días en blanco esperando el uno al otro a ver si sale del trabajo, si ve que está triste, si me dice que me quiere… en un sentido exacto y preciso: nadie más hay en el mundo.

Ahora a veces pienso en ese viaje, esa película, ese poema que te podría leer. Todo ese tiempo y esos lugares abstractos: Chipre, Fiorenze… El Taj Mahal. Senderos y playas. Todo eso.

Ahora que ya no puede ser.

Y es ahora en verdad, mientras tecleo, que pienso en ese ahora que fue ayer, y la nostalgia de tí se ha vuelto nostalgia de una nostalgia.

Utilitario 2

noviembre 20, 2010 5 comentarios

Cuando voy a cambiar el aceite de mi utilitario siempre me dan el precio sin IVA. Aprovecho para ahorrarme unos eurillos y me siento afortunado por tener colegas hasta en el infierno.

Una vez alguien que conozco compró una casa, pagando dos terceras partes a la luz de los impuestos, y un último tercio en algo que el de la inmobiliaria definió como dinero be. También tengo un colega que cobraba el paro y una beca, y otro que me pasa la ITV sin mirarme el coche. Otra vez me encontré a una amiga por la calle, que venía del médico según me dijo. Fingía que le dolía el cuello para poder cobrar un buen pico del seguro del coche de un incauto que embistió al utilitario de mi amiga en un semáforo. Conozco a una pareja que ingresa unos buenos duros y vive de alquiler puesto a nombre de ella, para poder cobrar la ayuda al mileurista. Y conozco a un chaval que gastó mucho con el móvil de empresa, pero pocas veces para algo que no fuera una llamada personal.

Yo diría que el que no se lleva bolis, grapas, cables, colonias u ordenadores de su trabajo es que anda medio bobo. Y que como todo el mundo sabe, en las urgencias del hospital es donde mejor te atienden cuando te sube la fiebre, pues los pasillos de los centros de atención primaria están copados de ancianos que van a pasar la tarde.

Es derecho tácito engañar al puto estado y sacar pecho por ello. Ya te jodera bien en cuanto pueda. Así actúan y así piensan todos los que me rodean en este atasco. Decía el otro día un periódico que el chofer de una ministra se quejaba porque le mandaba a por bombones, y me han dicho que hay otra que pasa la cera de las piernas como gastos oficiales.

No entiendo de qué se escandaliza la gente, ni por qué le echa la culpa de todo a los políticos. Todos jugamos a lo mismo, cada uno en su propia escala.

No quiero ir al cole…

octubre 25, 2010 Deja un comentario

El principal acicate de las divagaciones sobre la dudosa existencia del mundo físico lo encontraban los modernos en la similaridad entre sueño y vigilia. Joder, vale que a veces sueñas y revives experiencias, construyes realidades paralelas, te angustias, te asfixias, te excitas… pero el sueño es en esencia descanso y la vigilia un estado de desgaste corrosivo. Nos pasamos la vida luchando contra el sueño, contra esa frase mental tan cotidiana y musical: “no me puedo levantar”. Al final te levantas (de mala leche) y en invierno es probable que triste y tembloroso. Al final, aunque vayas superando los trances del vivir todos entendemos lo del ‘requiescat in pace’, ese día de no despertar jamás, en que volvemos a la inconsciencia de la Mater Natura.

Esta mañana soñé que jugaba una partida en red con otros chavales, era algo parecido a un juego de estrategia; lo cierto es que me encontraba en ese estado de duermevela en que rozas los límites de la vigilia; todo era silencio… oscuridad… calor. De pronto suena una música infernal, son las 4.45h de la mañana y vuelves a la vida; el “quinto levanta” del móvil me deja aturdido, violento y febril (ya no me hace tanta gracia como las primeras veces). A punto de caer en la inconsciencia de nuevo me levanto igual que Lázaro, impulsado por alguna extraña energía, termino de lavarme y me dedico una sonrisa en el espejo del cuarto de baño. Acaba de nacer un factor de cercanías y estaré a vuestra disposición de 6h a 13.30h queridos viajeros.

Esto iba a ser una carta de amor

octubre 24, 2010 1 Comentario

Cómics, periódicos, un kimono, ropa en general, platos sucios…[miles de objetos] se aturullan en mi piso bajo mi mirada impotente… “era la única manera de sentirme vivo”, me digo para mis adentros (con cierta naturalidad); me tumbo en el colchón que hay en medio de la estancia y me quedo dormido con un libro en la mano. Un cordel rojo y finito cuelga de la cadenita de la luz del salón, extensión que me permite apagar la luz sin tener que levantarme; una réplica de ak-47 dormita encima de un sofá, su cargador curvo reposa debajo de la mesa lleno de bolitas de seis milímetros. Nada nuevo. Empieza a hacer frío y todo es desorden: mis ideas, mis cachivaches; a veces creo que en el trabajo se me caen las monedas con demasiada frecuencia. A menudo me descubro engañándome a mí mismo: estoy fuerte, pero nunca he sido un tipo saludable, más bien miope, más bien arrítmico, pasivo. Adicto al café.

Últimamente no paro de pensar en comida: ensalada capresse, sopa de verduras, potage de garbanzos, pescado frito pasado por harina y huevo…

Y de vez en cuando (tal vez mas ‘usually’ que ‘sometimes’) pienso en alguna chica; me gusta especialmente una que tiene un blogspot. Es pequeñita, de piel muy blanca y pelo negro, lectora empedernida, estudiante de filología. Me gusta lo que escribe y como escribe: nada vulgar, con densidad, con belleza y un toque de mala leche; pero sé con cierta seguridad que si ella no me gustase no perdería el tiempo en leer sus entradas. Me paso la vida observando. Cambió su foto de presentación (piel blanca, pechos pequeños, ojos entrecerrados, cuello frágil) por una taza de café. Y firma: cultura envasada al vacío y lista para el consumo. Y Dios le dijo a Eva: parirás con dolor. A los hombres nos castigó con nuestros deseos y el desgarro de no conseguir nada: nunca tocamos los dedos de Dios, los amores se terminan, la alegría es efímera, “vivir es andar breve jornada”.

Voy a probar suertes con la novela negra. Y seguiré a duras penas con mi proyecto de ser sincero. Me pregunto por qué no oriné sobre aquel pedante de la facultad ni le enseñé el culo. Me pregunto por qué es tan difícil ser uno mismo. ¿Por qué suena tan estúpido decirle “me gustas” a una filóloga que está tan buena? Esto último es evidente.

Por cierto, me he comprado un libro de refranes. ¿Sabéis? El infierno está lleno de buenas intenciones.

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