
LOS AMANTES ANÓNIMOS
Puntuales como un despertador, al borde del amanecer cuando el cielo estaba quemado en llamas, eclipsado de aves y rodeado de una mariada de estrellas, escondidos y enlazados entre las sábanas húmedas de la primavera, en una pensión de mala muerte de Portugal, dos cuerpos encadenados golpeaban constantemente el muro que daba al cabecero de mi cama develando la tranquilidad de mi sueño.
Durante unos minutos dejaban de lado sus vidas “quizás insulsas quizás con hijos” para ser cómplices y pecadores. Sé por el sonido del transpirar de sus tráqueas que se amaban como dos recién casados y que el misterio del amor los tenía como dos gatos en celo atrapados, en los placeres de la lujuria, estaban tan fuera de control hasta el punto de hacer temblar una habitación y no ser conscientes que molestaban a sus desvelados y atónitos vecinos .
Si os os soy sincero, nunca tuve el valor de llamar a su puerta y decir sin arrugarme ”por favor, un poco de silencio y orden, coño”, simplemente mi mal sueño acababa en un abrazo fuerte a mi almohada y mis manos tapando mis ojos del haz de luz que desprendía el sol cada mañana, Aveiro tiene la luz más limpia y pura del mundo.
Pensándolo bien, ahora que escribo estas líneas creo que mi titubeo al llamar al orden era una reflexión infantil hacia el amor puro que sentía, “la imagen difusa de dos amantes encadenados para siempre en el amor”, todo indicaba a una luna de miel que apestaba en sus vidas, el descubrimiento a sabor a madera de los que empiezan a entender el buen vino, el idealismo ya desde los griegos de comenzar cada día haciendo ejercicio físico. Después de todo esto me imagino que les sabría diferente el café con leche y el ir al trabajo.
Quizá al acabar los conteneos y chillidos observasen en el techo la lámpara haciendo vaivén como hacía yo a veces en mi hatitación, ese movimiento que descifra no sé el qué pero te deja con el pensamiento vacío de telarañas. Como casi toda las veces en la vida, lo bueno para algunos es lo malo para otros, lo digo porque por suerte mía su pasión duraba minutos, menos de un cuarto de hora. Luego todo volvía a la calma y yo podía dormir tranquilo de nuevo, creo que ellos por miedo a que los vieran juntos cada uno salía por separado de la hatitación, lo sé porque lo delataba el crujido del viejo suelo de madera del pasillo, cada paso que daban alejándose el uno del otro para mí era releer Madame Bovary.
A veces pienso que la mejor forma de empezar una mañana de trabajo es “echando un buen polvo”, lo que no sé si se besarían como novios o simplemente se dirían un seco “hasta mañana”.
P.D.: Por si las dudas, está historia es real.
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