Españoles, sois idiotas, pero se os quiere
Recuerdo que una mañana nos tocó servicio en una estación a un compañero y a mí, la noche anterior había tenido lugar un partido del mundial y a eso de las 6.30am llegaban aún viajeros procedentes de Nuevos Ministerios. Mi compañero comentaba cosas como: “échales un ojo a los españoles, que vienen borrachos sin billete y hay que cobrarles a la salida”, “mira, ahí viene otro grupo de españoles”. Y les veías con sus camisetas rojas y sus pinturas de guerra y no podías dejar de sentir cierta ternura acompañada de sus gritos desde el otro lado del cristal. Tenías razón, Kiyoshi, en eso de que a los españoles nos gusta quejarnos por todo, y, ante todo, de nuestra condición de españoles. Ante la consabida crisis lo que más a menudo se dice es que la culpa es nuestra, porque, aunque los políticos son unos zoquetes, se vota a unos para que no ganen otros, que son igual de zoquetes; y así, como dice don Pablos en el pupilaje del licenciado Cabra, “cenaron, y cenamos todos, y no cenó ninguno”. Y sin embargo, el orgullo de ser españoles siempre está ahí. Somos los españoles del scalextric, la fregona, el submarino y el flamenco. Y también los del Imperio que ora y embiste que entierra en Flandes la plata de las Indias para defender Nuestra Iglesia (mientras Nuestra España era devorada por el atraso y la miseria).
Todo esto viene a cuento de la cena de anoche, salpicada de conversaciones de política y corrupción (que hoy día vienen a ser una y la misma cosa), la leyes antitabaco y antibotellón, las filtraciones de wikileaks y los móviles de última generación; todo bien regado de sidras, vinos, cervezas y cubatas, desparpajo y libertad total para decir cualquier barbaridad (incluso eso de “viva España y viva el Rey” acompañado de los brindis de mi amigo Grouchoo). Fue una buena noche.
Y es que nosotros, los tíos bajitos que están siempre irritados, con el palillo en la boca, el periódico bajo el brazo y la rascada de huevos, he de decir, en referencia a las entradas del viaje bicicletero a Marruecos, nosotros, los hispanos, godos, norteafricanos o como cojones quieran llamarnos, sí que sabemos vivir. Se dice que ante ciertos comentarios que resaltaban el atraso y la falta de iniciativa de los españoles frente a otras naciones europeas Unamuno respondió lacerante: “¡Que inventen ellos!”.
Y aquí cierro el primer post inspirado por el libro de Fernando Díaz-Plaja, una joyita.




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