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42. La belleza tiene su monstruo

Querido K.:

Tardamos menos de media hora en definir los títulos de los capítulos que compondrían el DUDAS. Carlos iba proponiendo un nombre y yo otro, alternativamente, hasta llegar a un número redondo. Cincuenta, por ejemplo. Fue la boca de Carlos la que propinó el disparo: La belleza tiene su monstruo.

Yo pensé de inmediato en Helena. La bella espartana. A qué otra belleza podía referirse si no. Diez años de feroz guerra, los mejores hombres de Ilión muertos y el poema más antiguo de la literatura occidental quedaron como testigos del monstruo que encerraba la belleza de Helena de Troya.

Eso es lo que quería hacer. Puede ser que Helena no tuviera reparos en abandonar a su hija y a su marido a cambio de perseguir el amor verdadero en brazos de Paris. O quizá se tratara de un rapto. Sea como fuere, el suceso puso a toda Grecia en pie de guerra. Bajo el mando de Agamenón, el hermano del cornudo Menelao, mil naves griegas cruzan el Egeo y arrivan arriban a las costas del Asia Menor, comenzando el asedio de la sagrada Troya, que resistiría nueve años antes de caer tras la famosa escaramuza del caballo.

Paris y Helena

El amor entre Paris y Helena. Jacques Louis David (1788)

La belleza de Helena tenía su monstruo. Pero, para qué negarlo, hay bellezas ante las que sólo cabe correr el riesgo. Helena es una de las palabras más bellas que conozco. Helena evoca la Hélade, el posterior período helenístico, el nombre en griego de Grecia: Hellas. Así que cuando me senté a escribir el capítulo sólo podía hablar de una cosa…

Ella estaba tan guapa como siempre al otro lado de su cerveza, alternando una inocencia fingida y una picardía imperfecta. Yo la decía que nombre tan bonito tienes, península de toda mi historia, heroísmo y proporciones áureas, ninfas de erotismo insoportable, islas, mares, dioses, oráculos en Delfos, misterios en Eleusis.

Ella fingía tan bien la picardía que en mi segunda cerveza yo dudaba si iría en serio. Tienes encerrado en tu nombre a Aquiles gritando en las puertas de Troya, a Europa volando a lomos de un toro, a Dafne inmolándose en laurel con tal de esquivar a Apolo. Nunca seré como Ícaro, no voy a  acercarme al sol antes de firmar un seguro de vida.Ella siempre tan guapa sacaba los hilos, que es cuando la mujer saca la espada, dentro del laberinto está el futuro, si sales vivo soy tuya. Pero cómo olvidar el nombre, ese resumen de enamorados que vuelven los ojos para mirar a Eurídice, espartanos que no preguntan cuántos son los enemigos sino dónde están, migración jonia que enciende la hoguera de Sofía.

Entre cervezas inocentes y picardías imperfectas se morían las tardes. Era un caballo de madera por dentro de mi muralla. No sé decir nada mejor de la belleza.

Así es, K., como yo lo veo. La belleza tiene su monstruo es quizá el capítulo preferido de mi parte del DUDAS. Ahora que no nos oye nadie, te diré que quise hacerlo tan críptico que pareciera escrito para un aristoi. Oh, la bella Helena. Espartana tenía que ser

Me despido. Salud y Libertad.

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Categorías:DUDAS Etiquetas: ,
  1. Connombredeguerra
    abril 10, 2007 en 11:31 am

    Estoy realmente impresonado, parece ser que el motivo femenino te motiva las neuronas.
    La idea es bonita, quizá la historia diga mucho más de lo que parece…

  2. child in time
    abril 11, 2007 en 5:27 am

    En cuanto a lo escrito se me viene a la mente aquella idea de Montero en “Cuando la noche obliga” que decía que la única patria del viajero es el cuerpo de una mujer.
    Y es que puestos a describir a una mujer quizás se debería por empezar describiendo todo un continente.
    Por otro lado hay algo que no me concuerda, y quizás sea hecho a propósito.
    En principio hablas de una picardía imperfecta (“inocencia fingida y picardía imperfecta”) Luego dices que ella fingía muy bien la picardía, para luego decir que ese acto tan perfecto te hacía dudar. Un saludo. Me gusta.

  3. abril 14, 2007 en 12:56 pm

    La belleza, Helena y miles de muertes
    No sé en dónde escuché que “la belleza es el comienzo de lo terrible”, y terrible, es, sin duda, la frase misma. Unos científicos afirmaban haber descubierto que, cuando un hombre contempla a una mujer hermosa, su cerebro libera la misma sustancia que la cocaína; euforia, enthusiasmós (posesión divina), la satisfacción del entendimiento sin concepto alguno (según Kant); ¿por qué nos sobrecoge un volcán vomitando lava y cenizas ardientes? ¿y Zeus aniquilando con sus rayos?
    “(…)Aún la pura belleza de Helena, que ha traído ya tantas desventuras sobre Troya, basta para que los ancianos de Troya, ante su sola presencia, se desarmen y atribuyan a los dioses todas sus culpas(…)”(Paideia, Jaeger), ¿por qué?
    En el mismo hilo, Beatriz, un personaje clave de El hereje de Delibes no es condenada por la Inquisición. Ella es joven, imprudente, hermosa. Y, de nuevo,
    ¿por qué?

  4. Islero
    abril 14, 2007 en 1:24 pm

    Child: Bufff, ahora que lo dices, no recuerdo si está hecho a propósito o no…
    Nadie: Y todavía se escucha por ahí que una de las características de la sociedad actual es la sacralización de la juventud y la belleza. JA. Los jóvenes y los bellos siempre han sido sagrados. No hay norma ni tradición que doblegue a la belleza. No hay otra opción que rendirse a la juventud voluntariosa de Helena.

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