Inicio > DUDAS, Libro DUDAS, Madrid, P. Daniel Carrillo > La tarde que llegué al Café Gijón por P. Daniel Carrillo

La tarde que llegué al Café Gijón por P. Daniel Carrillo

ÍNDICE DEL LIBRO DUDAS

La primera tarde que entré en el Café Gijón puede que fuese una tarde de jueves. Había espejos, mesas de mármol, una sola tertulia junto a la ventana y algunos camareros como salidos de otra época, rescoldos de otro Madrid más viejo y más gris que repartían infusiones con un deje secular, con la mecánica consciencia del que sabe que el café es lo de menos en un Café literario. Mientras tomaba mi café simbólico y me miraba en los espejos, iba recreando el cuadro de Gutiérrez Solana que acababa de ver en el Reina Sofía, y después del Café Pombo apareció por mi mente huída el Café de Doña Rosa, protagonista inanimado de La Colmena, y así me fui perdiendo en todos los cafés literarios, en todas las tertulias que nunca veré y en todos los escritores que foguearon su genio al humo de una taza que daba calor a un Madrid olvidado al que no quería volver.

Me imaginaba una mesa llena de tazas vacías, un coro de hombres que se las dan de listos, algún pálido poeta fingiendo que escribe en sus cuartillas, y sobretodo, sobre todos, un escritor de fama que dirige en silencio la conversación, que impone los temas y las opiniones casi sin hablar. Y pensaba en Cela, en Umbral, en ese libro que se llama La noche que llegué al Café Gijón. Y miraba a los tertulianos de la ventana, un par de viejos actores conocidos entre ellos, y miraba a los camareros, que sin duda se iban a jubilar pasado mañana, y miraba a los espejos que eran reliquias y a las mesas que eran moda hace diez modas. Y mientras apuraba mi café sentado en la barra (porque me había quedado en la barra: quizá me parecía poco respetuoso hacerme servir el café en una mesa, o quizá era sólo timidez), mientras pagaba el precio simbólico de mi café simbólico, concluí que ya no había cafés literarios ni ganas de resucitarlos, ni tertulias ni madriles que las merecieran ni genios de andar por casa que las justificaran.

La tertulia en el café de Pombo, de José Gutiérrez Solana

La tertulia en el café de Pombo, de José Gutiérrez Solana

[Ayer estuve en el Café Central, viendo a Raúl del Pozo y a Montero Glez, que hablaban de Umbral con ocasión del 23 de Abril. La leyenda de los cafés madrileños sigue viva.]


Este texto fue originalmente publicado en el libro DUDAS (2006)

Anuncios
  1. Mercurio
    abril 25, 2008 en 9:29 am

    Qué pasa, Daniel.
    He llegado aquí a través de la trinchera. Aquí en el trabajo de “becario-ingeniero” me he pegado un buen repaso al blog. Leer sobre Los Nogales, el 2, Toro Bravo, tiristores (suerte en Junio, macho, a ver si se porta el Huraño, jajaja), los hangares, Diógenenes, viajar en bicicleta, etc, se me ha hecho muy cercano y muy entrañable.
    Por cierto, yo también soy estudiante crápula, y sinceramente, jode cuando los colegas del insti ya han acabado y preguntan, y los familiares preguntan, y en las entrevistas preguntan. Las putas preguntitas. También porque son años yendo al menos un par de veces al día al mismo sitio (ese aparcamiento lleno de coches, lo mal que huele siempre en la politécnica, subir a laboratorios, ver siempre a los mismos en la biblio, etc, etc)y eso cansa. Pero todos estos años me han sido muy enriquecedores, por suerte, desde el primer año me he juntado con crápulas y seguimos los mismos. Y fíjate, ahora lo comentamos los amigos, este cuatrimestre apetece ir a la uni y verse, porque por coñazo que sea, va a ser mil veces mejor que un curro, y en un curro no se suelen hacer colegas. Y al final echaremos de menos la uni y los años de crapuleo.

  2. abril 25, 2008 en 9:38 am

    Dani, sin lugar a dudas como dejé claro en la presentación del Dudas del día 28 de octubre del 2006 el prólogo está escrito con una balleza deslumbrante. La primera vez que me mandastes el borrador pensé al acabar de leerlo que este era uno de un libro famoso que me lo enviabas para hacernos una idea como lo podiamos hacer. Los Cafés literarios son lugares que siempre existiran mientras existan escritores y personas con algo más que lo cotiadiano.
    Deseo seguir leyendo más prólogos tuyos,…

  3. abril 25, 2008 en 1:40 pm

    Mercurio tío, parece que somos vidas paralelas y nos tenemos que encontrar en el mundo virtual, manda cojones. Mándame un email o algo, o salúdame, que seguro que me suena tu cara pero estoy desorientado.
    Grouchoo, tengo que contarte cuando vuelvas las historietas de un par de miércoles de primavera por Madrid, con Child in Time y Montero. Y que hay prevista una quedada siguiendo los pasos del prota de la última novela, que igual llegas a tiempo.

  4. Mercurio
    abril 26, 2008 en 12:32 pm

    Buenas, Daniel.
    Sí, parecen vidas paralelas, pero tranquilo, esto no es el inicio de típica peli de loco que te sigue desde Internet, jajajaja.
    Hombre, aunque vivir en Alcalá, estudiar lo mismo, que te guste la bicicleta, y ser asiduo a la trinchera cósmica la verdad que es coincidencia.
    Si te veo en la uni o en Alcalá, te saludo, eso fijo, o si no a ver si por fin puedo ir a una quedada cosmiquil.

  5. abril 29, 2008 en 12:22 am

    La entrada es cojonuda, Dani. Muy del género Madrid. Me gustó mucho eso del Género Madrid que comentaron el Montero y el tito Raúl en el Café Central. Últimamente ando a darle vueltas a esto y estudiarme bien todas las novelas del Umbral y continuar el género. Pero ya veo un gran competidor. Como hablábamos el otro día, Dani, los espacios de reunión en las ciudades se pierden: la plaza, la universidad, los cafés y hasta el banco del parque donde uno se fumaba los porros sin que los ñetas te vinieran a cobrar el impuesto revolucionario, y ahora son sustituidos por la red. Bendita red, que me une a vosotros. Salú amigos.

  6. aNTONIO mACHADO
    marzo 21, 2010 en 7:03 pm

    APRENDE A DUDAR Y DUDARAS DE TUS PROPIAS DUDAS.

  7. MANUEL VICENT
    mayo 27, 2010 en 2:49 pm

    Sentado en el Café Gijón con un puño en la mandíbula, vería pasar la tarde por el ventanal y de pronto, llevado por el tedio, me puse a pensar en Ítaca.
    MANUEL VICENT, Del Café Gijón a Ítaca

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: