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El Ascenso

Es cierto que este año has hecho bastantes kilómetros, pero también es cierto que has sido más fiel a la mala vida que a la bicicleta. Así que ni siquiera tú sabes como estás, y sales de casa pensando en subir la misma cuesta de siempre, para probarte y calibrar por dónde andas a estas alturas de temporada.

Pedaleas fuerte por el llano, enciendes el iPod y vas echando cuentas, pensando en un tiempo de referencia que marque la barrera entre el éxito y el fracaso, una predicción holgada que contemple las excusas de por si acaso. El cuentakilómetros marca 35º y el sol pega fuerte en el maillot de Paupérrimos Bike, así que ya sabes que no es el mejor día para darlo todo cuando llegas al pie de la cuesta.

Es la cuesta que has subido tantas veces, sólo 4 kilómetros pero bastante jodidos, un infierno cuando pillas la bici por primera vez después del invierno, tan sólo un repecho cuando andas fino y consigues abstraerte del esfuerzo pensando en otras cosas. Ahora que lo dices, es en esta cuesta donde has aprendido casi todo lo que hay que saber en este jodido deporte, donde has conocido a tus pulmones y a tus piernas, siempre cómplices de lo que de verdad importa, que está por dentro del casco.

A mitad de la segunda rampa ya sabes que algo no anda bien, metes el desarrollo más flojo y sólo piensas cosas chungas, que si el calor, que has gastado demasiadas fuerzas en el llano, pensamientos negativos que recorren tu cabeza mientras te falta el aire y vas buscando el ritmo y tratas de sortear las piedras, que ahora parecen puestas adrede para complicarte la ascensión.

Pero algo has aprendido en estos años, ya sabes que hay que intentar pensar en otra cosa, sacar la mente de las piedras y del calor; intentas imaginar tu silueta a vista de pájaro, un punto en la montaña que se desplaza lento pero no deja de avanzar, una pulga que araña metros y va ganando la partida lentamente como si de una guerra de guerrillas se tratara. Piensas que siempre ha sido así, pero que otras veces has estado más fuerte, y viene la nostalgia de aquellos tiempos sin bici de aluminio y sin disfraz, un muchacho en bermudas subiendo la cuesta sin camiseta, y es entonces cuando te pesan las copas, los kilos, el curro, la vida, el calor, sabes que no puedes meter otro piñón más duro porque ya vas a tope pero también sabe que sigues avanzando sin parar, que dentro de poco la cuesta va a aflojar y que pronto vas a respirar con menos agobio.

Entonces empiezas a escuchar un motor atronando, uno de esos putos quads que arruinan la paz del campo, te apartas justo a tiempo y a punto estás de tener que echar pie a tierra por ese gilipollas, le deseas una mala curva y el cabreo te dura aun unos metros más que pasan sin dolor; sin darte cuenta has estado pensando en otra cosa y ya estás casi arriba. Entonces reparas en la música del iPod, suena System of a down y al momento la asocias con un nombre y una tarde y una llamada pendiente, sigues pedaleando y fluye algo mejor el aire que entra pesado a tus pulmones, un aire que parece de segunda mano y que entre jadeos te mantiene vivo cuando empieza una canción de Los Piratas, y otro nombre y otra noche y una nota mental te ocupan las neuronas y cuando quieres darte cuenta estás casi arriba, bajando piñones y lanzando la bici porque la pendiente afloja y porque tienes la costumbre o la manía de apretar al final, de ponerte de pie y creerte por un momento Chiapucci, aunque esta no haya sido una ascensión gloriosa, aunque el día de hoy no tenga nada memorable. Y sólo unos metros antes de parar en la cima miras el tiempo, sin esperanza, sin ilusión, tan sólo para comprobar cuántos minutos se han añadido a los que calculabas al principio. Y entonces tardas unos segundos en comprender que has hecho la subida más rápida que recuerdas.

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  1. Dieguesku
    julio 3, 2009 en 8:00 am

    Muchos deportes son similares a la propia vida. En ambos sufrimos, nos esforzamos, perdemos, ganamos, nos hundimos, triunfamos. La vida no elegimos vivirla, pero curiosamente sí elegimos algunos deportes. Entre ellos está este que nos ocupa ahora, el ciclismo.
    En la vida y en la bici lo más importante es seguir dando pedales. No importa lo dura o larga que sea la rampa, siempre tiene un final. Incluso cuando haces el último giro y ves, para tu desilusión, que el caminio continua, se endurece y se eterniza, tus piernas tienen que seguir dando pedales.
    Esta filosofía común de superación y supervivencia, hace que en cada etapa, en cada rampa, vivas una vida entera y comprendas que son la mente y el corazón los motores que te impulsan a seguir adelante.
    Me encanta este deporte en el que sufrimiento y recompensa van juntos de la mano. Me encanta la VIDA, hecha deporte desde el primer día y me encanta VIVIRLA dando pedales, sobre una bicicleta hecha por impulsos, deseos, sentimientos y amistades.

  2. El Chino
    julio 3, 2009 en 8:16 am

    Si, si claro, la subida más rápida que recuerdas. Esto nos deja dos oopciones a inferir:
    a) Tienes muy mala memoria, pero malísima, o…
    b) A juzgar por las cervezas consecutivas que he visto eres capaz de zampar, cabe deducir que la cantidad de cerveza ingerida y el rendimiento deportivo van de la mano.
    Yo no me mojo, que cada uno escoja la que más le convenga.

  3. julio 3, 2009 en 8:32 am

    Diegesku, yo lo que pienso en cada cuesta es por qué cojones hemos tenido que elegir este deporte y no el ajedrez o el voley playa ;-D
    Chino, no hay que confundir ficción con realidad. Aun así, me veo tan en forma que el sábado intentaré agarrarme a tu rueda y seguir tu ritmo. De cervezas, digo.

  4. El Chino
    julio 3, 2009 en 8:37 am

    Sabes, que seguramente mejorarás mi ritmo, pero te haré una goma de las buenas y acabaremos haciendo las h’s que sean menester 🙂

  5. zoeravenclaw
    julio 16, 2009 en 4:38 pm

    Yo tenía un mantra, una frase que repetía una y otra vez mientras avanzaba lentamente. Quizás no era la frase más positiva, pero me hacía gracia y me distraía.

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