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Labordeta y el parlamentarismo

Recientemente he leído Memorias de un beduino en el Congreso de los Diputados, el libro en que José Antonio Labordeta repasa sus dos legislaturas como diputado por Chunta Aragonesista. Aparte de la simpatía que este personaje me despierta por tantas cosas (porque iba al Congreso en metro, por la serie Un país en la mochila, por poner en su sitio a los caciques de la derecha) la impresión final que me deja el libro es de desconsuelo. El retrato del rodillo durante la mayoría absoluta del PP que hace el cantautor es desasosegante, como también lo es la práctica inoperancia de los grupos minoritarios. La idea que se filtra de todo el libro es que los mecanismos del Parlamento son ineficientes, caducos, absurdos. En muchos casos parecen responder a un intento por mantener viejos privilegios, a un rancio borreguismo de “colocaos”. Pero dejemos sitio a las palabras del propio Labordeta:

Sobre el Debate de Investidura (Mayoría Absoluta del PP):

El Señor Candidato estaba a mi derecha, en su banco azul, y pasaba de mí (pasaría toda la legislatura) mientras escribía con un boli en un cuadernito de tapas de cuero negro. Elevé el tono de voz por si no me oía. Se detuvo un instante, me miró, hizo una mueca de humor amargo y siguió con su cuadernito y sus anotaciones. Después le dije: “Señor Aznar, no le vamos a dar nuestro apoyo, porque su ideología política no corresponde a ninguna de estas cuestiones.” Ni se inmutó. Siguió con su cuadernito. Nunca supe si fue desprecio o ignorancia hacia mi persona y hacia los que me habían llevado hasta allí.

Sobre la Comisión de Peticiones:

El trabajo consistía en charlar un rato con el presidente (…) A mí aquello me pareció una estafa desde el primer día. Lo absurdo es seguir manteniendo esa ficción de legalismo populista e inservible.

Sobre la imposibilidad de aprobar una Proposición No de Ley:

Conseguimos sacarla adelante porque varios diputados del PP andaban por otros lares, (…) Un mes después el gobierno la echó por tierra. Ese día volví a entender el fraude de muchos de los procesos que se llevan a cabo en el parlamento.

Cuando me hartaba del tedio burocrático, de atravesar pasillos, subir o bajar escaleras y  naufragar en los ascensores con colegas de otros partidos, me llenaba de valor y, sacando fuerzas de la ignorancia, presentaba una Proposición No de Ley para que algún Ministerio atendieran una necesidad concreta. Como tenía pocos votos  (el único que me apoyaba era el diputado de IU), mi Proposición No de Ley se iba al garete y, si salía de la Comisión y se iba al ministerio correspondiente, se perdía por los despachos. Si algún día me encontraba a un subsecretario en la cafetería del Congreso y le preguntaba por aquella PNL, me miraba, sonreía y, con la boca todavía llena del último trozo de tortilla de patata me decía:

– Recuérdamelo mañana

Sobre la tardanza de los Ministerios en responder las preguntas por escrito:

A los becarios no les dejan contestar, porque lo hacen de manera muy rápida y podrían iniciar a los diputados. La lentitud es una forma de sabiduría.

Sobre la derecha:

Las gentes de la derecha le meten poca marcha al Código Penal por si alguna vez acaban detrás de los barrotes.

En este país hay mutilados de guerra y puntos cojos.

Nacionalistas de centro, o sea los nacionales.

Sobre la alternancia:

Muchas veces tras mis comparecencias la gente del PSOE aplaudían porque decía lo que ellos no se atrevían a decir, por si un día llegaban a ser Gobierno.

A modo de conclusión:

Ya con el tiempo superado, me doy cuenta de que mi visión de los aspectos interiores de la res pública no tiene nada que ver con la realidad: soy un ingenuo, un gilipollas que se cree que todo lo que supone que es bueno para las gentes, los países y los mares.

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  1. child in time
    febrero 7, 2010 en 9:03 pm

    Por eso no voto, porque es inútil. El sistema está tan viciado que el pueblo no pinta nada en el parlamento. Creo que una buena manera de darles en las pelotas y sacarlos de ahí sería que nadie fuese a votar. En eso es en lo que estoy.

  2. febrero 7, 2010 en 9:39 pm

    Hola Child, Labordeta cuenta en el libro una anécdota que te gustará. El presidente de la Comisión de Peticiones les convoca y con preocupación les dice:
    -Se ha recibido una petición extraña y resulta difícil discernir qué hacer con ella. El peticionario solicita la esterilización sexual del rey don Juan Carlos por temor a que transmita alguna enfermedad venérea a doña Sofía.
    De estas cosas se ocupa nuestro Parlamento…

  3. child in time
    febrero 7, 2010 en 11:55 pm

    Qué bueno, Dani. Fíjate que en el fondo el artículo que MOntero expone en la Trinchera, que es de Reverte, pues viene a apoyar a esto que cuenta Labordeta.
    Salú, amigo

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