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9. Comunismo y la izquierda

 

Dolores Ibárruri, Pasionaria, y Rafael Alberti, elegidos diputados comunistas el 15-Junio de 1977, en el hemiciclo del Congreso. Fotografía de Marisa Florez.

Qué digna suena la palabra España en labios de los comunistas viejos. Para escribir aquí y ahora he buscado esas canciones de Labordeta: Entre todos aquellos / Que hicieron lo posible / Para empujar la historia / Hacia la libertad. En uno de los capítulos de Un país en la mochila, Labordeta llega al Cantábrico y en lo alto de un acantilado entona el Canto a la libertad; yo aprendí así a respetar a los que tanto han hecho por este país y nunca han gobernado. España es una palabra más pura si la dicen ellos.

Había que hacer algo. Había que luchar desde la clandestinidad. Tenía que llover, como decía Pablo Guerrero: es tiempo de vivir y de soñar y de creer que tiene que llover a cántaros. Ismael Serrano lo recordaba en 1997, en una canción inolvidable donde aprendí mucho más aún.  Papá cuéntame otra vez ese cuento tan bonito de gendarmes y fascistas y estudiantes con flequillo y dulce guerrilla urbana en pantalones de campana. La canción es un hilo que nos lleva, por ejemplo, a Raimon. Escribo ahora escuchando la emocionante Al vent, sobrecogedora belleza de esos años rebosantes de juventud, ideas, París y antifranquismo.  Tots plens de nit, buscant la llum, buscant la pau, buscant a Déu, al vent del món.

¿He dicho París? Entonces pienso y escucho a un español con su guitarra, 1969, teatro Olympia. Paco Ibáñez enciende el sentimiento del que le escucha alternar poesía de 500 años atrás con letras cargadas de intención. Rafael Alberti pone el texto y Paco Ibáñez la voz y la guitarra: Las tierras, las tierras, las tierras de España / las grandes, las solas, desiertas llanuras,/ Galopa, caballo cuatralbo, jinete del pueblo, que la tierra es tuya. /¡ A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar!

Pienso en chaquetas de pana, estudiantes inconformistas, abogados de Atocha. Lo enlazo con las luchas sindicalistas que me relataban mis compañeros los barrenderos. Admiro a esa gente que contribuyó a cambiar España. Nuestra realidad les debe tributo. Lluís Llach sabía que el truco para derribar la estaca que les ataba era estirar todos a la vez. Y cayó, tumbó tan vieja y podrida que no pudieron levantarla… Creo que voy a  buscar esa foto de Alberti y la Pasionaria bajando las escaleras del Congreso de los Diputados…

Siset, que no veus l’estaca a on estem tots lligats?
Si no podem desfer-nos-en mai no podrem caminar!
Si estirem tots ella caurà i molt de temps no pot durar,
segur que tomba, tomba, tomba, i ens podrem alliberar.

Este texto fue originalmente publicado en el libro DUDAS (2006) 

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