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Esto iba a ser una carta de amor

Cómics, periódicos, un kimono, ropa en general, platos sucios…[miles de objetos] se aturullan en mi piso bajo mi mirada impotente… “era la única manera de sentirme vivo”, me digo para mis adentros (con cierta naturalidad); me tumbo en el colchón que hay en medio de la estancia y me quedo dormido con un libro en la mano. Un cordel rojo y finito cuelga de la cadenita de la luz del salón, extensión que me permite apagar la luz sin tener que levantarme; una réplica de ak-47 dormita encima de un sofá, su cargador curvo reposa debajo de la mesa lleno de bolitas de seis milímetros. Nada nuevo. Empieza a hacer frío y todo es desorden: mis ideas, mis cachivaches; a veces creo que en el trabajo se me caen las monedas con demasiada frecuencia. A menudo me descubro engañándome a mí mismo: estoy fuerte, pero nunca he sido un tipo saludable, más bien miope, más bien arrítmico, pasivo. Adicto al café.

Últimamente no paro de pensar en comida: ensalada capresse, sopa de verduras, potage de garbanzos, pescado frito pasado por harina y huevo…

Y de vez en cuando (tal vez mas ‘usually’ que ‘sometimes’) pienso en alguna chica; me gusta especialmente una que tiene un blogspot. Es pequeñita, de piel muy blanca y pelo negro, lectora empedernida, estudiante de filología. Me gusta lo que escribe y como escribe: nada vulgar, con densidad, con belleza y un toque de mala leche; pero sé con cierta seguridad que si ella no me gustase no perdería el tiempo en leer sus entradas. Me paso la vida observando. Cambió su foto de presentación (piel blanca, pechos pequeños, ojos entrecerrados, cuello frágil) por una taza de café. Y firma: cultura envasada al vacío y lista para el consumo. Y Dios le dijo a Eva: parirás con dolor. A los hombres nos castigó con nuestros deseos y el desgarro de no conseguir nada: nunca tocamos los dedos de Dios, los amores se terminan, la alegría es efímera, “vivir es andar breve jornada”.

Voy a probar suertes con la novela negra. Y seguiré a duras penas con mi proyecto de ser sincero. Me pregunto por qué no oriné sobre aquel pedante de la facultad ni le enseñé el culo. Me pregunto por qué es tan difícil ser uno mismo. ¿Por qué suena tan estúpido decirle “me gustas” a una filóloga que está tan buena? Esto último es evidente.

Por cierto, me he comprado un libro de refranes. ¿Sabéis? El infierno está lleno de buenas intenciones.

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  1. octubre 25, 2010 en 8:21 pm

    Dios, he tardado unos diez minutos en encontrarla y sólo un poco más en descubrir sus dos apellidos. Puto internet, ya no queda misterio.

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