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Bigotes, caballos y cantinas (III) – Tenacatita

Era viernes por la mañana y conducíamos por la carretera de la costa rumbo a Puerto Vallarta. Íbamos dejando a nuestra derecha una sucesión de montañas selváticas, y a nuestra izquierda las playas del Pacífico. Decidimos buscar en la guía alguna recomendación para hacer un alto y tomar un baño. Alguien encontró esto: En la bahía Tenacatita, rodeada de palmeras, se halla la playa Tenacatita, con aguas cristalinas donde bucear y un extenso manglar ideal para observar aves. Hay unos cuantos restaurantes agradables y hoteles correctos. Abandonamos la carretera y tras varios kilómetros detuvimos el coche junto a la valla. Estaba cerrada a cal y canto y al vernos llegar cuatro o cinco tipos se levantaron de inmediato. Yo no tenía muy claro qué era la Policía Auxiliar, pero una rápida observación de la chatarra que llevaban encima indicaba que la cosa iba en serio. Además del habitual fusil pude ver que llevaban pistola, un imponente machete, la porra y un aerosol defensivo. Félix se bajó del coche y estuvo hablando con uno de ellos. Cuando volvió dijo esto es muy raro, el tipo está muy nervioso, dice que podemos pasar sin problemas pero que tenemos que identificarnos. Podríamos haber dado la vuelta pero…

Bastó con la tarjeta de identificación del vehículo. Inspeccionaron el interior del coche, requisaron un par de cervezas calentorras que teníamos por ahí tiradas, nos dijeron que sólo podíamos hacer fotos enfocando hacia el mar y repitieron que podíamos bañarnos con toda tranquilidad y sin problemas.

Con poca tranquilidad avanzamos hasta llegar a la playa. Era una bahía apacible y nos convertimos en los únicos bañistas del momento, amablemente vigilados por algunos policías dispersos por las palapas, la inquietante presencia de una torreta de vigilancia y el vuelo bajo de un par de helicópteros militares que vinieron prestos a completar aquella escena surrealista. Qué coño pasa aquí. Yo qué sé, nos damos un baño rápido y nos piramos ¿no? Venga, no hagáis el chorra, dejad de señalar y actuad con disimulo… Más tarde vino una familia de lugareños y empecé a hablar con ellos para ver si me enteraba de algo. ¿Cómo es que hay tan poca gente? Aquí antes veníamos y la encontrábamos llena, había restaurantes y hoteles ¿Y ya no? No, ahora la playa es de los ricos y ya casi no viene gente.

Al irnos vimos escombros de demoliciones y más tarde en la red leímos algunas cosas al respecto: “Policía Auxiliar ataca a pobladores de Tenacatita tras manifestación pacífica” “Inmobiliaria Rodenas” “No a la privatización de Tenacatita” “Fueron desalojados, golpeados, encarcelados, y destruidos sus restaurantes” “Comenzó la demolición de fincas en el asentamiento de Tenacatita

Nos fuimos sin pena. Al atravesar el control de vuelta nos vinieron a devolver las cervezas pero les dijimos que podían quedárselas. El policía que las llevaba en la mano se puso a bromear con sus compañeros, simulando andar pegando tumbos con una borrachera salvaje.

 

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Otros capítulos de la serie Bigotes, caballos y cantinas:

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  1. Q
    septiembre 20, 2011 en 2:03 am

    Le Mirage, The Mirage, El Espejismo.

    Los mirages, los sonidos en silencio, la voz en los desiertos, el cactus que sobrevive sin la lluvia, la sequedad, el espejismo, las ilusiones opticas, el mismo horizonte, fatigado por la nada, el canto perdido de las aves, pero las aves saben, luego el arrastrar de las serpientes, las sonrisas perdidas, continuas son oidas no escuchadas. Y las serpientes tambien saben. Mirar sin ver. El decir solo hablado, esparcido sobre las dunas.
    La miel de los oasis que por la misma nada fluye, busca cauce. Lo que era en tinta, ya no es y lo que ahora es queda en los dedos y las unnas.
    El ninno pide, el ninno pide, y en el todo, la posibilidad del bravado queda desperdiciado, Queda en su espejismo.
    Se queda todo en el vivir un amanecer y el contemplar una luna durante un dia soleado. El mirage con la posibilidad de su realidad actuada.

    Esterilidad que invade, parpados cansados, noches estrelladas con fantasias encadenadas. Las mariposas vuelan en el buscar, el topo aventura en su tunel laberintico.
    El espejismo de la palabra, The Mirage of the word, Le Mirage encore. C’est toujours des mots.

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