Inicio > Viajes > Bigotes, caballos y cantinas (V) – Mario Díaz

Bigotes, caballos y cantinas (V) – Mario Díaz

Se llama Mario Díaz y estaba en la recepción del Hotel Jalisco. Cuando fuimos a preguntar nos dijo el precio, nos enseñó las habitaciones, nos habló de las bicicletas incluidas en la estancia y se quedó algo confuso cuando le dijimos que nos íbamos a mirar otros sitios para comparar. Finalmente regresamos y ya le acompañaba Mamita. Dijimos que nos quedábamos y Mario se puso a saltar de alegría cantando “yo los recibí, yo los recibí” y Mamita lo intentaba calmar pero Mario seguía brincando emocionado.

Mario Díaz tiene ocho años.

·············

Si alguna vez sufren una insolación, les recomiendo que la curen jugando al volley. Al menos para mí fue el remedio oportuno en una tarde de pelotazos, humedad y bromas que pasamos junto al Hotel Jalisco en Barra de Navidad. Habíamos vuelto pedaleando después de un día de playa en Melaque cuando empecé a notar que veía moverse los adoquines y ondear las letras de los graffitis. Entonces llegó el padre de Mario Díaz (que también se llama Mario Díaz), nos invitó a jugar en unas pistas municipales muy cercanas al hotel que regenta y nosotros accedimos gustosos a ser vapuleados por una tropa heterogénea y jubilosa que dominaba el juego como si hubiera pasado cientos de tardes practicando hasta el anochecer. Hicimos varios equipos y el nuestro perdía casi siempre. Fuera del campo, esperábamos sentados nuestro turno y aprovechábamos para observar a aquella gente.

Era un clan de pieles tostadas y buen humor que pasaba las horas de la tarde entre balonazos y mosquitos, gente risueña que nos hizo sentir como en casa, transportados de pronto a las pistas deportivas de nuestro barrio. Había unas veinte personas: Mamita, el padre de Mario Díaz, varios chicos y chicas jóvenes y unos cuantos críos correteando alrededor de la pista. Si no me enteré mal debían de ser casi todos de la misma familia, algunos hijos de Mamita y otros de las chicas jóvenes, que a su vez eran también hijas del padre de Mario Díaz. Completaban la escena algunos chavos del barrio que acudían al jolgorio, unos con moto petardera, otros tan cargados de prendas Nike que supondremos recién llegados de un viaje al Norte. Estuvimos allí un par de horas, jugando tantos puntos que incluso nació cierta complicidad y nosotros mismos también éramos parte de las chanzas.

Nos retiramos al anochecer. Los adoquines habían dejado de moverse y las letras de los graffitis ya no ondeaban. En el muro que bordeaba las pistas se podía leer un texto sobre la historia de la ciudad: Se conoció con varios nombres hasta 1541, año en que arribó el día 25 de Diciembre el Virrey de la Nueva España (México) Don Antonio de Mendoza dándole el nombre de Puerto de la Natividad o Navidad para conmemorar la llegada del Virrey. Barra de Navidad. Jalisco. Entonces recordé que habíamos elegido aquel lugar alentados por las evocadoras palabras que le dedicaba ese ángel de la guarda que resultó ser durante todo el viaje la guía Lonely Planet: Se dio a conocer el año 1564, cuando sus astilleros fabricaron los galeones que Miguel López de Legazpi y Andrés de Urdaneta utilizaron en el descubrimiento de Filipinas. Sin embargo, para 1600, la mayoría del tráfico marítimo se concentraba en Acapulco, y Barra cayó en el olvido, situación de la que aún no se ha recuperado por completo.

Es posible que en algún momento aparezca una visionaria autoridad local y decida aprovechar el antiguo relumbrón de la ciudad como reclamo turístico. Es posible que broten estatuas en las glorietas, un museo sobre la conquista de Filipinas y hasta una moderna réplica de galeón que ofrezca paseos por la bahía y haga sentirse a los visitantes cual marinos del Imperio Español. Pero de momento, caminando por la actual Barra de Navidad no se encuentran evidencias del glorioso pasado de su astillero. Hoy es una localidad comedida y turística, con una zona central de antros ruidosos y restaurantes donde probar el marisco recién pescado en alguna de las muchas barcas que descansan junto al malecón.

A pesar de lo que indique la guía, nuestra memoria no asociará aquel lugar con la ingeniería naval de tiempos remotos, ni con un puñado de barbudos aventureros que se embarcaron a conquistar islas lejanas en nombre del Reino de Castilla. Para nosotros siempre será ese sitio en el que correteaban Mario Díaz y un puñado de retacos que pueden ser sus hermanos o pueden ser sus sobrinos. Tengo la sospecha de que hoy también andarán incordiando a los mayores que están jugando al volley en aquellas pistas municipales.

Si alguna vez van a Barra de Navidad, pregunten por el Hotel Jalisco. Enfrente de su entrada está la cancha. Asómense. Allí encontrarán a una tropa heterogénea y jubilosa, a un clan de piel tostada y buen humor que acostumbra pasar las tardes entre pelotazos y bromas, gente risueña con una capacidad intacta para hacerles sentir que están en su propio barrio. Y por cierto, si también van a la playa de Melaque recuerden protegerse del sol. No tengo la seguridad de que siempre funcione el truco de hacer deporte para curar las insolaciones.

·············

Otros capítulos de la serie Bigotes, caballos y cantinas:

Anuncios
  1. septiembre 24, 2011 en 3:20 pm

    Aunque no haya comentarios, para mí Dani eres un espejo con una bufanda de Umbral, un Perez Reverte en la trinchera y un viaje de Javier Reverte.

    Espero que sigas publicando estas maravillosas historias que me hacen transportarme a México.

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: