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Bigotes, caballos y cantinas (XX) – Espinas

Fotografía de Ana Revuelta

Tomamos varios autocares durante las tres semanas que estuvimos en México. El procedimiento habitual incluía dos cacheos: el primero en el acceso a los andenes desde el edificio de la estación de autobuses, el segundo en la puerta del vehículo.

En una sola ocasión subimos al bus sin cacheo previo. Fue al regreso a Ciudad de México desde las pirámides de Teotihuacan. El vehículo estaba a punto de salir y nos montamos con premura. Al cabo de pocos kilómetros el conductor se detuvo en el arcén y al instante subió una mujer que vestía completamente de negro. “Todos los hombres fuera” dijo, y tras unos instantes de duda fuimos saliendo. Lo que nos encontramos los varones que viajábamos en el vehículo (una mezcla de trabajadores locales y de guiris desorientados) no era muy tranquilizador. Tres hombres de dudoso aspecto aguardaban a los viajeros en una precaria caseta a la orilla de la carretera. Uno de ellos llevaba una boina militar, otro una porra de grandes dimensiones y el tercero llevaba inscrita en su camiseta la palabra SECURITY. Lo único repetitivo en sus supuestos uniformes era el color negro. Nos cachearon y formamos una fila. Yo no entendía la situación pero todo era muy extraño. La actitud de los viajeros era completamente sumisa y resignada y yo ya empezaba a dar por perdida cuanto menos la cámara de fotos de Ángel. No sé cuanto tiempo estuvimos allí haciendo no se sabía muy bien qué, al lado de una carretera por la que seguían pasando los coches completamente indiferentes a nuestra suerte. No sé cuanto tiempo estuvimos así, alineados y mirando al suelo, pero a mí se me hizo una eternidad en la que no podía sacarme de encima una profunda sensación de vulnerabilidad.

Finalmente la mujer salió del vehículo y pudimos volver a nuestros asientos. Al parecer había revisado el bolso de las mujeres y aquello se trataba de algún tipo de seguridad privada contratada por la compañía de autobuses. No me quedé a preguntarle los detalles al conductor cuando por fin llegamos a la estación del D.F.

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Otros capítulos de la serie Bigotes, caballos y cantinas:

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