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Soledad

Durante algunos años tuve esta fotografía en la pared de mi habitación. Me gustaba mirarla detenidamente. Siempre acababa centrándome en la chica, en la soledad de la chica, en el misterio que envuelve su figura apartada. La foto podría estar hecha en cualquier país, pero podemos imaginar que los dos jóvenes se mueven en el extrarradio de una gran ciudad. También podemos sospechar que esa ciudad es Madrid, y ya puestos vamos a inventarnos que es primavera y que pasan las horas de la tarde.

Es difícil negar ante esta imagen la existencia del momento único para atrapar la magia del instante. La solidez y quietud de la edificación y de la chica contrastan con el dinamismo y la fugacidad del chico, silueta móvil y algo difuminada que se está escapando del cuadro. A la izquierda, en la parte superior, está el brazo derecho del chico. A la derecha, en la parte inferior, está la chica. Los dos elementos trazan una clara diagonal que vendría a ser la proyección de uno de los lados del triángulo que forman las piernas del chico con el techo del edificio. ¿Es todo esto casual? Cuesta comprender cómo pueden coincidir estos detalles en el preciso momento en que el fotógrafo aprieta el disparador.

Algo habrá que decir también del simbolismo. Casualidad o no, el macho está en movimiento, exhibiéndose, realizando una actividad física y con algún calculado riesgo. La hembra espera en soledad, inmóvil, acurrucada en sus pensamientos. ¿En qué piensa? ¿qué mira? ¿a qué dirige su interés? Por el momento parece que no está dispuesta a prestar ninguna atención al macho, que puede seguir haciendo acrobacias hasta hartarse.

Habrá quien busque poesía en los graffitis (¿necesidad de expresión de la identidad?) o el cielo azul azul que bendice esta Meseta. Para mí la magia está en la chica, que no sabe que la están retratando, a diferencia del chico, que es plenamente consciente. Él está regalando su imagen al fotógrafo, está posando. A ella le hemos robado su soledad. A traición.

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Categorías:Fotografía Etiquetas: , ,
  1. enero 8, 2012 en 5:22 pm

    P.Daniel , los dos primeros párrafos que has escrito sobre mi foto Soledad has dado con las coordenadas precisas, cierto es que podría ser en cualquier país pero está hecha en el extrarradio de Alcalá de Henares, en concreto en el Polideportivo del Juncal en en la primavera del año 1999. Por aquella época que iba al instituto I. E.S. Igancio Ellacuría me dedicaba a ir por Alcalá con mi bicicleta y la cámara de fotos.

    La foto la hice con mucha suerte porque es un momento imposible de repetir como bien describes con estas palabras “momento único para atrapar la magia del instante”,

    La foto se llama Soledad, todo tiene que ver con la chica, parece estar sola mientras el mundo se mueve, no importarle los movimientos artísticos del chico (no sé si era su novio o un amigo), pero lo que está claro es que estaban unidos por algo que no era el deporte del patín y el aura que desprende sus ágiles movimientos.

    Qué será de este patinador, que se presto a que le fotografiase y de esta muchacha entretenida con sus cosas. Ya han pasado casi 13 años y no les volví a ver, ni ellos vieron nunca estas fotos.

    Respecto al propósito por el que escribiste el texto, creo que la fotografía podría estar expuesta en cualquiera de mis exposiciones, el texto quedaría como pie de explicación de la foto.

    Muchas gracias P. Daniel por escribir este maravilloso texto sobre mi fotografía, creo que la unión de artistas siempre hace que el movimiento sea más intenso, más potente con ese rebufo que necesito para no quedarme atrás del mundo.

  2. Lili
    enero 9, 2012 en 10:38 pm

    Se le robo a esa chica su intimidad, que tal si está leyendo? que tal si solo está buscando exactamente eso… la soledad.

  3. enero 10, 2012 en 1:51 pm

    Esa chica no representa a nadie en concreto y es todas las chicas que están acurrucadas en las pistas de patinaje de todo el mundo.

    La soledad la encontró porque el anonimato es eso Soledad, pero aún así no sé si viese esta foto si lograría reconocerse, quizás eso pantalones rojos, y ese pelo encima de los hombros la delatasen a ella misma.

  4. Daniel Carrillo
    enero 13, 2012 en 6:49 pm

    Y qué es el artista, sino un ladrón. Un ladrón y un asesino, en cierto modo.

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