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Libres, como el sol cuando amanece

“Querer o no querer decidir en función de las circunstancias que nos han tocado es la libertad. Y en esto creo que estamos obligados a ser libres. Tirar o no tirar el dado. No caer en el esencialismo de si el hombre es una mera máquina, un animal o una marioneta. Nadie sabe todavía qué es el hombre. Me parece extraño eso de ‘naturaleza humana’ porque estoy de acuerdo en aquello de que el hombre no tiene naturaleza sino historia. Esto no quiere decir que no tiren más dos tetas que dos carretas (que nuestros genes tienen mucho peso, y llevados a “condiciones de elevada presión y temperatura” son los que deciden), pero es evidente que tenemos el poder de elegir. Que alguien considere que debe o no elegir es cuestión aparte, pero tú decides si violas a tu vecina o no. Esto conduce a una segunda cuestión, la de hacerse cada uno, a sí mismo, responsable de sus actos. Obviamente actuarías de mala fe si dijeras que violaste a tu vecina porque según la teoría de la evolución como animales que somos queremos dejar descendencia. O que no la violaste en último término porque según la teoría de la evolución reprimiste ese impulso pensando en el bien de la sociedad. El problema es que la afirmación del destino es irrefutable, mi destino me obligó a escribirte y no pude evitarlo, vaya.
Estoy de acuerdo, obviamente, en que los electrones se comportan siempre como se tienen que comportar (al menos antes del advenimiento de la física cuántica) y que el agua destilada hierve -siempre- a 100º C y por eso utilicé el término ‘acotamos’, porque las ciencias trabajan por aproximación a los fenómenos que tratan de definir, explicar y predecir; y por eso se dice que la física cuántica es más completa que la física de Newton, y el descubrimiento de la teoría de la relatividad de Einstein permitió explicar fenómenos que antes eran misteriosos. De igual manera, me referí al orden oculto del movimiento de los cuerpos celestes porque los antiguos, al observar los cielos, determinaron que el movimiento de los planetas debía guardar un orden (kósmos = orden), pero no quedó demostrado hasta que pasaron cientos de años de observación astronómica, a eso me refería con el “orden oculto”.
Como la filosofía es poesía, la analogía entre el universo y el hombre es, también, de orden poético. En mi opinión el hombre no tiene esencia, y que su esencia sea acaso el ADN es algo que está por demostrar. Como el hombre no tiene esencia (opino), tampoco tiene un orden oculto dentro de sí. El hombre vive constantemente proyectado hacia adelante, pre-ocupado por sus circunstancias y su futuro, y cada cual tiene en sus manos, a la greña de las circunstancias, su proyecto de vida.
A lo que me refiero con ser HOMBRES, en el pleno sentido de la palabra, y no ratas, es a ese proyecto: a elegir, a dialogar, y, si se quiere, a filosofar. No sé dónde leí que el hombre está un milímetro por encima del chimpancé, cuando no un centímetro por debajo del cerdo. El hombre que busca Diógenes con un farol encendido a pleno día es el que se debate consigo mismo por tratar de ser mejor a cada día. No tenemos libertad suficiente para ser perfectos, pero tenemos perfecta libertad para intentarlo, y lo mejor que podemos hacer, en tanto que hombres, es morir en el intento”.

Tenemos abierto un intercambio de ideas en el Blog de Alberto “Tres monos”; la entrada de Alberto se titula “La ética y el gusto”.

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