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Espadas y lluvia

Al principio fue una lucha entre iguales. Aprendían y se entregaban, luchaban hasta que la cama quedaba desbaratada y nacía en cada uno de ellos la sorpresa al descubrirse de pronto en una posición inexplicable. La piel de ella era un lecho extraordinariamente cálido, una continuidad de seda y fuego, y él quería que no se acabara nunca. Después, la dulce mezcla de respiración alborotada fue cambiando. Se hicieron más expertos y previsibles, enemigos desiguales en un violento tornado. Fue por la época en la que ella lloraba todos los días, y él le calmaba las lágrimas a golpe de placer. Pasaron a ser agresor y agredida. Ella recibía los navajazos con una especie de resignación y celo, y él aceptaba aquel dominio, temeroso de sobrepasar el límite del dolor, atento a cualquier signo de exceso para volver a la caricia. Pero ella siempre pedía más, y él sufría y se lo entregaba imaginando espadas y lluvia.

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Categorías:Amor
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