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Diarios de Jipijapa y Latinoamericanos (II): Cuando las ganas me apuran

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Subirse en un autobús a toda hostia rumbo a Cuenca (Ecuador), mientras uno siente que el autobús no se priva de los límites de las leyes y la física, mientras sube unas sierras y puertos tipo tour de Francia, pero uno se mea porque ha estado bebiendo lo que quería, y de repente los fluidos quieren expulsar su ser, y uno va como puede al servicio de atrás, mientras el autobús se tambalea como una peonza sin fuerza a punto de caerse, uno se mete en el baño y le da en la cara aire fresco de la sierra, pero me empotro contra las paredes del baño, arriba abajo a los lados contra el lavabo contra la taza, otra vez contra la taza… me agarro fuertemente a una barandilla superando los límites de la gravedad, pero nada, imposible “maldita hija de puta” mi vejiga se neutraliza a pesar de toda la fuerza por expulsar fluidos, el miedo a mancharse es tan obvio como que me imagino mi mano amarilla. Mientras tanto creas cola y te golpean la puerta con ganas de guerra, con fuerza a los oídos con cera, te cabreas con los viajeros. Decides dar la guerra por perdida y vuelves al asiento de “adelante” pensando lo estúpido que es la naturaleza humana, pero no miro a nadie, mientras observo mi mano, y sientes que algo va a pasar en este viaje.

Y así es uno se marea y decide contemplar en paisaje mientras piensa en la película El último Mohicano, por los paisajes que uno divisa, verdes, espectaculares, llenos de vida, donde Dios se acordó de ser Dios. Pero a las dos horas revientas por dentro de nuevo, vas como puedes a pedir la llave al acompañante del conductor, te la deniegan con un “no”, te vuelves a sentar sin ganas de nada, te agarras los pantalones y con desafió le vuelves a pedir la llave al “hj …” del conductor (cuarto hora después) te dice “estamos ya llegando a la estación de autobuses, aguante un poco, no sea malito” te quedas de pie con cara de “cohudo” le dices con ojos desafiante ¡deme la llave, ya!, te la da pero cuando te quieres dar cuenta el autobús gira a la derecha bruscamente, una mano me sujeta la bragueta la otra la llave y vuelas un mortal para atrás tipo película, caes encima de dos ancianos ecuatorianos, y por casi de un niño pequeño, pero te levantas sin saber que ha pasado, la mano derecha en la bragueta cogida y tiras para el baño a toda hostia, intenta abrir la cerradura con esa llave maldita, pero no, no hay suerte, los movimientos del autobús me recuerda a las borracheras de verano, al final se abre la maldita puerta, y parece que ya por fin uno dispara balas, nunca uno pensó que mear era como subir al cielo. “Pi pi pi pi pi ya hemos llegado pasajeros, por favor bajen”, “pi pi pi suena mi meada en la que sale humo por la presión que uno llega a provocar, y uno sigue la vida mientras grita en el baño aleluya.

Desde Guayaquil, la ciudad con más piratas que conozco del mundo, dónde lo mortal e inexplicable se junta con el sofocante calor y la desmedida de una ciudad portuaria que nunca te deja de sorprenderte y meterte más miedo que el diablo.

VIAJE DE IDA FALTA EL DE VUELTA.

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Categorías:Ecuador, Uncategorized
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