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30. Morir viajando por Grouchoo

ÍNDICE DEL LIBRO DUDAS

Es hermoso partir sin decir adiós,/ Serena la mirada, firme la voz./ Si de verás me buscas me encontrarás./ Es muy largo el camino. Para mirar atrás./

Qué más da, que más da/ Aquí o allá.

J. M. Serrat , Vagabundear.

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¿Quién dijo que viajar era gastar dinero?… ¿Quién me hablo que los sueños son viajes imposibles?… ¿Quién se vino igual que fue de escalar montañas y atravesar polvo del camino?… ¿Quién invento la aventura de vivir y morir?…¿Quién no sueña en una vuelta a casa después de mil lastres, desengaños y amigos que nunca volverán a encontrarse en esa despedida sin retorno hacia el reencuentro de tu Ariadna en la estación de Atocha?… ¿Qué amigo me cambio la vida y es parte de mi corazón? …

Morir pero viajando, hasta el fin, hasta donde el horizonte que nuestro ojos no vean, hasta donde el nacionalismo enfermizo se convierta en una tontería de un par de paletos, donde Marco Polo sea uno más de miles, donde la poesía sea una expansión de mi camino, donde el universo se pueda tocar con mis dedos, donde las fronteras estén hechas para cruzarlas, donde National Geographic no tenga suficientes hojas para escribir sus descubrimientos, donde morir sea por ver tanta cultura con los pies llenos de cayos y las zapatillas parezcan restos de cualquier camino embarrado, donde en cualquier sitio sea tu sitio y la frontera de alambrado de Melilla parezca una verja para políticos corruptos y no para personas que buscan un futuro digno. Viajar hasta que Javier Reverte no tenga suficiente tiempo de escribir lo que uno ha visto con la retina de sus ojos.

Así vivirá el personaje de mi libro preferido, que acaba muriendo en cualquier lugar perdido, convirtiéndose en parte del paisaje, como la novela Viaje a ninguna parte de Fernández Fernán Gómez.

Nunca me dejará de impresionar una bicicleta y el polvo que deja en el camino, pedaleando en ella el chico con barba y cazadora vieja de cuero negra que lleva en la espalda la frase Morir Viajando. La verdad, que imitarlo sería falso, ya que hacer postales para la galería me perjudicaría mi conciencia, pero esa fotografía que pose mi cabeza grabada en blanco y negro virada en sepia me atrapó cuando caminaba hacia una senda perdida un día de viaje.

Algún día dejaré de escribir para caminar descalzo por la playa, y gritar a los cuatro vientos, ¡soy perro viejo pero camino!

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30. Morir viajando por P. Daniel Carrillo


Este texto fue originalmente publicado en el libro DUDAS (2006).

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