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De padres e hijos (Mejor educados, Gregorio Luri)

Este post es una continuación de la serie iniciada con De la educación (Mejor educados, Gregorio Luri).

mejor-educados

No permitas que, a la hora de decidir su futuro, solo preste oídos a la confusa voz de su corazón. El corazón es un órgano valiosísimo, pero no está diseñado como orientador vocacional. Que luche por conseguir lo que quiere… siempre que tenga claro lo que quiere y sepa ofrecer razones para justificar su opción. Quien no sabe que quiere, no sabe qué hacer.

La capacidad de un niño para concentrarse en una actividad aislándose de las distracciones ambientales tiene una potencia predictiva mucho mayor que un test de inteligencia.

Me gustó un cartel que circulaba hace poco por internet y que decía: “Campaña Haga un favor a la humanidad. Diga no a su hijo cuando haga falta. La sociedad se lo agradecerá”.

Hay dos lecciones de economía fundamental que todo niño debería aprender en casa lo antes posible con el ejemplo permanente de la conducta de sus padres. Están resumidas en el cuento de la lechera y en la fábula de la cigarra y la hormiga. Háganme caso: hay más sabiduría económica en estas dos sencillas historias que muchos sesudos tratados y en muchos masters de afamadas escuelas de negocio.

Cuando os digan que tienen unos padres pelmas, aburridos o cualquier otra cosa, estáis autorizados para decirles que antes de tenerlos a ellos erais menos pelmas y menos aburridos, porque teníais más dinero a vuestra disposición y más tiempo libre para disfrutarlo.

Cuando oigo a un padre o una madre gritar a su hijo eso de “¡te lo he dicho mil veces”, pienso que debería ser suficientemente sensato para comprender que sí a la de cien no le ha hecho caso, difícilmente le hará caso a la ciento una, por mucho que le grite.

Si quieres contribuir al rendimiento escolar de tu hijo, cuida el orden de tu casa.

Si les hacemos creer que su futuro está totalmente en manos de la suerte, difícilmente encontrarán motivos para esforzarse.

He defendido públicamente, medio en broma medio en serio, la necesidad de ampliar los derechos de los niños para incluir el derecho a vivir en la realidad, el derecho a ser frustrado, el derecho a aprender a postergar la satisfacción del deseo (que es el derecho que tiene el pastelero de no comerse los ingredientes mientras está haciendo un pastel), y el derecho a meditar una respuesta antes de apresurarse a contestar, y el derecho a disfrutar del silencio (del arte del silencio), que es el derecho de todo ser humano a encontrarse en condiciones de oír tanto su propia voz interior como los sonidos que ocupan el segundo plano del mundo punto deberíamos plantearnos nuestra relación auditiva con el medio de la misma manera que nos planteamos nuestra alimentación: cuidando la dieta y el menú. Veríamos entonces que la dieta diaria que consumimos de sonidos es muy poco nutritiva. Estamos subalimentados. Consumimos demasiados productos grasos (las estridencias sonoras que nos envuelven) y muy pocas frutas y verduras (el silencio).

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