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Extremoduro

yo+minoria+absoluta

Se cumplen ya 30 años desde la formación de Extremoduro, pero yo me pongo a escuchar su primer disco Rock Transgresivo y me suena más fresco, peleón y rupturista que todo lo de ahora.

Me siguen sorprendiendo la voz de Robe Iniesta y esas letras de poesía pura: un verso de lirismo exquisito y, en el siguiente, la mayor burrada. Me sigo preguntando cómo es que uno de los grupos más escuchados y longevos del Reino de España no haya tenido nunca buena promoción ni apoyo mediático. Y quizá es mejor así, que siga habiendo una cultura popular y masiva que no necesite salir en las radiofórmulas ni en los magazines dominicales.

Aunque una vez alcanzaron la popularidad. Fue cuando sacaron un disco con nombre de rey visigodo y colaron una canción en la peli de El Dia de la Bestia. Por aquel entonces yo ni siquiera había llegado a la edad de salir, beber, y el rollo de siempre, pero estaba deslumbrado porque acaba de aprender que había gente que cantaba y escribía como yo no hubiera pensado que fuera posible hacerlo.

Más tarde Extremoduro siguió ampliando su legado con discos como sinfonías, conciertos multitudinarios y una estética de impacto. En la portada del disco Yo, minoría absoluta aparece el vocalista caracterizado como Cristo. Me gusta mucho esa imagen porque representa el dolor de todos los artistas puros, los mesías que sufren por nosotros cantando una verdad profunda que no podemos sentir o no sabemos decir o no nos atrevemos a gritar porque no hemos llegado a ser lo que siempre me pareció que era el Robe: un hombre desesperadamente libre.

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Publicado originalmente como columna radiofónica en el programa Cualquier Día de RUAH – Radio Universitaria de Alcalá de Henares ruah.es.

Por qué no hablamos de fútbol

noviembre 27, 2016 Deja un comentario

Se cumplen 300 programas de Cualquier Día, y si tuviera que extraer una lección periodística de tantos años me quedaría con este descubrimiento: la selección de noticias es el verdadero mensaje.

Antes de venir a la radio yo veía los informativos atento a lo que me contaban y al tratamiento que a ello le daban. Los medios hablaban más de políticos que de política, más de sucesos puntuales que de cambios sociales y más, mucho más, de fútbol que de todo lo demás.

Con la educadora experiencia de contribuir al guión semanal aportando noticias, he aprendido que la elección de lo que se expone ya tiene una carga ideológica, social y cultural; que independientemente del tratamiento ya existe una intención previa al seleccionar los temas.

Y más importante aún que lo que se cuenta es, ay, lo que no se cuenta. Con el resabio del perro viejo maldigo desde el sofá al interés malsano de los directores de informativos que deciden que se hable más de políticos que de política, más de sucesos puntuales que de cambios sociales y de fútbol… de fútbol… de fútbol nunca hablamos en Cualquier Día.

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Publicado originalmente como columna radiofónica en el programa Cualquier Día de RUAH – Radio Universitaria de Alcalá de Henares ruah.es.

Delegar tu salud

Vas al médico como quien iba al templo, buscando una sabiduría bondadosa que se ocupe de tu destino. Vas deseando que te receten salud para después ir a la farmacia a comprarla, pues es nuestro mundo consumista y todo se puede alcanzar pagando. El efecto secundario de la pastilla no le hace ningún mal a las farmacéuticas, siempre tan lozanas, y es cierto que el medicamento calma los síntomas. Pero la verdadera causa de tu dolencia permanece intacta, enraizada en el cuerpo y en la mente.

Haces como que no sabes que tienes mucho poder sobre tu salud, aunque te hayas acostumbrado a no escuchar las alarmas que te envían tus sensaciones. Pero es tu cuerpo el resultado de tus decisiones y de tus hábitos, de lo que le metes, de lo que lo mueves y de la atención que le prestas. Y tu mente, siempre buscando excusas, prefiere no aceptar que, en sociedades prósperas, la principal causa mortal es el estilo de vida que elegimos.

Y es tu mente, también, la que te lleva a delegar en el médico los asuntos de tu salud. Será, quizá, para no tener que ser responsable de nada, de pensar en lo que comes, de controlar tus adicciones, de cambiar las rutinas que te hunden, de contener los impulsos que te dañan, de enfrentarte a ti mismo.

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Publicado originalmente como columna radiofónica en el programa Cualquier Día de RUAH – Radio Universitaria de Alcalá de Henares ruah.es.

La vida moderna

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Salir a correr para después publicarlo en el Facebook, usar un filtro de Instagram para la foto del restaurante, subir la imagen de los pies en la playa para dar envidia, pedir un gin tonic historiado con tontunas para pagar el doble, esprintar en la rueda del hamster para no llegar a ningún lado, tuitear, whatsappear y compartir.

Leer novedades editoriales para ser de la élite que lee, aunque no entienda. Quejarse siempre de todo, y no hacer nada para cambiar. Creerse informado por entrar varias veces al día en elpais.com. Vivir la vida moderna, la de llevar al niño al cole en monovolumen, la de mirar el móvil en los diez segundos del ascensor, la de los edificios de cristal donde no se puede vivir sin aire acondicionado y sin calefacción.

Ir al gimnasio en coche. Comprarlo casi todo en los chinos. Pedir online ropa low cost y viajar en vuelos low cost, pero, eso sí, escandalizarse ante los salarios low cost. Un plástico para cada magdalena, leche desnatada, sacarina y todo, siempre, light.

Y siempre, también, sentirse cansados y mal dormidos. Estar sin estar, como pensando en otra cosa o queriendo estar en otro lado. Vivir viviendo para el futuro, y al alcanzarlo estar ya pensando en lo siguiente, mientras -arena fina-, el presente se escapa entre los dedos.

Y cuando llegue el día del último viaje, y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, morir, sin duda, ligeros de equipaje, casi desnudos, como los hijos de la mar. Doblar el ala, también, con una cierta sensación, apenas un ruidito de fondo, ese rumorcillo ¿sabes? de haberte dedicado a hacer el gilipollas.

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Publicado originalmente como columna radiofónica en el programa Cualquier Día de RUAH – Radio Universitaria de Alcalá de Henares ruah.es.

La pasión

Ahora escuchamos constantemente hablar de la pasión: persigue tu pasión, descubre tu pasión, no abandones tu pasión, encontrarás un camino lleno de dificultades, mas podrás sobreponerte a todo si te dedicas a lo que te apasiona.

Sin embargo, a mí lo primero que se me viene a la cabeza cuando me hablan de pasión es un Jesús de Galilea sanguinolento subiendo el Gólgota con una pesada cruz a cuestas.

Pero vayamos a la raíz de la palabra, a ver si así conseguimos aprehenderla. Pasión viene del latín passio, y este a su vez del griego páthos, que es: sufrimiento, especialmente el del ánimo. Acción de padecer es la primera acepción en lengua española.

Es por todo esto que yo no quiero buscar mi pasión. Más bien quisiera dedicar mis horas a algo que me estimule, aportar algo bueno, y ojalá bello, trabajar con gente interesante, visitar lugares inspiradores. Si me permiten la cursilería, diré que moriría tranquilo si consigo dejar una pequeña huella al tratar de crear un mundo mejor del que encontré.

Yo no sé cuál es mi pasión, ni quiero saberlo. Prefiero disfrutar de las vistas de la ascensión, parando a cada trecho a mirar el paisaje y hacerlo libre de coronas con espinas. Y, desde luego, no voy en busca del sufrimiento, especialmente de aquel que no tiene asegurado el triunfo. Al fin y al cabo, la historia del Cristo, al menos en lo meramente humano, no acaba nada bien.

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Publicado originalmente como columna radiofónica en el programa Cualquier Día de RUAH – Radio Universitaria de Alcalá de Henares ruah.es.

Gabriel García Márquez y Cien años de soledad

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Cuando murió García Márquez lloré de pena durante un momento, y a continuación de alegría al recordar la felicidad inmensa que me provocó la primera lectura de Cien años de soledad, la fascinación adolescente que me obligaba a interrumpir la lectura, a dejar el libro sobre la cama y a respirar profundamente mientras miraba al techo abrumado ante el poderío de una prosa torrencial. Mi sentimiento es de gratitud eterna por la dicha íntima de todas y cada una de las relecturas, de todas y cada una de las noches que he abierto la novela por una página al azar y me he fugado a Macondo, allí donde el fondo y la forma se cruzan en el cenit. Gratitud eterna, también, por la creación de José Arcadio Buendía, el héroe voluntarioso, acaso mi personaje literario favorito, acaso una historia paralela a la del propio García Márquez, que alcanzó la maestría del único modo que encontró la humanidad para llegar a ella: con ansia de aprendizaje, voluntad, trabajo, renuncia y entrega.

http://www.ivoox.com/garcia-marquez-cien-anos-soledad_md_3101133_1.mp3″ Ir a descargar

Publicado originalmente como columna radiofónica en el programa Cualquier Día de RUAH – Radio Universitaria de Alcalá de Henares ruah.es.

La mentirijilla de Luis del Olmo

febrero 24, 2014 5 comentarios

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Era época de exámenes. Aproveché un descanso en el estudio para acercarme al Teatro Salón Cervantes, desde donde Punto Radio estaba emitiendo su programa matinal. Sobre el escenario había una alargada mesa, una maraña de cables, mucha cartelería de la emisora, habituales tertulianos, redactores, técnicos, y en el centro de todo Luis del Olmo, el veterano y prestigioso locutor radiofónico, que dirigía y presentaba su programa Protagonistas desde hacía más de veinte años.

El público, del que formé parte unos diez minutos antes de volver a mis apuntes, era muy escaso: una treintena de pensionistas dispersos por la platea. Yo ya estaba abandonando el lugar cuando Luis del Olmo dijo algo así como doy paso a la publicidad pero antes pido un fuerte aplauso del público que abarrota este teatro de Alcalá de Henares.

Aquello me paralizó. Había dicho el público que abarrota. Podría haber dicho el público que asiste, el público que nos acompaña, el público que se ha acercado hasta aquí. Pero dijo que los cuatro gatos abarrotábamos el Teatro.

Han pasado varios años y no dejo de recordarlo. Sigo pensando que Luis del Olmo es uno de los periodistas más coherentes, abiertos y ecuánimes del panorama. Y precisamente por ello me obligo a tener presente la anécdota cada vez que consumo información. Si un tipo así mintió tan descaradamente en una cosa tan absurda, ¿qué podemos creer? ¿y a quién?.

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Publicado originalmente como columna radiofónica en el programa Cualquier Día de RUAH – Radio Universitaria de Alcalá de Henares ruah.es.