Archivo

Posts Tagged ‘cataluña’

Los otros independentistas

ESTELADAS

Quiero pensar que hay independentistas que busquen una secesión tranquila, pactada y con apoyo de una clara mayoría. Que estén pensando en un proyecto de dimensión (al menos) generacional.

Quiero pensar que hay independentistas que invoquen la democracia que yo creo verdadera: una que no va de votar cada cuatro años sino de soportar entre todos el peso de la soberanía; una que no trata de imponer la tiranía de la mitad más uno, sino la sensatez de lo mejor para todos.

Quiero pensar que hay independentistas que afrontan la autodeterminación del futuro sin renunciar a la memoria del pasado compartido, a esa mezcla de gloria y vergüenza, de Imperio y de espanto que nos ha llevado hasta aquí. Los que aceptan su cuota de deuda y no sólo su reparto del botín.

Porque hay otros independentistas, sé que los hay, que apelan a derechos pero no quieren saber nada de deberes. Victimistas que dibujan una historia que no existió y prometen un futuro que no puede existir. Cortoplacistas que tanta tensión y tanto odio causan, irresponsables que secretamente suspiran por más violencia, fachas periféricos cuyo perfume reivindicativo no consigue tapar su peste a supremacismo.

Sé que los hay, sí, y que no dejan de dar la tabarra. A veces parece que van a ganar la batalla por aburrimiento de un contrario que al final ceda al grito de “tanta paz lleves como descanso dejas”.

Pero yo quiero pensar que también hay independentistas que de corazón busquen una democracia más directa y más cercana. Y que desde lo local o lo regional podrían sumarse voluntariamente a algunas ideas de fraternidad tan bellas: la de una Europa de los pueblos, la de una unión Ibérica o la de una gran alianza Hispanoamericana.

Y quiero también pensar que los hay, por qué no, independentistas a los que, como a mí, les de tanta pena la bandera de los unos en el balcón como la bandera de los otros en el estadio.

Ir a descargar

Publicado originalmente como columna radiofónica en el programa Cualquier Día de RUAH – Radio Universitaria de Alcalá de Henares.

Vino

enero 20, 2011 8 comentarios
vino.JPG
*Fotografía de derekGavey

Me gusta beber vino, a poder ser en copa alta y abierta, de cristal y sin adornos. No he estudiado ni leído casi nada de vinos, ni acostumbro a compartir mesa con ningún gilipollas de esos que hablan de aromas con reminiscencias a frutas del bosque y color teja.

Lo poco que sé lo he aprendido a partir de la experiencia, con tiempo y un mínimo de atención, pero ni juntando todo podría hablar más de dos minutos. He observado en los riojas vetustos un color casi anaranjado, y en los riberas jóvenes un violeta orgulloso. La uva garnacha consigue un sabor bravucón, y los vinos de Cataluña me saben algo ásperos, enraizados, levemente ariscos de entrada y sin embargo sociables y leales partir de la segunda copa. Aunque, ahora que lo pienso, esto último podría tener connotaciones políticas, quien sabe.

No se diferenciar un rueda de un albariño, ni un albariño de un ribeiro, y apenas he probado los rosados. Bebí vino de la tierra en los diferentes países europeos en los que estuve, pero con cierta profundidad sólo conocí el Lambrusco; ya saben, aquellas cenas con final feliz.

Me gusta beber vino mientras escribo en el ordenador un domingo por la noche, y me gusta hacerlo en los bares del otoño, y en las mesas bien acompañadas y con mi padre y con mi abuelo. Me gusta descorchar personalmente, oler el corcho y luego aspirar de la propia botella para adivinar desde el principio por dónde van a ir los tiros. Aunque, esto también lo he aprendido con tiempo y atención, hay vinos que huelen mejor que saben y vinos que ganan después, cuando abandonan la boca y comienzan a bajar por los adentros, cuando el paladar se da cuenta de que allí ya no hay nada y que sólo queda dar otro trago para intentar atrapar esa sensación que se ha escapado.

A veces he pensado en comprarme un libro, o hacer un curso, o ver videos en el youtube, que los habrá. Pero de momento siempre me he rajado, porque me va bien a mi aire, partiendo de la experiencia, dedicando algo de tiempo y un mínimo de atención.