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Posts Tagged ‘Filosofía’

De la sociedad (Mejor educados, Gregorio Luri)

Este post es una continuación de la serie:

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La confianza es el componente más importante del capital social de un país.

En Francia se habla de “déclassement”, que es el fenómeno que expresa la incapacidad de muchos jóvenes para mantener la posición social de sus padres. El resultado es un difuso sentimiento de frustración acompañado de un resentimiento social que en parte va dirigido contra la escuela, porque ha sido incapaz de realizar lo que prometía: una vida mejor.

Enseñar a ser puntual es enseñar a hacer bien el propio trabajo, además de una profunda señal de respeto hacia los demás. Nunca he comprendido esta tradición, tan común entre nosotros, de comenzar las reuniones con cinco minutos de retraso. A menudo oigo decir que son los cinco minutos de cortesía con los que llegan tarde. No lo veo así. Me parecen cinco minutos de descortesía con los que han llegado puntuales.

En estos últimos años se ha producido un una monumental transformación en las familias de nuestra sociedad: hace tiempo que la madre ha salido de casa, pero el padre aún no ha entrado.

No pongamos mil reglas, sino pocas y suficientemente claras para no tener que estar continuamente discutiéndolas.

Quizás, en el fondo, no haya ninguna diferencia entre una persona inteligente y una persona que sabe leer.

Lo que cultura general “non dat”, Wikipedia “non praestat”.

El miedo a la libertad de nuestros hijos ha ido creciendo nuestras sociedades al mismo tiempo que la complejidad de las ciudades modernas.

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De los valores (Mejor educados, Gregorio Luri)

Este post es una continuación de la serie:

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El mundo se divide en dos clases de personas: las que quieren ser felices y las que saben lo que quieren.

Lamentablemente, entre nosotros copiar en un examen (hacer chuletas) no significa ser deshonesto o tramposo. Al contrario, es algo de lo que te puedes enorgullecer entre tus compañeros e incorporar a la propia memoria heroica. Entre nosotros, por lo visto, ser tramposo es perfectamente compatible con la imagen de uno mismo.

No es lo mismo verse a uno mismo conducido pasivamente y de manera fatalista hacia un destino imposible de modificar que marcarse un destino y organizar la propia vida en función del rumbo elegido. Solamente los segundos confían en ellos mismos y en sus propias fuerzas.

La excelencia de una persona se pone de manifiesto cuando tiene el hábito de situar sus aspiraciones más allá de la mediocridad y no se conforma con resultados que estén por debajo de estas aspiraciones. La educación de este hábito es nuestra responsabilidad.

El coraje no es la ausencia de miedo o de vergüenza, sino la capacidad de hacer lo que hay que hacer a pesar del miedo la vergüenza.

Hace falta mucho coraje para atreverse a ir más allá de las convicciones. Hace falta mucho coraje incluso para interrogarse por las condiciones que soportan nuestros hábitos, para defender públicamente nuestras convicciones y para mantenernos fieles a la palabra dada.

La importancia de la disciplina no se mide por el valor de las cosas que nos prohíbe hacer, sino por el valor de todo lo que nos permite conseguir. Por ello es completamente prescindible para aquellos que no aspiran a nada.

La disciplina es la higiene de la voluntad.

Cuándo nos disciplinamos, estamos haciendo nuestras convicciones valiosas y sometiéndonos a su autoridad, y lo hacemos, ciertamente, por respeto a esas convicciones, pero sobre todo por respeto hacia nosotros mismos, ya que pueden ayudarnos a desarrollar nuestras mejores cualidades.

Sin conciencia del deber no hay conciencia de la libertad.

Ser disciplinado es más importante que ser listo.

De los hábitos (Mejor educados, Gregorio Luri)

Este post es una continuación de la serie:

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Si nos levantamos temprano y trabajamos duro, quizás se despertará en nosotros la chispa de la creatividad, pero, si no es así, probablemente llegaremos a ser unos técnicos competentes.

No importa el fracaso. Lo que importa es si hay o no posibilidad de reintentar el éxito con los recursos complementarios que nos ha proporcionado la experiencia del pasado. La experiencia no es lo que nos pasa, si no lo que aprendemos con lo que nos pasa.

No se puede aprender a ser autónomo sin experimentar ámbitos crecientes de autonomía.

Defendía Einstein que el único lugar donde el éxito precede al trabajo es el diccionario.

Hay mucha gente que cree que lo que se aprende de manera fácil se aprende mejor. La realidad, sin embargo, parece ser otra. Cuando nos esforzamos para comprender algo, estamos diciéndole a nuestro cerebro que almacene lo que estamos aprendiendo con la etiqueta de “importante”, de manera que después sea más fácil recordarlo.

El hábito del entretenimiento crea personas que necesitan ser entretenidas.

Para leer bien necesitas controlar tu propia atención, mientras que para entretenerte hay que dejarla ir.

Se habla mucho de los efectos de las nuevas tecnologías en el cerebro. En realidad, donde más se dejan notar es en el cuerpo: vicios posturales, sedentarismo, obesidad, disminución de las habilidades físicas en los niños…

Cuántas más cosas hacemos al mismo tiempo, peor hacemos cada una de ellas, como todos sabemos bien por propia experiencia. Ahora a esto de dispersarse haciendo cosas diversas le han dado el nombre de multitasking. Créanme: si se trata de hacer algo serio, no funciona. Los llamados multitasker nos ofrecen pocos trabajos serios. Para hacer las cosas bien hechas, es mucho mejor ordenar las tareas según su prioridad y hacer una después de otra, concentrando todas nuestras energías en hacer lo mejor posible la única cosa que estamos haciendo. La dispersión y el pensamiento crítico siguen caminos opuestos. La dispersión consume mucha información, pero asimila poca.
En cuestiones de rendimiento, menos es más. El multitasking es, de hecho, lo opuesto a la productividad.

De padres e hijos (Mejor educados, Gregorio Luri)

Este post es una continuación de la serie iniciada con De la educación (Mejor educados, Gregorio Luri).

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No permitas que, a la hora de decidir su futuro, solo preste oídos a la confusa voz de su corazón. El corazón es un órgano valiosísimo, pero no está diseñado como orientador vocacional. Que luche por conseguir lo que quiere… siempre que tenga claro lo que quiere y sepa ofrecer razones para justificar su opción. Quien no sabe que quiere, no sabe qué hacer.

La capacidad de un niño para concentrarse en una actividad aislándose de las distracciones ambientales tiene una potencia predictiva mucho mayor que un test de inteligencia.

Me gustó un cartel que circulaba hace poco por internet y que decía: “Campaña Haga un favor a la humanidad. Diga no a su hijo cuando haga falta. La sociedad se lo agradecerá”.

Hay dos lecciones de economía fundamental que todo niño debería aprender en casa lo antes posible con el ejemplo permanente de la conducta de sus padres. Están resumidas en el cuento de la lechera y en la fábula de la cigarra y la hormiga. Háganme caso: hay más sabiduría económica en estas dos sencillas historias que muchos sesudos tratados y en muchos masters de afamadas escuelas de negocio.

Cuando os digan que tienen unos padres pelmas, aburridos o cualquier otra cosa, estáis autorizados para decirles que antes de tenerlos a ellos erais menos pelmas y menos aburridos, porque teníais más dinero a vuestra disposición y más tiempo libre para disfrutarlo.

Cuando oigo a un padre o una madre gritar a su hijo eso de “¡te lo he dicho mil veces”, pienso que debería ser suficientemente sensato para comprender que sí a la de cien no le ha hecho caso, difícilmente le hará caso a la ciento una, por mucho que le grite.

Si quieres contribuir al rendimiento escolar de tu hijo, cuida el orden de tu casa.

Si les hacemos creer que su futuro está totalmente en manos de la suerte, difícilmente encontrarán motivos para esforzarse.

He defendido públicamente, medio en broma medio en serio, la necesidad de ampliar los derechos de los niños para incluir el derecho a vivir en la realidad, el derecho a ser frustrado, el derecho a aprender a postergar la satisfacción del deseo (que es el derecho que tiene el pastelero de no comerse los ingredientes mientras está haciendo un pastel), y el derecho a meditar una respuesta antes de apresurarse a contestar, y el derecho a disfrutar del silencio (del arte del silencio), que es el derecho de todo ser humano a encontrarse en condiciones de oír tanto su propia voz interior como los sonidos que ocupan el segundo plano del mundo punto deberíamos plantearnos nuestra relación auditiva con el medio de la misma manera que nos planteamos nuestra alimentación: cuidando la dieta y el menú. Veríamos entonces que la dieta diaria que consumimos de sonidos es muy poco nutritiva. Estamos subalimentados. Consumimos demasiados productos grasos (las estridencias sonoras que nos envuelven) y muy pocas frutas y verduras (el silencio).

Esto sí que es vida

(POR RICHARD VAUGHAN*)

En mis años de profesor de inglés, el 90% de mis alumnos han sido maestros en el arte de encontrar excusas, no solo para no hacer el esfuerzo que se exige para aprender inglés, sino para no llegar a la cima de su profesión. Cualquier distracción les ha bastado para perder clase, para no estudiar o, en lo profesional, para sentarse al fresquito, con un fino y pescaíto frito, y fingir ser un despreocupado señorito que desprecia el trabajo. Con respecto a mis alumnos, mi conclusión era que no tenían mucho interés en aprender. Me insistían en que no, pero nunca me lo llegaron a demostrar.

¿Y usted en su vida profesional? ¿Le gustaría ver el alcance de su potencial, ver lo que es capaz de conseguir a través del esfuerzo? ¿O prefiere, como tantos, dejar la conducción del tren a otros, desentenderse del ajetreo diario y, con su fino en una mano, su tenedor en la otra y su plato de pescaíto frito en la mesa, alegar que, desde Adán y Eva, es sabido que trabajar es el castigo de Dios y a quien le gusta el castigo de Dios es, por definición, pecador?

Pues ahí tenemos a nuestro amigo, sentado en mi restaurante andaluz favorito de Madrid, Giralda IV, tomando su ración y catando su jerez. Es fácil no solo entender su actitud, sino hasta admirarla. Como diría él, la vida es corta y está llena de problemas. ¿Para qué complicarla más con retos y aspiraciones? Con unas palmadas acompasadas, ejecutadas al son del rasgueo de un buen tocaor, y con el seductor olor y sabor de unos salmonetes, boquerones y cigalas de la costa, ¿quién quiere más?

¿Qué le digo, buen lector? ¿Cómo debo responder a su desafío? ¿Seré yo, al final, con mis miles de horas de esfuerzo, el más tonto de todos? ¿Haría mejor en dejar este artículo sin terminar para entregarme a los placeres de la vida y navegar sobre las apacibles aguas de un mar en calma? ¿Voy, en definitiva, mal encaminado?

Yo, a diferencia de nuestro amigo, conozco ambos lados de la discusión aquí. Conozco el fino, el caviar, los percebes y la gamba de Huelva. Conozco los huevos con morcilla, la barbacoa tejana, el cochinillo de Arévalo y la saltimbocca romana. Conozco el olor del azahar, el sabor de una hermosa mujer, el tacto del satén sobre la piel y el romántico reflejo lineal de la Luna, grande y anaranjada, cuando, apenas asomándose sobre las serenas aguas del mar, inicia su recorrido por el firmamento. Pero también conozco algo que nuestro amigo ignora. Hablo aquí de la emoción de la victoria, de la satisfacción del trabajo bien hecho, del deleite de la sensación de mejora personal, del gusto de ver el fruto de mi labor como un amor correspondido, y sobre todo, de la vigorizante emoción de sentirme dueño y señor de mi entorno y de mi destino, de sentirme capacitado para elegir mis futuros y conseguirlos, de poder, en definitiva, observar cómo logro inclinar la balanza orteguiana del yo y mi circunstancia a mi favor.

Esto, amigos, vale por 10 vidas de olores, sabores, manjares y exquisiteces. Si usted, a través de las actitudes positivas, llega a sentirse capaz de forjar el camino que quiere en la vida, esto le fortalecerá tanto que no solo podrá alcanzar el éxito profesional y la felicidad personal, sino que acabará también por catar esos otros placeres de la vida mucho más que nuestro amigo y aspirante a señorito.

* Publicado en MAGAZINE – EL MUNDO

Schopenhauer hic et nunc

enero 30, 2012 2 comentarios

El proverbio dice: “Si tu problema tiene solución, ¿de qué te preocupas? Si tu problema no tiene solución, ¿de qué te preocupas?”. ¿Tiene solución el problema ‘hombre’? En cualquier caso el hombre mentado, abstracto, hijo de dios y padre de los hombres; el hombre enajenado y cabal, ficticio y sufriente.
Gracias a las palabras podemos ponerle nombre a las cosas, pero parece que es el único don que hemos recibido. Nombrar cosas nos ha servido para construir conceptos, sistemas, edificios y armas de fuego. Somos más eficientes, más justos y más injustos que ningún otro animalito. Y el problema ‘hombre’ no es un problema porque no existen los hombres-concepto, sólo los hombres individuales, y tomados en conjunto no hemos cambiado en nada. Somos trogloditas, hombres de las cavernas, devoradores de carroña. Y aunque orgullosos de nuestros títulos, oficiales o científicos, es decir, bachiller o lord inglés, homo faber, ridens o sapiens, seguimos sin ser nada concreto. Y toda nuestra vanagloria, nuestra estética, nuestros valores morales son, objetivamente, lo que nos dé la gana que sea.
‘Persona’ parece que viene del griego ‘prosopon’, “máscara” del ‘hypocrites’, hipócrita, actor del teatro. El actor que somos cada uno interpretando cada día el papel que nos autoasignamos. Sin valor para levantar el velo que oculta la verdad.
Por detrás parece haber una fuerza que por medio del caos construye un orden, que produce a los seres y los destruye, ciega y caprichosamente. Y nosotros somos uno de esos seres, con la “suerte” de poder ver el derrumbamiento de los mundos que esa misma fuerza permite o no permite existir o subsistir. Testigos de nuestra respiración desde nuestras cárceles de placer y dolor, desde el amanecer de nuestros días hasta el morir más inconcluso. Testigos de todo y nada.

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Libres, como el sol cuando amanece

enero 10, 2012 Deja un comentario

“Querer o no querer decidir en función de las circunstancias que nos han tocado es la libertad. Y en esto creo que estamos obligados a ser libres. Tirar o no tirar el dado. No caer en el esencialismo de si el hombre es una mera máquina, un animal o una marioneta. Nadie sabe todavía qué es el hombre. Me parece extraño eso de ‘naturaleza humana’ porque estoy de acuerdo en aquello de que el hombre no tiene naturaleza sino historia. Esto no quiere decir que no tiren más dos tetas que dos carretas (que nuestros genes tienen mucho peso, y llevados a “condiciones de elevada presión y temperatura” son los que deciden), pero es evidente que tenemos el poder de elegir. Que alguien considere que debe o no elegir es cuestión aparte, pero tú decides si violas a tu vecina o no. Esto conduce a una segunda cuestión, la de hacerse cada uno, a sí mismo, responsable de sus actos. Obviamente actuarías de mala fe si dijeras que violaste a tu vecina porque según la teoría de la evolución como animales que somos queremos dejar descendencia. O que no la violaste en último término porque según la teoría de la evolución reprimiste ese impulso pensando en el bien de la sociedad. El problema es que la afirmación del destino es irrefutable, mi destino me obligó a escribirte y no pude evitarlo, vaya.
Estoy de acuerdo, obviamente, en que los electrones se comportan siempre como se tienen que comportar (al menos antes del advenimiento de la física cuántica) y que el agua destilada hierve -siempre- a 100º C y por eso utilicé el término ‘acotamos’, porque las ciencias trabajan por aproximación a los fenómenos que tratan de definir, explicar y predecir; y por eso se dice que la física cuántica es más completa que la física de Newton, y el descubrimiento de la teoría de la relatividad de Einstein permitió explicar fenómenos que antes eran misteriosos. De igual manera, me referí al orden oculto del movimiento de los cuerpos celestes porque los antiguos, al observar los cielos, determinaron que el movimiento de los planetas debía guardar un orden (kósmos = orden), pero no quedó demostrado hasta que pasaron cientos de años de observación astronómica, a eso me refería con el “orden oculto”.
Como la filosofía es poesía, la analogía entre el universo y el hombre es, también, de orden poético. En mi opinión el hombre no tiene esencia, y que su esencia sea acaso el ADN es algo que está por demostrar. Como el hombre no tiene esencia (opino), tampoco tiene un orden oculto dentro de sí. El hombre vive constantemente proyectado hacia adelante, pre-ocupado por sus circunstancias y su futuro, y cada cual tiene en sus manos, a la greña de las circunstancias, su proyecto de vida.
A lo que me refiero con ser HOMBRES, en el pleno sentido de la palabra, y no ratas, es a ese proyecto: a elegir, a dialogar, y, si se quiere, a filosofar. No sé dónde leí que el hombre está un milímetro por encima del chimpancé, cuando no un centímetro por debajo del cerdo. El hombre que busca Diógenes con un farol encendido a pleno día es el que se debate consigo mismo por tratar de ser mejor a cada día. No tenemos libertad suficiente para ser perfectos, pero tenemos perfecta libertad para intentarlo, y lo mejor que podemos hacer, en tanto que hombres, es morir en el intento”.

Tenemos abierto un intercambio de ideas en el Blog de Alberto “Tres monos”; la entrada de Alberto se titula “La ética y el gusto”.