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Posts Tagged ‘libro’

Plataforma – Michel Houellebecq

noviembre 5, 2013 3 comentarios

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Mis antepasados europeos habían trabajado duro durante varios siglos; se habían propuesto dominar y luego transformar el mundo, y en cierta medida lo habían conseguido. Lo habían hecho por intereses económicos y por amor al trabajo, pero también porque creían en la superioridad de su civilización: habían inventado el sueño, el progreso, la utopía, el futuro.

Esa conciencia de misión civilizadora se había evaporado a lo largo del siglo XX. Los europeos, o por lo menos algunos de ellos, seguían trabajando, y a veces trabajando duro; pero lo hacían por interés o por un apego neurótico a su trabajo; la conciencia inocente de su derecho natural a dominar el mundo y a dirigir su historia había desaparecido. Como consecuencia de los esfuerzos acumulados, Europa seguía siendo un continente rico; pero estaba claro que yo había perdido esas cualidades de inteligencia y de obstinación que caracterizaban a mis antepasados. Como europeo acomodado, yo podía adquirir a un precio menor, en otros países, alimentos, servicios y mujeres; como europeo decadente, consciente de la cercanía de la muerte y en plena posesión de mi egoísmo, no veía el más mínimo motivo para privarme de todo eso. Sin embargo, era consciente de que una situación semejante era apenas sostenible, que la gente como yo era incapaz de garantizar la supervivencia de una sociedad, que incluso era, pura y simplemente, indigna de vivir. Vendrían cambios, ya estaban ocurriendo, pero yo no conseguía sentirme realmente afectado; mi única motivación auténtica consistía en librarme de toda aquella mierda lo más deprisa posible.

El abuelo Alexander

septiembre 17, 2013 4 comentarios

Unos meses después de la muerte de la abuela comenzó a reverdecer la vida amorosa de mi abuelo, tempestuosa y espléndida. Y al mismo tiempo, eso creo, mi abuelo de setenta y siete años descubrió el placer del sexo.

Aún no se había quitado el polvo del entierro de la abuela de los zapatos cuando la casa se llenó de mujeres dispuestas a consolar, ayudar, repeler la soledad y ser comprensivas. No le dejaban solo ni un instante, le reconfortaban con guisos calientes, le reanimaban con pasteles de manzana, y a él, al parecer, le gustaba no permitirles que le dejaran solo: durante toda su vida había deseado a las mujeres, fueran cuales fueran. Deseaba a todas las mujeres, a las guapas y a las que tenían una belleza que los demás hombres no sabían apreciar: «Las señoras», algo así sentenció una vez mi abuelo, «son todas guapas. Todas sin excepción. Pero los hombres», sonrió, «están ciegos. ¡Completamente ciegos! Sólo se ven a sí mismos, ni siquiera a sí mismos. ¡Están ciegos!».

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Pasaba horas en su mesa de la discreta segunda planta del café Atara, en la calle Ben Yehuda, con un traje azul oscuro, una corbata de lunares, sonrosado, sonriente, pulcro, bien arreglado, oliendo a champú, talco y perfume, cautivador con su camisa blanca almidonada como una tabla, con su impecable pañuelo en el bolsillo de la chaqueta, con sus gemelos de plata en los puños, rodeado siempre de un séquito de mujeres bien conservadas de unos cincuenta o sesenta años: viudas con corsés apretados y medias de nailon con costura, divorciadas bien maquilladas, damas elegantes llenas de sortijas, pendientes y pulseras que se hacían la manicura, la pedicura, la permanente y se marcaban el cabello, matronas que hablaban un hebreo macarrónico con acento húngaro, polaco, rumano o balcánico. Al abuelo le gustaba su compañía y ellas se derretían con sus encantos: era un conversador fascinante y divertido, un gentleman del siglo XIX, les besaba la mano, se apresuraba a abrirles las puertas, ofrecía su brazo en las escaleras y en las cuestas, recordaba las fechas de los cumpleaños, enviaba ramos de flores y bombones, las escuchaba atentamente, elogiaba con sutileza el corte del vestido, el cambio de peinado, los elegantes zapatos o el nuevo bolso, bromeaba con ocurrencias y buen gusto, recitaba un poema en el momento preciso, conversaba con pasión y buen humor. Una vez abrí una puerta y vi a mi abuelo de noventa años arrodillado delante de la viuda morena, oronda y risueña de un notario. La señora me guiñó el ojo por encima de la cabeza de mi abuelo enamorado y sonrió enseñando las dos filas de dientes demasiado completas para ser auténticas. Me fui y cerré despacio la puerta, sin que el abuelo me viera.

¿Cuál era el secreto del atractivo viril del abuelo? Es posible que sólo lo empezara a comprender al cabo de los años. Tenía una cualidad muy rara en los hombres, posiblemente la cualidad más sexy para muchas mujeres: sabía escuchar.

No simplemente hacía que escuchaba, por educación, esperando con impaciencia a que terminaran y se callaran de una vez.

No interrumpía las frases de su interlocutora y las terminaba en su lugar llevado por la impaciencia.

No la interrumpía ni se inmiscuía en lo que estaba diciendo para concluir y pasar a otro tema.

No dejaba que ella le hablase al vacío mientras él preparaba su respuesta para cuando por fin terminase.

No fingía que le interesaba o disfrutaba sino que le interesaba y disfrutaba de verdad. En suma: era un curioso infatigable.

No era impaciente. No aspiraba a llevar la conversación de los insignificantes argumentos de ella a los importantes de él.

Todo lo contrario: le gustaban mucho esos argumentos. Le agradaba esperarla y, aunque se alargase, la esperaba y se deleitaba mientras tanto con sus rodeos. No metía prisa. No apremiaba. Esperaba a que terminase e incluso cuando acababa no se precipitaba, sino que le gustaba seguir esperándola: a lo mejor tenía algo más que añadir. A lo mejor se le ocurría otra feliz idea.

Le gustaba dejar que ella le cogiese de la mano y, a su ritmo, le condujese a sus sitios favoritos. Le gustaba acompañarla como una flauta acompaña una melodía.

Le gustaba conocerla. Le gustaba comprender. Saber. Le gustaba llegar al fondo de su mente, e incluso más allá.

Le gustaba entregarse, deseaba entregarse más que deleitarse con la entrega de ella.

Nu, shto: ellas hablaban y hablaban con él hasta que no podían más, hablaban incluso de las cosas más íntimas, secretas y sensibles, y él escuchaba con
sutileza, con ternura, con empatía e indulgencia.

No, no con indulgencia sino con placer y sentimiento.

Hay un montón de hombres a los que les gusta muchísimo el sexo, incondicionalmente, pero odian a las mujeres.

A mi abuelo, eso creo, le gustaban ambas cosas.

Y con delicadeza: sin echar cuentas, sin pedir nada a cambio. Nunca apremiaba. Le gustaba zarpar y no apresurarse a echar el ancla.

 

Extraído de Una historia de amor y oscuridad, del escritor israelí Amos Oz.

Sobre DUDAS (el libro)

julio 29, 2013 3 comentarios

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Han pasado más de seis años desde la creación del blog y a mí me quedaban 31 capítulos del libro DUDAS por subir. El plan inicial que trazamos Grouchoo y yo era publicar cada capítulo como una entrada independiente del blog y a la vez enlazarlo desde el índice de capítulos hasta completar el libro en versión online.

He decidido subir todos de una vez (se pueden leer aquí) porque no está bien dejar las cosas a medias y porque no me convencía publicarlos como nuevas entradas de este blog. Han pasado unos diez años desde que empezamos a escribir aquello, muchos de mis puntos de vista han cambiado y no estoy especialmente orgulloso de la mayor parte de esos textos, que en su enfoque o en su redacción presentan típicos pecados de juventud. Quiero decir que si los escribiera ahora intentaría ser más claro, más enfocado, mencionaría a menos autores y trataría de escribir con más llaneza. Hay algunos a los que incluso me dan ganas de subtitular con algo así como yo de esto no me hago responsable…

Dicho esto, y trato de ser ecuánime, a pesar de los años y de las grandes imperfecciones sigo pensando que el librito tiene sus bondades. Lorenzo dijo que era un libro aguerrido y a mí me gusta pensar que se le pueda aplicar alguna de las tres acepciones del término. Mi permanente tendencia a la nostalgia me hace añorar aquella frescura, ay, ese desparpajo. Hasta miro con cierta ternura esa facilidad para aseverar, esa desvergüenza para hablar de esto y de lo otro sin tener ni puta idea.

Presentación de Memorias del tiempo discreto (I)

El libro Memorias del tiempo discreto fue presentado el 24 de abril de 2010 en La casa tapón de Alcalá de Henares.

Bigotes, caballos y cantinas (X) – El bolígrafo de Rulfo

octubre 2, 2011 4 comentarios

Cuenta que al levantar el borde de la sábana que cubría al ahogado, revivió en la cenagosa profundidad de pantano de sus ojos abiertos un barrio de solares ruinosos y tronchados geranios cruzado de punta a punta por silbidos de afilador; un remoto espejismo traspasado por el aullido azul de la verdad. Y que a pesar de las elegantes sienes plateadas, la piel bronceada y las sortijas de oro que aún lucía el cadáver, le reconoció; que todo habían sido espejuelos, dijo, en aquel tiempo y aquellas calles, incluido ese trapero que al cabo de treinta años alcanzaba su corrupción final enmascarado de dignidad y dinero (Si te dicen que caí, Juan Marsé)

Muy cerca del Zócalo, en el puro centro de Ciudad de México, se encuentra la calle Donceles, donde hay unas cuantas librerías de viejo. Estuvimos en varias de ellas, muy parecidas todas: grandes espacios repletos de libros, pasillos en los que perderse, escaleras para acceder a los estantes que llegan hasta el techo, el olor penetrante del papel ajado y tras el mostrador un tendero absorto en la lectura al que uno se ve obligado a molestar para que lo cobren.

Hay casi tanta felicidad en el hecho de buscar el tesoro (cada uno a su aire, sin brújula, fascinado entre esos pasillos y ese aroma) como en el momento de verlo aparecer. Yo me encontré una primera edición mexicana de Si te dicen que caí (y por tanto mundial, ya que fue publicado allí en 1973 y no se editó en España hasta el fin de la dictadura) y un ejemplar un tanto especial de El llano en llamas.

* La fotografía es de newsfeike

Pensé que la novela de Juan Marsé sería un buen regalo para un buen amigo. Su tapa dura, sus páginas amarillentas y el olor -una vez más- tan presente me hicieron sentir por segunda vez eso que supongo sentirán los bibliófilos ante una buena presa (el estreno fue con una primera edición cubana de Cien años de soledad que me regaló otro buen amigo). La apariencia del otro libro que me llevé, una edición de bolsillo de El llano en llamas, no era su principal encanto. Yo andaba buscando un Pedro Páramo pero cambié de idea al descubrir en la primera página del libro de relatos una dedicatoria escrita a bolígrafo que me abrió la sonrisa de par en par:

A la bellísima y admirable Yolanda, con un cariñoso y sincero abrazo de su amigo
Rulfo
Diciembre de 1980

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Otros capítulos de la serie Bigotes, caballos y cantinas:

8. Mitos (estatuas de barro) por P. Daniel Carrillo

junio 5, 2011 7 comentarios
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Función oscilante

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A veces aparece de improviso y el suelo parece que se mueve. La veo de lejos y me falta el aire, los nervios se disparan y el corazón no se basta para bombear. Un mito muy vivo que hace explotar mi realidad serena y la vida es otra cosa, un disparo en la frontera, un mordisco que no duele, una tarde de lluvia inolvidable. Bombea el corazón llenando de energía todo el cuerpo y entonces comprendes que todo merece la pena, que merece la pena echar monedas al juego de la vida, que a veces toca el bingo, que la gente nace y muere y se reproduce y se ilusiona porque hay minutos que justifican un mes, porque hay momentos que justifican una vida, porque a veces la ves de lejos de improviso y falta el aire y ya no hay calle ni acera ni razón y uno se cree que sí, que es capaz de parar el tiempo sacando la ruedecilla del reloj.

 


Este texto fue originalmente publicado en el libro DUDAS (2006)

32. La dictadura de la democracia por P. Daniel Carrillo

enero 16, 2011 5 comentarios

ÍNDICE DEL LIBRO DUDAS

Vais a votar cabreados y con ganas de echar del poder a esa panda de chulos que os caen tan mal. A alguno hay que votar, decís, y elegís de entre dos opciones equivalentes la que menos os disgusta. Y al final gana el que más sonríe en la tele pero menos cosas dice. Os pasáis la vida insultando a los políticos, diciendo son todos iguales, mentirosos, corruptos y descarados, pero llegan las elecciones y corréis a darles cera, a conjurar la abstención, ahí vais todos juntitos a aprobar las constituciones europeas que hagan falta. Nunca os pararéis a valorar el voto a los partidos minoritarios, eso es tirar el voto a la basura, os lo dicen y os quedáis tan tranquilos. Y entonces me doy cuenta de que habéis comprendido una definición de democracia que no es la mía. Os consideráis los más demócratas de vuestro portal, pero rabiáis cuando gana Ibarretxe y cuando Bush se convierte en el presidente más votado de la historia en EE.UU. Cuando no sale el que queréis siempre hay excusas. Lo que pasa en el País Vasco es que van a votar acojonados. Lo que les pasa a los votantes de Bush es que son unos ignorantes, que les tiene comida la cabeza con la bandera y todo eso. Lo que os pasa es que no os creéis la democracia. Lo que os pasa es que no buscáis información fuera de los canales mayoritarios, que no queréis saber, que no vais a perder el tiempo en pensar. Sois todos progresistas a muerte, pero siempre estáis dispuestos a reírle las gracias al Rey. Que tío más majo, opináis, y que familia real tan modélica, que ni siquiera da escándalos. Pues eso, sois tan progresistas que habéis llegado al feudalismo. No sois de ningún partido y lleváis el centro por bandera, pero ni siquiera os planteáis comprar un día otro periódico diferente del de siempre. Reconozco que ejercitáis con acierto la democracia tal y como se pensó en el XVIII, como mero mecanismo de control a los gobernantes. Atacáis con vuestro voto a todo lo que no votáis, a los que estaban antes por prepotentes, a los que quieren llegar por ausencia de programa. Y a las minorías le pisáis el cuello por enanos. Todo este juego es defensivo, es negativo, es filosofía barata en zapatos de goma. Es la dictadura de la democracia, de vuestra democracia bipartidista y televisiva.

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Este texto fue originalmente publicado en el libro DUDAS (2006).

 

23. Leer el periódico y otras mentiras

noviembre 29, 2010 7 comentarios

Digan lo que digan sé que no soy igual ante la ley que el resto de mis compatriotas. La justicia no existe, y si algún día aparece la dama de la balanza y de la espada seguro que no tiene nada que ver con esos edificios llenos de policías y burócratas. Los funcionarios del ministerio judicial no pasan de ser unos asalariados del mecanismo del Estado; no sería de ley exigirles que además tuvieran la facultad divina de aplicar La Justicia. Mientras rellenan la quiniela y desayunan por tercera vez en lo que va de mañana voy a recordar que el Poder Judicial es en gran medida rehén del Poder Político. El Fiscal General del Estado, por ejemplo, es nombrado por el Gobierno. Los tribunales más exclusivos son tambien los más politizados. El entramado de leyes sigue aumentando a buen ritmo, prohibiendo más y más cosas, disminuyendo sin prisa pero sin pausa el campo de acción legal de los individuos. Si el Poder Judicial que trata de hacer cumplir las leyes está politizado, el Legislativo que las crea es directamente difícil de separar del Poder Político, que en este Reino es administrado por las mismas entidades o instrumentos representativos. Me refiero a los Partidos Políticos, en los que reside casi totalmente el Poder, al menos los Poderes Político y Legislativo. Con Montesquieu más que enterrado no tenemos otra opción que analizar qué se puede hacer con los Partidos, buscando la llave de la… ¿libertad?… ¿democracia?… a estas alturas me conformaría con que hubiera representatividad. Pues tampoco. Los Partidos Políticos funcionan aquí con listas cerradas, es decir que el político antes de perseguir el voto del ciudadano tiene que preocuparse de ganar puntos dentro de una mafia ciertamente compleja; si consigue acceder a un cargo parlamentario deberá someterse a la disciplina de voto que le imponga el Partido. Tampoco ayuda a la representatividad el curioso reparto de escaños  por provincias, la utilización de la Ley D’Hont y demás sistemas pactados para que, por ejemplo, en 2004 Izquierda Unida obtuviera 5 escaños en el Congreso con 1.269.532 votos y Esquerra Republicana de Cataluña llegará a 8 representantes cuando tan sólo lo habían apoyado 649.999 españoles.

Sería muy higiénico que se hablara de cómo el pacto de la Transición llevaba implícito un fomento de los nacionalismos periféricos, de cómo el sistema de financiación de los Partidos pudre desde la raíz la idea de un juego limpio, de cómo la Libertad de Expresión no está asegurada, de cómo las diferentes Políticas de Información, Liberalización o Educación ahogan la posibilidad de un futuro más democrático. Sería interesante que la elite intelectual replanteara el sistema con escepticismo y valentía. Sería muy bueno que todo esto aflorara de vez en cuando en los periódicos, también.


Me he sorprendido al releer este texto que escribí hace unos cinco años y que fue publicado originalmente como parte del libro DUDAS. Pienso que sigue perfectamente vigente y que hay que seguir dando la matraca con este tema. En las elecciones catalanas de ayer Ciutadans obtuvo 105.827 y 3 escaños, mientras que el partido de Laporta consiguió 4 escaños con 3.730 votos menos. No es justo.


Siset, que no veus l’estaca
a on estem tots lligats?
Si no podem desfer-nos-en
mai no podrem caminar!

Si estirem tots ella caurà
i molt de temps no pot durar,
segur que tomba, tomba, tomba,
ben corcada deu ser ja.

Si jo l’estiro fort per aquí
i tu l’estires fort per allà,
segur que tomba, tomba, tomba
i ens podrem alliberar.


El sistema electoral español es injusto. Seguimos estirando para tumbarlo.

22. Ciberadictos por P. Daniel Carrillo

noviembre 18, 2010 Deja un comentario

ÍNDICE DEL LIBRO DUDAS

Dios se llama Google, y en su omnipresencia lo está viendo todo.

La naturaleza es cosa del pasado, la ley del más fuerte es una quimera romántica y ya no hay selva ni leones ni gacelas.

El lago Victoria se ha unido al mar en la herida del Rift, tal como profetizó otro madrileño que dijo el lago es bello hasta romperte los ojos.

Cuatro gafotas feos sin salir de su casa han cambiado el mundo, inventaron los PC, los microsofts y los buscadores googlelianos y los pusieron al servicio del poder en un movimiento revanchista contra los líderes espontáneos que les quitaban el bocadillo en los recreos.

Ahora gobierna la debilidad, que vigila con webcams y programas espía todo lo que no supo vigilar con músculos y palos.

La red es un universo sin límites ni fronteras, un estado federal de mil Matrix superpuestos en un orden que nadie comprende.

Dios, que se llama Google, es invadido las tardes de domingo por un sentimiento de nostalgia mientras nota que la pesca se le escurre entre las manos.

Todo fluye, está bañándose en ese río que ya no el mismo río de ayer y de paso vaticina que a través de la fibra óptica se va a deshacer el imperio.

Qué tío más perspicaz era ese de Éfeso.

Mientras tanto, la utopía del software libre dejo de ser una utopía, y lo cierto es que hubo guerra entre unos gafotas y otros, todos sin salir de su casa lucharon en uno y otro bando tu Linux contra mi Windows y tal y al final virus va spyware viene todo acabó con la emboscada definitiva en el desfiladero de las Termópilas.

Borrachos de Grand Thief Auto, vomitando en cualquier esquina de la ciudad de San Andreas, hordas enteras lucharon sin salir de casa mientras pirateaban mil millones de discos que nunca escucharían.

Y yo, que estoy a punto de jugarme la vida en una frase de Messenger, comprendo a Dios, que se llama Google, y que es invadido las tardes de domingo por un sentimiento de nostalgia mientras nota que la pesca se le escurre entre las manos.


Este texto fue originalmente publicado en el libro DUDAS (2006).

37. Soy Dios por P. Daniel Carrillo

junio 20, 2010 5 comentarios
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Las palabras sagradas son entusiasmo, ímpetu, vitalidad. El impulso del héroe que arrastra a su paso todo lo que le rodea. La energía que se manifiesta, el estallido de la primavera, el desafío de besar a la más guapa.

“Haz lo que quieras” recomienda Fernando Sánchez Dragó en El Sendero de la mano izquierda.

“Voluntad: Fuerza misteriosa que impulsa al hombre a moverse para hacer cosas en la vida. Hacer o pensar en positivo” (de El Hombre y El Universo, Antonio Gordillo)

“En el fondo nos gusta que vayáis de chulillos”, me dicen las minifalderas.

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Este texto fue originalmente publicado en el libro DUDAS (2006).