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Posts Tagged ‘martin sotelo’

Libros quemados en 2012 (y II)

Veinticuatro horas antes de la voladura del Puente de los Franceses, en medio de la batalla de Madrid, me encontré con Durruti. Nos repartimos la comida de los soldados: pan y un poco de carne de buey. Durruti estaba de buen humor, y refiriéndose con un poco de ironía al cargo que yo ocupaba entonces, rió y dijo mientras mordía el bocadillo: «¡Una verdadera comida de ministro!» Un miliciano escéptico le contestó: «Qué va, los ministros no comen nunca eso. Ni siquiera saben lo que pasa aquí.» Durruti se rió más fuerte aún: «Mira, aquí tienes uno, éste es un ministro.» Pero el miliciano se negó a creer que un ministro podía comer pan con carne de conserva en una trinchera.

EL CORTO VERANO DE LA ANARQUÍA – HANS MAGNUS ENZENSBERGER

—Bailemos, bailemos —anima él.
Pero la niña no para de gimotear y de sorberse los mocos, y entonces Nilo, harto, la agarra del cuello camisero del vestido de fiesta y, como si se tratara de una muñeca de trapo, la vuelve a juntar con su madre para que así al menos se calle de una vez «esta jodida niñita malcriada», piensa él. Y retomando el baile, acapara a Flora sin tener en cuenta el rechoncho cuerpo interpuesto de la hija, abrazada de nuevo, como al principio, a las piernas de su madre, sorbiéndose angustiada el llanto, notando en la espalda, y más arriba, en la nuca, la presión, patéticamente masculina de las rodillas y la pelvis del hombre extraño que se parece —sólo en el traje conquistado con sangre— a su padre muerto.

BAILES DE MEDIO SIGLO – MARTÍN SOTELO

El motivo por el que Apple cuenta con la aceptación de la gente es que existe una corriente profunda de humanidad en nuestra innovación. Creo que los grandes artistas y los grandes ingenieros se parecen, porque ambos sienten el deseo de expresarse. De hecho, algunas de las mejores personas que trabajaron en el Mac original eran también poetas y músicos. En los años setenta, los ordenadores se convirtieron en una herramienta para que la gente pudiera expresar su creatividad. A los grandes artistas como Leonardo da Vinci y Miguel Ángel también se les daba muy bien la ciencia. Miguel Ángel sabía mucho acerca de la extracción de las piedras en las canteras, y no solo sobre cómo ser un escultor.

STEVE JOBS – WALTER ISAACSON

Martín Sotelo,Andima Hermosilla y Daniel Carrillo (Gijón, 2012)

Martín Sotelo,Andima Hermosilla y Daniel Carrillo (Gijón, 2012)

Galicia es una tierra de sardinas y de políticos. Las sardinas nacen unas de otras, y los políticos, también. Para ser un político gallego, lo primero que se necesita es ser pariente de otro político gallego. El hijo de un gran político gallego tiene, desde su nacimiento, categoría de ministro; el sobrino tiene categoría de subsecretario o de director general, y así sucesivamente. Y cuando uno no es hijo ni sobrino de ningún político gallego -cosa rara, dada la portentosa facultad de reproducción que caracteriza a esta especie-, entonces tiene uno que hacerle el amor a una de sus hijas o a una de sus sobrinas. Huelga advertir que a los que emparentan por este procedimiento con los prohombres de la política se les llama parientes políticos.

MIS PÁGINAS MEJORES – JULIO CAMBA

Para los hackers el conocimiento es un motivo en sí mismo para la producción y en general para la vida y el trabajo en comunidad. No aprenden para producir más o mejor, producen para saber más. Como aprender es su móvil, su vida no puede ser dividida entre tiempo de trabajo y tiempo «libre». Todo el tiempo es libre y por tanto productivo, ya que el hacker defiende el pluriespecialismo como modo de vida. La libertad es el valor principal, materialización de la autonomía personal y comunitaria. El hacker no reclama a otros -gobiernos o instituciones- que hagan lo que considera debe hacerse, lo hace por sí mismo directamente. Si reclama algo es que sean retiradas las trabas de cualquier tipo (monopolios, propiedad intelectual, etc.) que le impiden a él o su comunidad hacerlo.

EL MODO DE PRODUCCIÓN P2P – LAS INDIAS

En Sarrià vi jugar a Kubala y a Di Stéfano, en el estertor final de sus carreras. Mi padre me dejaba sobre un murete, a 2,7 metros de la red trasera de la portería norte (una vez medí la distancia), y subía a la grada para encontrarse con Torcuato y Chito, amigos suyos desde la infancia. En la general, de pie, yo no habría visto nada. El murete era un buen lugar para los críos, que vivíamos cada gol en esa puerta de una forma absolutamente sensual: el sonido del golpe al balón, las briznas de hierba en el aire, las salpicaduras de barro, el resoplido del portero, el flameo de la malla, el vacío previo al clamor o al murmullo de pesadumbre. Además podíamos saltar al césped después del partido y, si alguien había traído un balón, pelotear un momento. Nadie se molestaba por eso.

UNA CUESTIÓN DE FE – ENRIC GONZÁLEZ

Bigotes, caballos y cantinas (XVII) – El poder del perro

“Cerca de donde vivo, en San Diego, al otro lado de la frontera, el mexicano, se produjo una matanza de 18 niños y mujeres por parte de un cártel de la droga. Me obsesioné por el tema, busqué respuestas, un porqué, y al ver que no existía ningún libro que me las diera decidí escribir yo uno.”

El libro se llama El poder del perro y el hombre que tuvo que escribirlo para encontrar las respuestas responde al nombre de Don Winslow. Yo no sabía de qué trataba la novela, pero se la recomendé a Ángel porque también la recomendaba gente de fiar en asuntos de letras como Carlos Boyero y Martín Sotelo. Ángel me hizo caso y lo compró en una librería del aeropuerto de Barajas, y ese fue el inicio de una pelea entre él y yo por coger el libro en cuanto lo soltaba el otro.

El poder del perro cuenta bien contada una historia brutal y eso es más que suficiente para alentarme a consumir doscientas páginas durante el vuelo de ida. En la primera de ellas uno se encuentra con esta obertura inolvidable: «El bebé está muerto en brazos de su madre. A juzgar por la forma en que yacen los cuerpos (ella encima, el bebé debajo), Art Keller deduce que la mujer intentó proteger al niño. Debía de saber, piensa Art, que su cuerpo blando no podría detener las balas (de rifles automáticos, desde esa distancia), pero el movimiento debió de ser instintivo. Una madre interpone el cuerpo entre su hijo y quien quiere hacerle daño. Así que se dio la vuelta, se retorció cuando las balas la alcanzaron, y después cayó sobre su hijo”. Y a partir de ahí una sucesión de frases cortas y directas al mentón por donde va discurriendo una historia que no deja bien parado a nadie, ni a la DEA, ni a la CIA, ni a la Iglesia, ni al Gobierno mexicano ni al de EEUU; una historia de violencia contra inocentes, tortura, muerte y drogas, pero ante todo una historia sobre la venganza.

Los libros leídos durante un viaje tienen una gracia especial, porque se mezclan en la memoria con el recuerdo del propio viaje. Mucho tiempo después, un simple vistazo a las tapas dañadas por el ajetreo conseguirá evocar en el lector tantos momentos de carretera y manta. El Club Dumas fue lo mejor de uno de mis viajes a la costa, y un maltratado ejemplar de Viajes con Heródoto permanece en la cabecera de mi biblioteca desde unos días que pasé en Portugal. En este viaje he leído también una del siempre interesante Vargas Llosa, pero sin duda el libro que asociaré a partir de ahora con la aventura mexicana será El poder del perro.

Después he seguido los pasos de Don Winslow, y cada vez me cae mejor. Entre otras cosas porque coincido con él en su punto de vista favorable a la legalización de las drogas. Su opinión es especialmente válida, pues es la de un tipo que ha pasado cinco años de su vida investigando el asunto y que ha llegado a esta conclusión: “Los beneficios de la droga son tan altos por un solo motivo: porque está prohibida. Cuanto más alto construya usted el muro para que la droga no entre, cuanto más difícil consigamos hacer los movimientos de los narcotraficantes, paradójicamente les estamos haciendo el favor de que sube el precio de su mercancía. El beneficio no lo da el producto, fácil de producir, lo da el transporte ilegal hacia el consumidor. Cuantos más éxitos cosecha la policía antinarcóticos, más empeora el problema.”

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Otros capítulos de la serie Bigotes, caballos y cantinas: