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Pistola y Cuchillo. Con Montero Glez en Venta de Vargas.

diciembre 11, 2011 12 comentarios

A la entrada de la Venta Vargas, por donde antes aparcaban los coches, un grupo se va formando. Vistos de lejos parecen una comunidad amistosa repartiendo abrazos, regalos y besos, pero bien sé yo que esos tienen mucho peligro, porque están hablando de pistolas y de cuchillos, y también de una bomba Orsini preñada de Pólvora Negra.

Vistos de lejos podría pensarse que han venido a robarle trozos de bronce a la estatua, pero al acercarnos sabremos que en vez de robar, comparten. Le han puesto un cigarro al cantaor y un jersey al niño. Lo del pitillo es un detalle a tener en cuenta, pues dicen los libros que José Monge se agarraba al cigarro como el que se agarra a la vida, así que es posible imaginar su boca riente abrirse de golpe al saber que hay quien le arrima pitis a la estatua, por si acaso tuviera el capricho de darle unas caladas.

Esos del grupo ya han dejado de crecer y de hacerse fotos y de darse abrazos, regalos y besos. Ahora se encaminan a la Venta de Vargas, casa fundada en los tiempos en que La Faraona gateaba, restaurante con eco de soniquete flamenco y regocijo de los buenos paladares que surcaban la carretera de Andalucía a la altura de San Fernando, Cádiz. Si nos perdemos entre ellos fingiendo las artes del despiste y si planchamos bien la oreja quizá podamos discernir a qué han venido, los muy pájaros. Dicen algo de un tal Montero Glez, al parecer escritor bendito. Se oyen menciones al Camarón, pero aun no sabemos si vienen referidas a esa fruta del mar que enjoya las tortillitas o al artista al que acompañaron Paco y Tomate, ese que sale en las fotos de las paredes con su chaquetita colorá y su melena de oro viejo.

Cuando parece que ya vamos entendiendo de qué va esta vaina, se nos vuelven a escapar. Han entrado al cuarto de la derecha, el reservado de Camarón de la Isla, el mismo en que tuvo lugar aquel duelo regicida con Manolo Caracol, si es que es verdad lo que nos ha chivado el Jesús Picardo.  Y ahí les dejamos, pues no somos quien para contar lo que hubo de puertas para dentro. Podemos imaginar que danzarían las palabras y que brillarían las anécdotas, y que un humo espeso y proverbial los envolvería en el recuerdo hasta llevarlos a otro tiempo. Ya sólo queda añadir que hemos visto salir de allí al maestro Rancapino, y que le iba diciendo algo muy raro a su hijo, algo que no podemos entender del todo, algo de un catalán que vino de Holanda para llevarse la Dinamita. Y de una boda. Y de un padrino muy especial que lleva la mirada surcada de ensoñaciones, de gitanos que torean a la luz de la luna, de viajeros y contrabandistas, de fugitivos y de cantaores con poderío de tigre roto novelados en una noche andaluza, a las puertas de la eternidad.

Daniel Carrillo

Montero Glez en la estatua de Camarón

Camarón fumando a la entrada de Venta Vargas

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4. La mujer y el sexo por Grouchoo

marzo 23, 2010 5 comentarios

ÍNDICE DEL LIBRO DUDAS

Manuel Montero, pintor español en París, Collage 3 creado por Grouchoo

                                        …………          …..Collage 1 creado por Grouchoo, cuadros del pintor Manuel Montero.(I)

A: atrápame, aráñame, átame, acaríciame, asómbrame.

B: búscame, baila, boleros, bésame, Bécquer.

C: cariñosamente.

D: dibújame, diviértete, deséame, duérmete.

E: enfréntate, enfádate, escúchame, enrédate y espérame.

F: frótate, fluidamente.

G: gústame, gime, grita, galopantemente.

H: hazlo, hechizo, hielo.

I: inspírame.

J: juntos, jadea, juega, jugos, jazmín.

L: lámeme, léeme, libremente.

M: Máchado, murmurándome, muévete, mentalmente, musa.

N: nuevamente, natural, nárrame, Neruda.

Ñ: niña

O: obsesión, oculto, obsérvame.

P: poco, paternal, párteme, puzzle, perfume.

Q: quítatelo.

R: ríete, rueda, ruge.

S: soñemos, sudemos, sed.

T: tubérculo, tuétano, torbellino, tuerca.

V: vaciame.

W: we.

Y: y…

Z: lo ultimo lo pones tú.

La mujer es la perfección que sufren mis sueños siempre que quiero derretirme.
Manuel Montero, pintor español en París. Collage 3 creado por GrouchManuel Montero, pintor español en París, Collage 2 creado por Grouchoo 
                                                  Collage 2 y 3 creado por Grouchoo, cuadros del pintor Manuel Montero.(I)

Este texto fue originalmente publicado en el libro DUDAS (2006)

 

Umbral Vs. Pérez-Reverte

noviembre 9, 2009 8 comentarios

Cuenta Montero Glez que a la muerte de Francisco Umbral hizo dos llamadas de pésame. Una para Raúl del Pozo, compañero y amigo del genial prosista -y a la postre heredero de la contraportada de EL MUNDO– y otra para Arturo Pérez-Reverte. La cosa tiene su gracia, porque Umbral y el creador de Alatriste mantuvieron un duelo muy sonado en el mundillo literario del Reino, ruido de plumas que no llegó a serlo de sables y que renovó una vez más el viejo debate entre fondo y forma, la eterna lucha entre asunto y estilo.

Al parecer el lío empezó cuando Pérez-Reverte calificó a Borges de snob y de gilipollas por su desprecio al lenguaje castellano y permanente exaltación de la literatura anglosajona. Umbral salió en defensa del argentino reconociéndose agredido por un ataque que según él iba dirigido “a todos los escritores de prosa pura, de creación verbal”. Y entonces apareció “Sobre Borges y sobre gilipollas”, famoso artículo en el que el superventas Reverte le metía palos a Don Paco hasta en el carnet de identidad.

La sangre no llegó al río; pasaron los años, Umbral siguió haciendo columnas geniales y el periodista de guerra convertido en académico siguió pariendo best-sellers. Hasta que llegaron los Premios Planeta 2005. El propio Juan Marsé, que formaba parte del jurado, criticó la baja calidad de las obras presentadas, y Francisco Umbral se despachó en la presentación de la obra ganadora diciendo que “es la novela sin estilo, pero el estilo es la impronta masculina por excelencia. Está incardinada en las últimas tendencias, que no sabemos si son buenas o malas, pero tampoco Pérez-Reverte tiene estilo y no se le critica por ello”.

La colleja no venía a cuento pero hizo pupa. Unas semanas después los lectores de El semanal pudieron disfrutar de una respuesta feroz que bajo el título de “El muelle flojo de Umbral” firmaba el novelista cartagenero. Era un texto aún más duro que el publicado cinco años atrás, una salva a quemarropa que tuvo que doler como una mala cornada.

La salud de Umbral tenía para entonces los muelles ciertamente flojos, y el escritor que quería hablar de su libro murió dos años después. Para el recuerdo quedó un duelo literario de los que ya no quedan. Fue bello ver enfrentados a dos primeros espadas del panorama literario español, algo así como lo que en su momento vivieron Góngora y Quevedo o más tarde Galdós y Valle-Inclán. Y es que siempre ha dado categoría tener enemigos de altura. Quizá por eso a Pérez-Reverte no le sorprendió recibir esa llamada de pésame. Y quizá por ello respondió agradecido:

– Has entendido de qué va esto, Montero, has entendido de qué va esto.

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La tarde que llegué al Café Gijón por P. Daniel Carrillo

abril 24, 2008 7 comentarios

ÍNDICE DEL LIBRO DUDAS

La primera tarde que entré en el Café Gijón puede que fuese una tarde de jueves. Había espejos, mesas de mármol, una sola tertulia junto a la ventana y algunos camareros como salidos de otra época, rescoldos de otro Madrid más viejo y más gris que repartían infusiones con un deje secular, con la mecánica consciencia del que sabe que el café es lo de menos en un Café literario. Mientras tomaba mi café simbólico y me miraba en los espejos, iba recreando el cuadro de Gutiérrez Solana que acababa de ver en el Reina Sofía, y después del Café Pombo apareció por mi mente huída el Café de Doña Rosa, protagonista inanimado de La Colmena, y así me fui perdiendo en todos los cafés literarios, en todas las tertulias que nunca veré y en todos los escritores que foguearon su genio al humo de una taza que daba calor a un Madrid olvidado al que no quería volver.

Me imaginaba una mesa llena de tazas vacías, un coro de hombres que se las dan de listos, algún pálido poeta fingiendo que escribe en sus cuartillas, y sobretodo, sobre todos, un escritor de fama que dirige en silencio la conversación, que impone los temas y las opiniones casi sin hablar. Y pensaba en Cela, en Umbral, en ese libro que se llama La noche que llegué al Café Gijón. Y miraba a los tertulianos de la ventana, un par de viejos actores conocidos entre ellos, y miraba a los camareros, que sin duda se iban a jubilar pasado mañana, y miraba a los espejos que eran reliquias y a las mesas que eran moda hace diez modas. Y mientras apuraba mi café sentado en la barra (porque me había quedado en la barra: quizá me parecía poco respetuoso hacerme servir el café en una mesa, o quizá era sólo timidez), mientras pagaba el precio simbólico de mi café simbólico, concluí que ya no había cafés literarios ni ganas de resucitarlos, ni tertulias ni madriles que las merecieran ni genios de andar por casa que las justificaran.

La tertulia en el café de Pombo, de José Gutiérrez Solana

La tertulia en el café de Pombo, de José Gutiérrez Solana

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¿Y el Madrid qué, otra vez campeón de Europa?

enero 10, 2008 1 comentario

Y dice usté, que se presenta una rubia, que es la esposa de un ex-presidente, uno al que pillaron con los puros y la becaria, y que su oponente tiene apellido de zulú y que a poco que cuadre la cosa va a ser el primer negro al mando del imperio…

Y dice usté, que el presidente de la Quinta República se ha separado de la mujer, y se pasea por Egipto con una cantante y ex-modelo, y que en las ruedas de prensa le preguntan que si va la cosa en serio…

Y el Atleti qué, ¿otra vez en puestos de Champions League? 

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Los orígenes

julio 24, 2007 7 comentarios

Era un domingo por la noche en el sofá del salón, dudando entre acostarme o ver la segunda parte de Negro sobre blanco, el programa que tenía Sánchez Dragó en la televisión pública antes de que le aplicaran el talante. Creo que al principio del programa el entrevistado fue Labordeta, pero no lo recuerdo bien. El caso es que salió un individuo desconocido, flaco, canalla y underground, liando un piti en medio de ese decorado deprimente consentido (¿inspirado?) por Dragó.  

Montero Glez

 

Qué bien escribes, Monterito, tienes la mejor muñeca de la literatura española de hoy en día, y por ahí y tal y cual. Vale, vale, no nos chupemos aún las pollas, replicó el entrevistado. Pero el presentador siguió un rato alternando mamadas y collejas, hasta que se decidió a leer el arranque de Cuando la noche obliga, segunda novela de Montero Glez. Y entonces me desperté del todo.

 

Tenía más curvas que una botella de Cocacola, ojos de carbón mojado y piel café. No llevaba sujetador. Se advertía en su cara nada más verla.

Apareció a la hora de las meriendas, cuando más trajín había. Lo hizo envuelta en piel de zorra y remolinos de viento. Con una forma muy especial de castigar el suelo con el tacón alcanzó la barra y se sentó, pierna sobre pierna, en el único taburete libre de la tarde. Emputeció la sonrisa para pedir un cortado, con dos de azúcar, por favor. Vista de lejos parecía estar pidiendo otra cosa.

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