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Quien sabe no habla, quien habla no sabe

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De las pocas defensas de tesis doctoral en las que he estado, recuerdo la exquisita prudencia con la que el investigador se expresaba, la humildad en los planteamientos, la escasez de juicios rotundos y la abundancia de cautelas. Uno sale de estos eventos con la sensación de que hay un poco más de luz en ese mundo del conocimiento al que el futuro doctor ha dedicado varios años, pero que alrededor de esa zona iluminada hay un área mucho mayor en penumbras, un universo por explorar, una tarea descomunal que afrontar por muchos otros que, como él, se entreguen a la causa con una herramienta potente pero sutil: la del método científico.

He tenido también la suerte de asistir a numerosas conferencias de historiadores, a veces reputados catedráticos, otras tantas voluntariosos aficionados. Unos y otros comparten el rigor formal, y también la prudencia del que sabe que cuenta con unos datos de partida de veracidad limitada. Se expresan citando fuentes, autores, hipótesis y posibilidades; a veces -pocas- se aventuran con una opinión. Son reacios a usar la afirmación rotunda.

Y sin embargo, en cuántas ocasiones escuchamos sentencias absolutas del tertuliano, del pariente, del compañero de trabajo, del típico opinador de barra de bar. Parece que se cumple una constante eterna según la cual a mayor conocimiento menos certezas, a mayor ignorancia menos prudencia. Si miramos a los medios de comunicación y a las redes sociales, encontramos que hay un ruido casi ensordecedor, el que hacen los que reciben dos titulares, los procesan con sus prejuicios y al momento emiten una coz, los que han venido a arreglar el mundo en dos patadas, los que no nos están dejando escuchar esa voz de fondo, la de los expertos, ese hilillo profundo y matizado por años de estudio.

Y todo esto ya lo sabía Lao Tse hace dos mil quinientos años cuando dijo de eso ‘Quien sabe no habla, quien habla no sabe’. Yo, por lo pronto, ya mismo me callo.

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Publicado originalmente como columna radiofónica en el programa Cualquier Día de RUAH – Radio Universitaria de Alcalá de Henares ruah.es.

Una columna en la radio

febrero 7, 2013 8 comentarios

Hace un par de años me operaron de miopía. La cosa, al principio, fue mal, así que tuve que estar unas semanas sin trabajar. De aquellos días tengo un recuerdo bastante bueno; descubrí algo de mí mismo que me gustó, como cierta capacidad de mantener la calma cuando la cosa se pone fea (y, puedo asegurarlo, despertar viendo cada día peor lo es) y cierta habilidad para esquivar la autocompasión u otros pensamientos negativos mediante actividad física, música, literatura y cine. Otro de los aspectos positivos de aquellos días difíciles es que tomé la decisión de ir a “la radio”.

Conocía la RUAH desde que fui a presentar mi libro Memorias del tiempo discreto en el programa Cualquier día, donde colaboraba un compañero de trabajo de un amigo. Aquella primera vez me gustó; tenían un ambiente bastante golfo pero eso no estaba reñido con un resultado de calidad. Me dijeron que podía volver cuando quisiera y yo me lo tomé en serio pero lo fui dejando pasar. Hasta que me operaron de la vista. En uno de esos jueves de convalecencia me presenté allí unos minutos antes del programa y fui invitado a participar en el directo. Volví a ir a la semana siguiente y Daniel Martín, el conductor habitual, me lanzó el reto: ¿Por qué no haces una colaboración opinando sobre lo que te dé la gana? Así nació Ración de Carrillada.

Yo tenía el viejo sueño de ser columnista. Mis inicios como lector son periodísticos, porque en mi casa se compraba EL PAÍS todos los domingos y yo empecé a leerlo desde muy pequeño. Recuerdo los artículos de Fernando Savater en la revista dominical, la columna de Manuel Vicent en la contra o los textos de Javier Marías y de Vargas Llosa. De repente el cosmos empezaba a organizarse, porque también me había pasado la infancia escuchando la radio, sobretodo Radiogaceta de los deportes con Juan Manuel Gozalo y La ventana, al principio con Javier Sardá y más tarde con Gemma Nierga. Este último programa incluía la columna radiofónica que me iba a servir de referencia: Barra libre, por Eduardo Haro Tecglen. De aquella colaboración del veterano libertario me gustaba ese hablar pausado y la crítica mordaz, argumentada. Me gustaba la pose de francotirador.

Mis primeras Raciones fueron grabadas y editadas en casa, y generalmente emitidas sin mi presencia en el estudio. Después hubo otras grabadas en un estudio auxiliar y posteriormente editadas. A todos estos refritos no los tengo demasiado en cuenta; más bien los considero tentativas iniciales. La Ración de Carrillada genuina es un texto que llevo impreso al estudio y que leo en directo, del tirón, defendiendo mi opinión sin chaleco salvavidas, deslizando lo escrito sobre mi voz lo mejor que puedo. Hay un instante de pánico cuando termina la sintonía de entrada y se supone que debe entrar mi voz. Hay momentos durante la lectura en que quisiera detenerme y volver a empezar. Hay veces que me quedo sin aire y tengo que acabar medio asfixiado y como buenamente puedo. Y hay otras veces en que la Carrillada me sale de un tirón, fluída, con sus silencios oportunos y un ritmo correcto. Cuando esto último sucede soy inmensamente feliz durante el tiempo que dura la lectura, y al terminar tengo ganas de tirarme al suelo del estudio y celebrarlo cual futbolista que marca en la prórroga.

Cuento todo esto para explicar que tener una columna semanal es un medio de comunicación me ha hecho sentir afortunado y que hacerla en la radio, en directo, es un reto personal y un subidón de adrenalina. Y ya que me pongo sincero diré que estoy bastante satisfecho con mi voz y con el tono sobreactuado que algún amigo critica y algún compañero imita, ante lo cual me suelo defender diciendo que si me emulan será porque algo de carisma habrá en las Carrilladas.

Ahora que ya se han expuesto los antecedentes llega el momento de explicar por qué he decidido dejar Ración de Carrillada o, al menos, hacer que no sea una sección fija semanal en Cualquier día. Es posible que haga alguna más de manera espontánea, o que retome el pulso tras descansar una temporada. Ya veremos. Pero ahora mismo, tras 56 Raciones y tras repasar con cierto detenimiento lo que he dejado atrás, creo que es suficiente. En los últimos tiempos he sentido una cierta molestia en tener que atrapar los temas, en buscar algo que decir, cuando antes brotaban con naturalidad. Por otro lado, ese repaso conjunto me ha hecho pensar que gran parte de mi pensamiento actual ya está ahí y que ciertos temas no me dan mucho más de sí. Queda, por siempre, la posibilidad de trazar los perfiles personales que me apetezcan o de salir al paso de la actualidad con alguna idea que me parezca interesante. Queda también en el aire el proyecto personal de utilizar la narración dentro de la columna, a rebufo de mi admirado Julio Camba. Queda la eterna y siempre necesaria tarea de desenmascarar el teatro que llaman Información, y también esa tarea no menos eterna y necesaria de expresar la derrota que nos ataca a todos, pero hacerlo dentro de los confines estrictos de la dignidad y la belleza, como dijo Leonard Cohen. Aunque, por ahora, elijo el silencio.

Des-conectados

diciembre 18, 2011 2 comentarios

Me tienes preocupado. Cuando quedamos no dejas de mirar el iPhone, de revisar el Facebook y de atender al WhatsApp. Aunque eso tampoco es tan grave.

También he visto como navegas, con tantas pestañas abiertas, y quizá un video, y quizá una canción. Eres una figura de la multitarea, y es posible que ya no sepas concentrarte totalmente en una sola, porque cuando vamos al cine noto cómo te aburres. Quizá una sola pantalla sea poca información para tus despiertas neuronas, y por eso acudes cada cierto tiempo al móvil. Pero eso tampoco es tan preocupante.

Lo chungo es que ya no te expresas con frases largas. No utilizas la subordinación. Te desconcentras si alguien toma la palabra más de medio minuto. Y cada vez escribes peor.

Dices que twitter es una maravilla y yo pienso que lo que pasa es que se nos está quedando el cerebro limitado a 140 caracteres. Será quizá la cultura del facebook, que nos está dejando agilipollados, porque es demasiado fácil adherirse a algo diciendo “me gusta” o poner un enlace o dejar en el muro una frase cortita y sin sustancia.

Son los tiempos de la información masiva, pero me parece que nos estamos perdiendo algo: la habilidad de expresar pensamientos elaborados. O la paciencia para leer de una sola fuente durante horas. Y la capacidad de estar solos con nosotros mismo, desconectados.

Me tienes preocupado y tú también deberías preocuparte. Cada cierto tiempo me asalta la tentación de aprovechar cuando no te des cuenta, abrirte el bolso… y quemarte el iPhone.

Escuchar Ración de Carrillada 25: http://www.ivoox.com/racion-carrillada-25_md_937910_1.mp3″ Ir a descargar

Publicado originalmente como columna radiofónica en la edición 135 del programa Cualquier Día de RUAH – Radio Universitaria de Alcalá de Henares 107.4 FM.