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Las reglas del juego

Se pone constantemente atención en los jugadores y en sus jugadas, pero muy poca en las reglas del juego.

La corrupción tendría así que ver con una jugada individual de un jugador a espaldas de su equipo.

Las decisiones arbitrarias de la fiscalía serían jugadas incontroladas de unos jugadores que fueron nombrados para apoyar al equipo.

Pero son las reglas del juego las que permiten que el presidente del equipo controle el poder legislativo y el poder ejecutivo, y son las reglas del juego las que promueven que el poder judicial sea dependiente de los otros.

Bien mirado, es casi milagroso que sin unas reglas de juego diseñadas para que los poderes se controlen unos a otros, haya habido policías que vigilen a políticos, fiscales que acusen a Infantas o jueces investigados.

Las normas no han sido creadas para bloquear a los jugadores chorizos ni a las jugadas del pago de comisiones. ¿No son esos jugadores los que hicieron las leyes? ¿No son quienes las modifican? ¿en qué sentido? ¿con qué intención? Y, al fin al cabo: ¿Dónde está la injusticia, dónde la arbitrariedad? ¿Dentro o fuera del Boletín Oficial del Estado?

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Publicado originalmente como columna radiofónica en el programa Cualquier Día de RUAH – Radio Universitaria de Alcalá de Henares ruah.es.

Extremoduro

yo+minoria+absoluta

Se cumplen ya 30 años desde la formación de Extremoduro, pero yo me pongo a escuchar su primer disco Rock Transgresivo y me suena más fresco, peleón y rupturista que todo lo de ahora.

Me siguen sorprendiendo la voz de Robe Iniesta y esas letras de poesía pura: un verso de lirismo exquisito y, en el siguiente, la mayor burrada. Me sigo preguntando cómo es que uno de los grupos más escuchados y longevos del Reino de España no haya tenido nunca buena promoción ni apoyo mediático. Y quizá es mejor así, que siga habiendo una cultura popular y masiva que no necesite salir en las radiofórmulas ni en los magazines dominicales.

Aunque una vez alcanzaron la popularidad. Fue cuando sacaron un disco con nombre de rey visigodo y colaron una canción en la peli de El Dia de la Bestia. Por aquel entonces yo ni siquiera había llegado a la edad de salir, beber, y el rollo de siempre, pero estaba deslumbrado porque acaba de aprender que había gente que cantaba y escribía como yo no hubiera pensado que fuera posible hacerlo.

Más tarde Extremoduro siguió ampliando su legado con discos como sinfonías, conciertos multitudinarios y una estética de impacto. En la portada del disco Yo, minoría absoluta aparece el vocalista caracterizado como Cristo. Me gusta mucho esa imagen porque representa el dolor de todos los artistas puros, los mesías que sufren por nosotros cantando una verdad profunda que no podemos sentir o no sabemos decir o no nos atrevemos a gritar porque no hemos llegado a ser lo que siempre me pareció que era el Robe: un hombre desesperadamente libre.

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Publicado originalmente como columna radiofónica en el programa Cualquier Día de RUAH – Radio Universitaria de Alcalá de Henares ruah.es.

Por qué no hablamos de fútbol

noviembre 27, 2016 Deja un comentario

Se cumplen 300 programas de Cualquier Día, y si tuviera que extraer una lección periodística de tantos años me quedaría con este descubrimiento: la selección de noticias es el verdadero mensaje.

Antes de venir a la radio yo veía los informativos atento a lo que me contaban y al tratamiento que a ello le daban. Los medios hablaban más de políticos que de política, más de sucesos puntuales que de cambios sociales y más, mucho más, de fútbol que de todo lo demás.

Con la educadora experiencia de contribuir al guión semanal aportando noticias, he aprendido que la elección de lo que se expone ya tiene una carga ideológica, social y cultural; que independientemente del tratamiento ya existe una intención previa al seleccionar los temas.

Y más importante aún que lo que se cuenta es, ay, lo que no se cuenta. Con el resabio del perro viejo maldigo desde el sofá al interés malsano de los directores de informativos que deciden que se hable más de políticos que de política, más de sucesos puntuales que de cambios sociales y de fútbol… de fútbol… de fútbol nunca hablamos en Cualquier Día.

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Publicado originalmente como columna radiofónica en el programa Cualquier Día de RUAH – Radio Universitaria de Alcalá de Henares ruah.es.

Delegar tu salud

Vas al médico como quien iba al templo, buscando una sabiduría bondadosa que se ocupe de tu destino. Vas deseando que te receten salud para después ir a la farmacia a comprarla, pues es nuestro mundo consumista y todo se puede alcanzar pagando. El efecto secundario de la pastilla no le hace ningún mal a las farmacéuticas, siempre tan lozanas, y es cierto que el medicamento calma los síntomas. Pero la verdadera causa de tu dolencia permanece intacta, enraizada en el cuerpo y en la mente.

Haces como que no sabes que tienes mucho poder sobre tu salud, aunque te hayas acostumbrado a no escuchar las alarmas que te envían tus sensaciones. Pero es tu cuerpo el resultado de tus decisiones y de tus hábitos, de lo que le metes, de lo que lo mueves y de la atención que le prestas. Y tu mente, siempre buscando excusas, prefiere no aceptar que, en sociedades prósperas, la principal causa mortal es el estilo de vida que elegimos.

Y es tu mente, también, la que te lleva a delegar en el médico los asuntos de tu salud. Será, quizá, para no tener que ser responsable de nada, de pensar en lo que comes, de controlar tus adicciones, de cambiar las rutinas que te hunden, de contener los impulsos que te dañan, de enfrentarte a ti mismo.

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Publicado originalmente como columna radiofónica en el programa Cualquier Día de RUAH – Radio Universitaria de Alcalá de Henares ruah.es.

La vida moderna

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Salir a correr para después publicarlo en el Facebook, usar un filtro de Instagram para la foto del restaurante, subir la imagen de los pies en la playa para dar envidia, pedir un gin tonic historiado con tontunas para pagar el doble, esprintar en la rueda del hamster para no llegar a ningún lado, tuitear, whatsappear y compartir.

Leer novedades editoriales para ser de la élite que lee, aunque no entienda. Quejarse siempre de todo, y no hacer nada para cambiar. Creerse informado por entrar varias veces al día en elpais.com. Vivir la vida moderna, la de llevar al niño al cole en monovolumen, la de mirar el móvil en los diez segundos del ascensor, la de los edificios de cristal donde no se puede vivir sin aire acondicionado y sin calefacción.

Ir al gimnasio en coche. Comprarlo casi todo en los chinos. Pedir online ropa low cost y viajar en vuelos low cost, pero, eso sí, escandalizarse ante los salarios low cost. Un plástico para cada magdalena, leche desnatada, sacarina y todo, siempre, light.

Y siempre, también, sentirse cansados y mal dormidos. Estar sin estar, como pensando en otra cosa o queriendo estar en otro lado. Vivir viviendo para el futuro, y al alcanzarlo estar ya pensando en lo siguiente, mientras -arena fina-, el presente se escapa entre los dedos.

Y cuando llegue el día del último viaje, y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, morir, sin duda, ligeros de equipaje, casi desnudos, como los hijos de la mar. Doblar el ala, también, con una cierta sensación, apenas un ruidito de fondo, ese rumorcillo ¿sabes? de haberte dedicado a hacer el gilipollas.

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Publicado originalmente como columna radiofónica en el programa Cualquier Día de RUAH – Radio Universitaria de Alcalá de Henares ruah.es.

La generación mejor formada

No cabe duda de que la generación mejor formada de la historia de España es también la más viajada y la primera que se mezcla masivamente y de igual a igual con sus coetáneos europeos.

Dicho esto, y conocidas las dificultades que esta generación va a tener para mantener el nivel de vida que alcanzaron sus padres, conviene discernir si estamos hablando de víctimas o de cómplices. Algo tendrán que ver los miembros de esta generación con su propio fracaso profesional: el de sucesivas camadas a las que el desempleo, la precariedad, la incertidumbre y los bajos salarios les son consustanciales.

Pensemos en cómo se expresan o en lo que consumen, en el individualismo feroz que impide cualquier intento de oposición organizada ante las injusticias. Pensemos en la absurda sobrecualificación, o en la desconexión entre lo que se imparte en el aula y lo que se necesita en la oficina.

Estoy hablando de estudiantes de periodismo que no leen libros, que no hacen preguntas en las charlas a las que asisten y cuya mayor inspiración es el Carrusel deportivo, de Licenciados en Turismo que no hablan idiomas, de doctorandos sin vocación que iban de beca en beca (cuando las había) hasta la derrota final, que era presentar la tesis y ser expulsados desde el calorcillo del departamento hacia la fría calle, al mundo real, al paro.

La acumulación de carreras universitarias, grados, másteres y doctorados es útil para alimentar el orgullo de unos padres infectados con titulitis, que así podrán presumir en el bar de niño listo y restregárselo a la cuñada. Pero viendo las consecuencias de sus virus, más les valdría jactarse de haber sido buenos y sumisos clientes de un sistema hipertrofiado y endogámico, el de los departamentos de tantas universidades de bajo nivel.

Yo humildemente propongo olvidar por un momento el brillo de las titulaciones y valorar los grises logros, los meros resultados. Mirame a los ojos y dime ¿hay motivos para estar satisfechos de la generación mejor formada?

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Publicado originalmente como columna radiofónica en el programa Cualquier Día de RUAH – Radio Universitaria de Alcalá de Henares ruah.es.

La pasión

Ahora escuchamos constantemente hablar de la pasión: persigue tu pasión, descubre tu pasión, no abandones tu pasión, encontrarás un camino lleno de dificultades, mas podrás sobreponerte a todo si te dedicas a lo que te apasiona.

Sin embargo, a mí lo primero que se me viene a la cabeza cuando me hablan de pasión es un Jesús de Galilea sanguinolento subiendo el Gólgota con una pesada cruz a cuestas.

Pero vayamos a la raíz de la palabra, a ver si así conseguimos aprehenderla. Pasión viene del latín passio, y este a su vez del griego páthos, que es: sufrimiento, especialmente el del ánimo. Acción de padecer es la primera acepción en lengua española.

Es por todo esto que yo no quiero buscar mi pasión. Más bien quisiera dedicar mis horas a algo que me estimule, aportar algo bueno, y ojalá bello, trabajar con gente interesante, visitar lugares inspiradores. Si me permiten la cursilería, diré que moriría tranquilo si consigo dejar una pequeña huella al tratar de crear un mundo mejor del que encontré.

Yo no sé cuál es mi pasión, ni quiero saberlo. Prefiero disfrutar de las vistas de la ascensión, parando a cada trecho a mirar el paisaje y hacerlo libre de coronas con espinas. Y, desde luego, no voy en busca del sufrimiento, especialmente de aquel que no tiene asegurado el triunfo. Al fin y al cabo, la historia del Cristo, al menos en lo meramente humano, no acaba nada bien.

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Publicado originalmente como columna radiofónica en el programa Cualquier Día de RUAH – Radio Universitaria de Alcalá de Henares ruah.es.