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Esto sí que es vida

(POR RICHARD VAUGHAN*)

En mis años de profesor de inglés, el 90% de mis alumnos han sido maestros en el arte de encontrar excusas, no solo para no hacer el esfuerzo que se exige para aprender inglés, sino para no llegar a la cima de su profesión. Cualquier distracción les ha bastado para perder clase, para no estudiar o, en lo profesional, para sentarse al fresquito, con un fino y pescaíto frito, y fingir ser un despreocupado señorito que desprecia el trabajo. Con respecto a mis alumnos, mi conclusión era que no tenían mucho interés en aprender. Me insistían en que no, pero nunca me lo llegaron a demostrar.

¿Y usted en su vida profesional? ¿Le gustaría ver el alcance de su potencial, ver lo que es capaz de conseguir a través del esfuerzo? ¿O prefiere, como tantos, dejar la conducción del tren a otros, desentenderse del ajetreo diario y, con su fino en una mano, su tenedor en la otra y su plato de pescaíto frito en la mesa, alegar que, desde Adán y Eva, es sabido que trabajar es el castigo de Dios y a quien le gusta el castigo de Dios es, por definición, pecador?

Pues ahí tenemos a nuestro amigo, sentado en mi restaurante andaluz favorito de Madrid, Giralda IV, tomando su ración y catando su jerez. Es fácil no solo entender su actitud, sino hasta admirarla. Como diría él, la vida es corta y está llena de problemas. ¿Para qué complicarla más con retos y aspiraciones? Con unas palmadas acompasadas, ejecutadas al son del rasgueo de un buen tocaor, y con el seductor olor y sabor de unos salmonetes, boquerones y cigalas de la costa, ¿quién quiere más?

¿Qué le digo, buen lector? ¿Cómo debo responder a su desafío? ¿Seré yo, al final, con mis miles de horas de esfuerzo, el más tonto de todos? ¿Haría mejor en dejar este artículo sin terminar para entregarme a los placeres de la vida y navegar sobre las apacibles aguas de un mar en calma? ¿Voy, en definitiva, mal encaminado?

Yo, a diferencia de nuestro amigo, conozco ambos lados de la discusión aquí. Conozco el fino, el caviar, los percebes y la gamba de Huelva. Conozco los huevos con morcilla, la barbacoa tejana, el cochinillo de Arévalo y la saltimbocca romana. Conozco el olor del azahar, el sabor de una hermosa mujer, el tacto del satén sobre la piel y el romántico reflejo lineal de la Luna, grande y anaranjada, cuando, apenas asomándose sobre las serenas aguas del mar, inicia su recorrido por el firmamento. Pero también conozco algo que nuestro amigo ignora. Hablo aquí de la emoción de la victoria, de la satisfacción del trabajo bien hecho, del deleite de la sensación de mejora personal, del gusto de ver el fruto de mi labor como un amor correspondido, y sobre todo, de la vigorizante emoción de sentirme dueño y señor de mi entorno y de mi destino, de sentirme capacitado para elegir mis futuros y conseguirlos, de poder, en definitiva, observar cómo logro inclinar la balanza orteguiana del yo y mi circunstancia a mi favor.

Esto, amigos, vale por 10 vidas de olores, sabores, manjares y exquisiteces. Si usted, a través de las actitudes positivas, llega a sentirse capaz de forjar el camino que quiere en la vida, esto le fortalecerá tanto que no solo podrá alcanzar el éxito profesional y la felicidad personal, sino que acabará también por catar esos otros placeres de la vida mucho más que nuestro amigo y aspirante a señorito.

* Publicado en MAGAZINE – EL MUNDO

¡Por fin lunes!

Qué lejos queda esa utopía según la cual benevolentes robots animados por poderosas fuentes de energía hacen el trabajo duro, mientras que los humanos se dedican al ocio, al arte y al fomento de su espiritualidad. Y qué ingenua parece hoy aquella propuesta para terminar con el desempleo repartiendo las horas totales de trabajo, y sus respectivos ingresos, entre todos.

O quizá fueran utopías mal planteadas, y la verdadera satisfacción esté en trabajar, incluso en trabajar mucho, en mantenerse ocupado, siempre que sea en aquello que nos estimule; allí donde, en cada caso, la capacidad y el reto coinciden.

Desconfío del artificio de la semana laboral, que es mecanismo perverso según el cuál al final del día, o de la semana, se recurre al consumo compulsivo como compensación a los sinsabores de un modo de trabajar alienante.

No me imagino a García Márquez dejando de escribir Cien años de soledad porque es día feriado; tengo más miedo a la depresión por desocupación que a las semanas de actividad febril.

Así que sospecho que la felicidad tendrá que ver con algún tipo de provechosa integración de vida profesional y vida personal, allí donde la frontera del ocio y el negocio se difumine. Quizá así pueda llegar un día en el que tras la sorpresa del despertador nos asalte un pensamiento dichoso: ¡por fin lunes!

http://www.ivoox.com/por-fin-lunes-racion-carrillada-62_md_2701611_1.mp3″ Ir a descargar

Publicado originalmente como columna radiofónica en el programa Cualquier Día de RUAH – Radio Universitaria de Alcalá de Henares ruah.es.

La entrevista de trabajo

febrero 3, 2011 2 comentarios

4812911443_8a33e3fef21.jpgNo he podido dormir, como siempre me ocurre cuando al día siguiente tengo una entrevista. Doy vueltas en la cama, repaso las palabras que diré, recuerdo los errores cometidos en anteriores ocasiones y espero en vigilia nerviosa al despuntar del alba.

Más tarde me lavo y acicalo de acuerdo a esas absurdas normas de la elegancia. Después, ante el espejo reviso mi atuendo compuesto de prendas propias y prestadas. Y salgo a la calle voluntarioso y resoluto, disimulando la congoja ante la mirada inquisidora de los transeúntes.

Siempre es igual, aunque siempre es diferente. El edificio de hoy era bello y funcional, no como aquel tan destartalado de los italianos, aunque algo más austero que ese otro de los portugueses. No puedo fallar, no puedo fallar otra vez más, me repetía a mi mismo mientras esperaba mi turno sentado en un recibidor frío por el que transitaban algunos funcionarios. Todos sin falta me dedicaban una mirada indagadora y descarada que me turbaba haciéndome dudar de mi propio aspecto. Quien sabe, es posible que ya se hubiera corrido la voz de mi exótica presencia.

Al fin me han llamado. Un breve recorrido por esquinados pasillos, una voz anunciándome y un salón de juntas más concurrido de lo que yo esperaba. Me han hecho hablar de mí mismo, de mi formación y de mis planes, en medio de un respetuoso silencio absoluto que me ha puesto aun más nervioso. Después ha habido algunas preguntas –pocas-, y la vaguedad habitual en estos casos. Dicen que tienen que reunirse, debatir, y que me darán respuesta escrita tanto si me contratan como si no. Lo de siempre.

A pesar de que esos dominicos silentes me dan mala espina, tengo buenas sensaciones. Yo diría que me he expresado más que correctamente, que he resultado convincente y que ellos saben que no pueden perderse esta oportunidad.  Por sus propias preguntas, deduzco que al que manda -un tal Fernando- le ha parecido un plan coherente. Y aunque resulte algo aventurado decirlo, he creído ver es los escrutadores ojos de Isabel algo más que aprobación.

* Escrito hacia el 20 de Enero de 2011, 525º aniversario de la entrevista que Cristóbal Colón y los Reyes Católicos mantuvieron en el Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares.

* La foto es de Luipermon