Archivo

Posts Tagged ‘venta de vargas’

Libros quemados en 2020 (II)

Pertenecemos a una civilización vinícola. El vino nos rodea, envuelve, penetra, influye en nuestra cultura. La vid, la viña y el vino forman parte de nuestro acervo ancestral y han estado con nosotros desde siempre. Nos acompañan desde que descubrimos accidentalmente a qué sabía el vino, cuáles eran sus diversos gustos, cómo conseguirlos, cómo elaborarlo, cómo conservarlo, de la misma manera que aprendimos a hacer y a conservar el fuego. Desde la Antigüedad venimos juntos, y el vino viaja ahora a través de la historia con nosotros. Y sentimos que así será hasta el fin de los días. El vino es algo que trabajamos, vendemos, compramos, bebemos, disfrutamos y guardamos. Del vino hablamos y sobre el vino pensamos, escribimos… El vino nos ha hecho como somos. Es parte de nuestra civilización y nos ha civilizado.

Pasión por el vino – Joan C. Martín

La mayoría parecían felices, sin una razón concreta, sólo porque se veían reunidos en gran número. No obstante, algunos se hallaban sentados a la mesa con la cabeza apoyada en las manos, mirando fijamente al vacío. A éstos se les dejaba que miraran y nadie se ocupaba de ellos.

La montaña mágica – Thomas Mann

Alto, delgado, aún guapo, de piel tostada, con el pecho hundido y las piernas combadas, el pelo corto, fuerte y blanco, era para mí la viva imagen del héroe que había conocido el fuego y la sangre en lejanas guerras en las que a mí entonces, cuando aún jugaba con espadas de madera, me habría gustado combatir. Más tarde, me enteré de que, en realidad, fue un desertor.

Hacerse el vivo – Martín Sotelo

En la Venta de Vargas (San Fernando, Cádiz), 9 años después

Siempre he defendido que si alguien tiene un hijo es por su santa voluntad, y que se debería comprometer a mantenerlo durante toda su vida, si es necesario.

Siempre estoy del lado del hijo cuando algún padre se queja de que el suyo no se va de casa a trabajar, a ganarse el pan como todos, a luchar por la vida. ¿A luchar por la vida? Si sabías que venía a «luchar», ¿por qué lo has traído? No estoy haciendo teoría. Yo siempre conté con que mis padres me proporcionarían comida, casa y algo de dinero en un caso de apuro. Me parecía que era su deber y no un capricho mío. Estar convencido de tener ese derecho me dio mucha seguridad.

Diarios 1999-2003 – Iñaki Uriarte

Porque alguien contó historias
de pescadores en la playa,
cuando vuelven: la raya del amanecer
marcando, lívida, el límite del mar,
y asan sardinas frescas
en espetones, sobre la arena.
Lo imagino enseguida.
Y me coge un deseo de vivir
y ver amanecer, acostándote tarde,
que no está en proporción con la edad que ya tengo.

Antología poética – Jaime Gil de Biedma

El alcohol, entumecedor de la sensibilidad y enromador de la mente, acicate de la dejadez, compresor del tiempo, diluidor del humor y la energía, inductor de involutivas euforias y de planes semejantes a los del tuberculoso terminal; tal mi padre físico, deshaciéndose, desahuciado, en emorescentes espejismos.

El alcohol, atizador de anhelos sin consistencia futura y de nostalgias sin asidero en el pasado, supresor al tiempo de las armas con que la razón y la carne combaten esas dos carcomas, descarriadoras de la voluntad, que son la nostalgia y el anhelo.

Memorias de Memoria – Jesús Pardo

Categorías:Libros Etiquetas: , , , ,

Pistola y Cuchillo. Con Montero Glez en Venta de Vargas.

diciembre 11, 2011 12 comentarios

A la entrada de la Venta Vargas, por donde antes aparcaban los coches, un grupo se va formando. Vistos de lejos parecen una comunidad amistosa repartiendo abrazos, regalos y besos, pero bien sé yo que esos tienen mucho peligro, porque están hablando de pistolas y de cuchillos, y también de una bomba Orsini preñada de Pólvora Negra.

Vistos de lejos podría pensarse que han venido a robarle trozos de bronce a la estatua, pero al acercarnos sabremos que en vez de robar, comparten. Le han puesto un cigarro al cantaor y un jersey al niño. Lo del pitillo es un detalle a tener en cuenta, pues dicen los libros que José Monge se agarraba al cigarro como el que se agarra a la vida, así que es posible imaginar su boca riente abrirse de golpe al saber que hay quien le arrima pitis a la estatua, por si acaso tuviera el capricho de darle unas caladas.

Esos del grupo ya han dejado de crecer y de hacerse fotos y de darse abrazos, regalos y besos. Ahora se encaminan a la Venta de Vargas, casa fundada en los tiempos en que La Faraona gateaba, restaurante con eco de soniquete flamenco y regocijo de los buenos paladares que surcaban la carretera de Andalucía a la altura de San Fernando, Cádiz. Si nos perdemos entre ellos fingiendo las artes del despiste y si planchamos bien la oreja quizá podamos discernir a qué han venido, los muy pájaros. Dicen algo de un tal Montero Glez, al parecer escritor bendito. Se oyen menciones al Camarón, pero aun no sabemos si vienen referidas a esa fruta del mar que enjoya las tortillitas o al artista al que acompañaron Paco y Tomate, ese que sale en las fotos de las paredes con su chaquetita colorá y su melena de oro viejo.

Cuando parece que ya vamos entendiendo de qué va esta vaina, se nos vuelven a escapar. Han entrado al cuarto de la derecha, el reservado de Camarón de la Isla, el mismo en que tuvo lugar aquel duelo regicida con Manolo Caracol, si es que es verdad lo que nos ha chivado el Jesús Picardo.  Y ahí les dejamos, pues no somos quien para contar lo que hubo de puertas para dentro. Podemos imaginar que danzarían las palabras y que brillarían las anécdotas, y que un humo espeso y proverbial los envolvería en el recuerdo hasta llevarlos a otro tiempo. Ya sólo queda añadir que hemos visto salir de allí al maestro Rancapino, y que le iba diciendo algo muy raro a su hijo, algo que no podemos entender del todo, algo de un catalán que vino de Holanda para llevarse la Dinamita. Y de una boda. Y de un padrino muy especial que lleva la mirada surcada de ensoñaciones, de gitanos que torean a la luz de la luna, de viajeros y contrabandistas, de fugitivos y de cantaores con poderío de tigre roto novelados en una noche andaluza, a las puertas de la eternidad.

Daniel Carrillo

Montero Glez en la estatua de Camarón

Camarón fumando a la entrada de Venta Vargas

Leer más…