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Archive for the ‘P. Daniel Carrillo’ Category

Quien sabe no habla, quien habla no sabe

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De las pocas defensas de tesis doctoral en las que he estado, recuerdo la exquisita prudencia con la que el investigador se expresaba, la humildad en los planteamientos, la escasez de juicios rotundos y la abundancia de cautelas. Uno sale de estos eventos con la sensación de que hay un poco más de luz en ese mundo del conocimiento al que el futuro doctor ha dedicado varios años, pero que alrededor de esa zona iluminada hay un área mucho mayor en penumbras, un universo por explorar, una tarea descomunal que afrontar por muchos otros que, como él, se entreguen a la causa con una herramienta potente pero sutil: la del método científico.

He tenido también la suerte de asistir a numerosas conferencias de historiadores, a veces reputados catedráticos, otras tantas voluntariosos aficionados. Unos y otros comparten el rigor formal, y también la prudencia del que sabe que cuenta con unos datos de partida de veracidad limitada. Se expresan citando fuentes, autores, hipótesis y posibilidades; a veces -pocas- se aventuran con una opinión. Son reacios a usar la afirmación rotunda.

Y sin embargo, en cuántas ocasiones escuchamos sentencias absolutas del tertuliano, del pariente, del compañero de trabajo, del típico opinador de barra de bar. Parece que se cumple una constante eterna según la cual a mayor conocimiento menos certezas, a mayor ignorancia menos prudencia. Si miramos a los medios de comunicación y a las redes sociales, encontramos que hay un ruido casi ensordecedor, el que hacen los que reciben dos titulares, los procesan con sus prejuicios y al momento emiten una coz, los que han venido a arreglar el mundo en dos patadas, los que no nos están dejando escuchar esa voz de fondo, la de los expertos, ese hilillo profundo y matizado por años de estudio.

Y todo esto ya lo sabía Lao Tse hace dos mil quinientos años cuando dijo de eso ‘Quien sabe no habla, quien habla no sabe’. Yo, por lo pronto, ya mismo me callo.

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Publicado originalmente como columna radiofónica en el programa Cualquier Día de RUAH – Radio Universitaria de Alcalá de Henares ruah.es.

Libros quemados en 2016 (y 2)

Sobre las copas que apurábamos cruzaba ya la muerte invisible sus huesudas manos, pero nosotros no la vislumbrábamos aún. Algunas veces nos quedábamos hasta muy tarde. Por un miedo inexplicable a la noche esperábamos en vela la llegada del día; y aunque digo que era un miedo inexplicable, entonces no nos lo parecía; buscábamos la explicación en el hecho de que éramos demasiado jóvenes para desperdiciar la noche. Sin embargo, como me di cuenta después, a lo que teníamos miedo era al día, mejor dicho, al mediodía, la hora más clara del día. Entonces uno se ve y es visto con claridad, y nosotros no queríamos que se nos viese con claridad.

La Cripta de los Capuchinos – Joseph Roth

Cuando se degrada intelectualmente a los alumnos, se les degrada también humanamente. Quien está resolviendo problemas de fracciones cuando por edad podría estar resolviéndolos de cálculo integral, o quien recibe un barniz de cultura clásica cuando por su inteligencia podría estar estudiando en serio griego o latín, está siendo tratado como un niño pequeño, está siendo infantilizado, y en definitiva se le está deformando. Igual que se le deformaría el pie si de adolescente utilizara el mismo número de calzado de cuando era niño.

Panfleto antipedagógico -Ricardo Moreno Castillo

“There’s this point that Mike Judge makes in Idiocracy, which is like smart people, you know, should at least sustain their numbers,” Musk said. “Like, if it’s a negative Darwinian vector, then obviously that’s not a good thing. It should be at least neutral. But if each successive generation of smart people has fewer kids, that’s probably bad, too. I mean, Europe, Japan, Russia, China are all headed for demographic implosion. And the fact of the matter is that basically the wealthier—basically wealth, education, and being secular are all indicative of low birth rate. They all correlate with low birth rate. I’m not saying like only smart people should have kids. I’m just saying that smart people should have kids as well. They should at least maintain—at least be a replacement rate. And the fact of the matter is that I notice that a lot of really smart women have zero or one kid. You’re like, ‘Wow, that’s probably not good.’”

Elon Musk: Tesla, SpaceX, and the Quest for a Fantastic Future – Ashlee Vance

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Con Javier Cañones, Pedro Carrillo, Martín Sotelo y Andima Hermisilla en el Mesón Guerrita

En un país en que no existe libertad de expresión, García encuentra un resquicio para criticar al poder. Aunque sea el poder deportivo. Y lo hace con un tono sorprendentemente agresivo. Millones de españoles, hastiados del férreo control informativo que impone la dictadura, desean asomarse a esa rendija cada noche. Por eso, incluso aquellos a los que no les gusta el fútbol esperan con expectación que lleguen las doce: quieren darse la satisfacción de ver cómo le zurra la badana a los de arriba. Es fácil establecer un paralelismo entre los responsables de tal o cual federación o club y las autoridades políticas. De alguna manera, las bofetadas a los mandamases deportivos son bofetadas al régimen. El deporte corrupto y anquilosado es el sistema corrupto y anquilosado. Las incompetencias y las miserias del deporte son la incompetencia y las miserias del Estado.

Buenas noches y saludos cordiales – Vicente Ferrer Molina

Marcelo dio órdenes estrictas de que Arquímedes fuese tomado vivo, pues tenía suficiente caballerosidad como para respetar a un enemigo digno. Pero Arquímedes, sin parar mientes en el saqueo que se estaba llevando a cabo a su alrededor, estaba trazando figuras en la arena, tratando de resolver un problema geométrico (al menos así cuenta la tradición). Un soldado romano le ordenó que fuese con él, a lo que el científico griego respondió imperiosamente: «¡No destruyas mis círculos!», tras lo cual el soldado le mató.

La República Romana -Isaac Asimov

Se oyó un estallido a lo lejos.
—¿Qué ha sido eso?
Y a continuación, la noche, hacia la parte de la ciudad, se encendió en cascadas luminosas, en grandes rosetones de chispas multicolores. Eran los fuegos artificiales de la Semana Grande sobre la bahía. Joxe Mari y Patxo se sentaron a mirarlos desde el borde de la arboleda, y olvidados de su conversación reciente, opinaban sobre cada figura pirotécnica.
—Mira, mira.
—Hostia, qué bonito.
Acabado el espectáculo, volvieron a la oscuridad de los árboles y se echaron a dormir dentro de sus sacos, en la noche veraniega del monte.
Había concierto de grillos. Patxo renegaba:
—Toda esa gente allí abajo, me cago en la puta, de fiesta, haciendo cola en las heladerías y nosotros dando el callo por su liberación. A veces me entran ganas de agarrar el subfusil y, pim, pam, darles un pequeño merecido.

Patria – Fernando Aramburu

Libros quemados en 2016 (I)

diciembre 31, 2016 2 comentarios

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  • Libros leídos por Daniel Carrillo en 2016

Para ver el análisis de años pasados:

Libros quemados en 2015 (I)

Libros quemados en 2014 (I)

Libros quemados en 2013 (I)

Libros quemados en 2012 (I)

El Córdoba de mi abuelo

En 1996 mi abuelo compró el que iba a ser su último coche: un Seat Córdoba blanco. Yo le acompañé al concesionario cuando se lo dieron. En los veranos íbamos al pueblo en él, y allí me pasaba muchas sobremesas de julio metido en el coche, siempre en el asiento del conductor, escuchando la retrasmisión del Tour de Francia. Por aquella época hice este dibujo:

Seat Córdoba

De vuelta en Alcalá, el coche siempre estaba en uno de los sitios de aparcamiento frente al portal de mis abuelos. Cuando unos pocos años después empecé a salir de noche con los amigos, recuerdo que lo veía siempre al volver de fiesta, y muchas noches comentaba que me daba pena que el coche estuviera tan poco utilizado. Cuando me saqué el carnet de conducir empecé a conducirlo, pero muy esporádicamente, tan sólo en los inolvidables viajes mano a mano con mi abuelo para el Domingo de Ramos.

En 2008 terminé la carrera, empecé a trabajar en Madrid y mis abuelos me dieron el coche para que pudiera ir más fácilmente a la oficina. El Córdoba tenía 12 años pero sólo 30.000 Km. El viejo sueño se había cumplido, el coche iba por fin a cabalgar de seguido y yo me iba a sentar en el asiento del conductor para algo más que escuchar la radio.

Uno alcanza con su coche cierta intimidad intransferible. El tacto del volante, la resistencia del pedal de freno, el sonido de los intermitentes, el movimiento de la palanca de cambios. Algunas mañanas hacía el trayecto hacia Madrid con la música apagada, escuchando el sonido del motor y de las ruedas, el golpe del aire contra los cristales.

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Los años fueron pasando y la distancia recorrida iba subiendo, pero el coche seguía funcionando perfectamente. Pasados los 100.000 kilómetros empecé a plantearme la compra de un sustituto más nuevo, confortable, potente y seguro. Pero me costaba mucho decidirme a dar el paso; creo que en ello había cierto sentimiento de lealtad a un coche que nunca nos había fallado, con el que nunca habíamos tenido ningún accidente y al que me unía algo muy especial: la propiedad compartida con mi abuelo.

Finalmente en el verano de 2015 me decidí a cambiarlo. El Córdoba iría al desguace, pero antes quise llevarlo al punto exacto en el que solía estar aparcado durante tantos años, donde yo lo veía al volver con los amigos en tantas noches de juventud. Mi abuelo bajó a despedirse de él y nos hicimos unas fotos.

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Ya no fabrican el Seat Córdoba. Si hubiera que buscar algo parecido, sería el Seat Toledo, el coche nuevo que elegí con una mezcla de pragmatismo y fidelidad. Me gusta mucho esta foto del Toledo en el patio del chalet en Calzada de Valdunciel, con las pinturas que hizo mi abuelo:

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La pasión

Ahora escuchamos constantemente hablar de la pasión: persigue tu pasión, descubre tu pasión, no abandones tu pasión, encontrarás un camino lleno de dificultades, mas podrás sobreponerte a todo si te dedicas a lo que te apasiona.

Sin embargo, a mí lo primero que se me viene a la cabeza cuando me hablan de pasión es un Jesús de Galilea sanguinolento subiendo el Gólgota con una pesada cruz a cuestas.

Pero vayamos a la raíz de la palabra, a ver si así conseguimos aprehenderla. Pasión viene del latín passio, y este a su vez del griego páthos, que es: sufrimiento, especialmente el del ánimo. Acción de padecer es la primera acepción en lengua española.

Es por todo esto que yo no quiero buscar mi pasión. Más bien quisiera dedicar mis horas a algo que me estimule, aportar algo bueno, y ojalá bello, trabajar con gente interesante, visitar lugares inspiradores. Si me permiten la cursilería, diré que moriría tranquilo si consigo dejar una pequeña huella al tratar de crear un mundo mejor del que encontré.

Yo no sé cuál es mi pasión, ni quiero saberlo. Prefiero disfrutar de las vistas de la ascensión, parando a cada trecho a mirar el paisaje y hacerlo libre de coronas con espinas. Y, desde luego, no voy en busca del sufrimiento, especialmente de aquel que no tiene asegurado el triunfo. Al fin y al cabo, la historia del Cristo, al menos en lo meramente humano, no acaba nada bien.

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Publicado originalmente como columna radiofónica en el programa Cualquier Día de RUAH – Radio Universitaria de Alcalá de Henares ruah.es.

Libros quemados en 2015 (I)

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  • Libros leídos por Daniel Carrillo en 2015

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Libros quemados en 2014 (I)

Libros quemados en 2013 (I)

Libros quemados en 2012 (I)

Serie de Autorretratos ¿2002? ¿2003? ¿2004?

febrero 17, 2014 8 comentarios